Al pan, pan… Buena entrega

Al pan, pan… Buena entrega

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En la telenovela Entrega, que concluyó la pasada semana por Cubavisión, hubo enjundia, polémica, análisis de un contexto… pero también “novelería”.

 

 

El éxito de la propuesta precisamente está en esa capacidad de articular historias atractivas, con muchas peripecias, “enredos”, suspenso, puntos de giro… sin descuidar el “mensaje” social.

Una y otra vez se ha tropezado aquí con la misma piedra: una telenovela puede promover valores, proponer una visión crítica de la historia o la contemporaneidad, ofrecer una crónica interesada y comprometida del momento… pero no puede permitirse ignorar las reglas esenciales del melodrama: esa lucha entre contrarios mueve el “mecanismo”.

Entrega no renunció al esquema: hay personajes positivos y negativos, aunque se rehuyó de los extremos. Y las encrucijadas del amor (y obviamente, el desamor) marcaron buena parte de las tramas.

Al mismo tiempo se pulsaron temas esenciales del debate público de aquí y ahora, que generalmente se insertaron con coherencia en las líneas dramáticas.

Tampoco se renunció a la narrativa de lo inusual, lo extraordinario… algunos se quejaron de la trama policial, con asesino incluido, por considerarla extraña a nuestras circunstancias. Habría que recordar que la telenovela se ocupa de lo posible, no de lo probable.

De cualquier forma, el entramado está tan bien “servido” que se tiende al equilibrio: lo escabroso no es énfasis.

Los núcleos de Entrega están bien conformados y los “puentes” entre unos y otros son funcionales. Los hilos de la telaraña no se enredan, pese a sus muchas ramificaciones.

De cuando en cuando fue notable un tono algo sentencioso; no pocos conflictos fueron presentados y resueltos sin hurgar demasiado en causas primigenias; ciertos enfrentamientos tuvieron una carga simbólica demasiado evidente, aleccionadora… pero no se llegó al panfleto ramplón.

Eso a pesar de que algunos de los temas (la enseñanza en las escuelas, la corrupción) pudieran parecer terreno fértil para el maniqueísmo.

La puesta en pantalla fue correcta, sin particulares subrayados. Notable, eso sí, la selección del reparto y el vuelo de muchas de las interpretaciones.

Hay una nueva generación de actores que destacaron por la naturalidad y la fuerza con que asumieron sus personajes. La feliz confluencia con indiscutibles maestros habló bien del casting y de la dirección actoral.

En resumen, Entrega ha sido una propuesta atendible por sus valores. Y avivó más de un debate necesario en la Cuba contemporánea.

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