Aniversario 125 del Manifiesto de Montecristi: Canto a la unidad y la concordia

Aniversario 125 del Manifiesto de Montecristi: Canto a la unidad y la concordia

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A la humilde vivienda habitada por Máximo Gómez en Montecristi, República Dominicana —donde se estableció luego de vagar durante algunos años por varias naciones de nuestro continente, tras la terminación de la Guerra de los Diez Años—, arribó José Martí para, desde ese país, partir a incorporarse a la guerra por él celosamente organizada, la cual había comenzado el 24 de febrero de 1895.

Allí, el 25 de marzo de ese año, Martí y Gómez redactaron y firmaron el documento titulado El Partido Revolucionario Cubano  a Cuba (Manifiesto de Montecristi) dirigido a contrarrestar un plan puesto en práctica por el mando colonial español con la finalidad de confundir a la población y restar de este modo su apoyo a la insurrección, así como a atemorizar a los españoles residentes en Cuba. Ante tal empeño, Martí comprendió la imperiosa necesidad de divulgar la doctrina de la revolución.

Documento de principios desde el primero hasta el último párrafo, en el texto ambos héroes hicieron constar las razones que condujeron a reiniciar la guerra como una nueva etapa de la librada de 1868 a 1878; los objetivos perseguidos con ella y las posibilidades reales de triunfar e instaurar una república democrática.

En él se expone que “(…) Cuba vuelve a la guerra con un pueblo democrático y culto, conocedor de su derecho y del ajeno; o de cultura mucho mayor, en lo más humilde de él, que las masas llaneras o indias con que, a la voz de los héroes primados de la emancipación, se mudaron de hatos en naciones, las silenciosas colonias de América (…)”. Esa afirmación estaba basada en que, para la nueva contienda independentista, los  revolucionarios contaban con las experiencias proporcionadas por la Guerra de los Diez Años y la Guerra Chiquita, exhaustivamente analizadas por Martí con el propósito de evitar la repetición de los errores.

Guerra contra el dominio colonial

En el Manifiesto de Montecristi se ratificaron los objetivos anticolonialistas, y se hizo añicos el argumento del enfrentamiento nacional, al precisar que la guerra se hacía contra el dominio colonial español, no contra los españoles, y definir la política a seguir con estos para atraerlos, al demostrarles el beneficio común que una contienda bélica breve y humana reportaría, tanto para ellos como para los cubanos.

En ese sentido expresaba: “La guerra no es contra el español, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la patria que se ganen, podrá gozar respetado y aún amado, de la libertad, que solo arrollará a los que le salgan, imprevisores, al camino”.

Asimismo, se hacía  un llamado a la concordia al indicar: “No nos maltraten, y no se les maltratará. Respeten, y se les respetará. Al acero responda el acero, y la amistad a la amistad (…)”, y se aseguraba que  la guerra no sería cuna del desorden ni de tiranía, porque quienes la fomentaron declaraban “(…) ante la patria su limpieza de todo odio, su indulgencia fraternal para con los cubanos tímidos o equivocados, su radical respeto al decoro del hombre (…)”.

Por su profundidad de pensamiento, el documento es considerado por no pocos como una lección de alta política, que demuestra  cómo Martí concibió que se debía luchar por la independencia de Cuba, y plantea los valores histórico-sociales, político-ideológicos y ético-morales que deben primar en la conducción de las guerras, extraídos por él mediante el análisis minucioso de los dos intentos precedentes, para que la contienda resultara breve y exitosa.

A los protagonistas de las anteriores luchas independentistas cubanas dedica el Manifiesto merecido homenaje al señalar: “Hoy, al proclamar desde el umbral de la tierra venerada el espíritu y doctrinas que produjeron y alientan la guerra entera y humanitaria en que se une aún más el pueblo de Cuba, invencible e indivisible, séanos lícito invocar, como guía y ayuda de nuestro pueblo, a los magnánimos fundadores, cuya labor renueva el país agradecido, y el honor, que ha de impedir a los cubanos herir, de palabra o de obra, a los que mueren por ellos”.

Acerca del autor

Graduada de Licenciatura en Periodismo, en 1972.
Trabajó en el Centro de Estudios de Historia Militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), en el desaparecido periódico Bastión, y como editora en la Casa Editorial Verde Olivo, ambos también de las FAR. Actualmente se desempeña como reportera en el periódico Trabajadores.
Ha publicado varios libros en calidad de autora y otros como coautora.
Especializada en temas de la historia de Cuba y del movimiento sindical cubano.

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