Con Filo: Higiene en tiempos de coronavirus

Con Filo: Higiene en tiempos de coronavirus

La higienización de las principales urbes y poblados cobra particular importancia en las actuales condiciones en que el país pone en práctica su plan nacional para la prevención y el control del nuevo coronavirus.

 

La importante labor de los trabajadores de comunales para mantener la higiene de la ciudad cada día y cada noche. Foto: Agustín Borrego Torres
La importante labor de los trabajadores de Comunales para mantener la higiene. Foto: Agustín Borrego Torres

Aunque las vías de trasmisión son de persona a persona, cualquier contribución a la limpieza comunal es un apoyo invaluable al plan nacional de prevención y control de esta nueva enfermedad.

Por eso también hay que trabajar duro para que no existan desechos sólidos desperdigados, no solamente en las principales avenidas y calles, sino también en las entrecalles y vías menos transitadas.

La reposición de contenedores de basura viejos y dañados por otros nuevos, la puesta en funcionamiento de camiones colectores más modernos, entre otras medidas que contribuyen a un positivo cambio de imagen en nuestro entorno, tiene que ir acompañada del cuidado de esos medios.

La cuestión está en conservar la limpieza ahora más que nunca, e incluso mejorarla. Porque aunque mucho insistimos en la sociedad cubana sobre la importancia de mantener la higiene en nuestras ciudades, barrios y comunidades, para muchas personas, lamentablemente, los hábitos de limpieza y cuidado del entorno han naufragado en la desidia y el descuido que no pocas veces dejamos que se enseñoreen a nuestro alrededor.

No hay dudas de que mantener la higiene y evitar contribuir con la suciedad y el desorden en nuestras calles y lugares públicos pasa en primer lugar por la educación cívica y constituye una obligación ciudadana.

Pero a todos nos consta que cuando uno está en un lugar pulcro, donde hay orden y sistematicidad en el cuidado de la higiene comunal, la mayoría de las personas tiende a adoptar un comportamiento mucho más correcto.

En la situación que ahora atravesamos resulta todavía más necesario propiciar mecanismos efectivos de organización en los servicios comunales que sirvan para mantener la higiene ambiental de nuestras ciudades y poblados.

Para ello es preciso exigir, controlar y persuadir sobre la urgencia de una mayor conciencia social en relación con la limpieza, tanto entre la ciudadanía como para las instituciones responsables o que comparten los espacios públicos.

Las regulaciones que entraron en vigor este mes en relación con la disciplina en el manejo de los desechos sólidos en la capital del país, son una consecuencia de ese empeño, y es preciso hacer cumplir con rigor su espíritu y letra, aspecto sobre el cual volveremos en otro momento.

Evitar el surgimiento de nuevos microvertederos y la reproducción de algunos que habían existido y luego han sido saneados, es esencial para que nuestras ciudades respiren mejor salud y orden.

Porque en lo que sí estamos de acuerdo la inmensa mayoría, es que la cuestión de la higiene, o mejor dicho, de la mala higiene, es un problema donde casi siempre se mezcla la indisciplina social con la ineficacia administrativa, en una combinación que mucho daño nos puede hacer a la salud humana, pero que también nos afecta la espiritualidad y el disfrute a plenitud de la belleza que rodea nuestras vidas.

Así que mantengamos y reforcemos el espíritu de limpieza a que nos obliga una amenaza como la del nuevo coronavirus, para convertir tales hábitos individuales y colectivos en práctica cotidiana y sistemática. La higiene comunal, nadie lo dude, también es salud y belleza para nuestra ciudad y sus habitantes.

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