Eugenio Hernández Espinosa: «Mi obra es fruto de mis experiencias» (+ Video)

Eugenio Hernández Espinosa: «Mi obra es fruto de mis experiencias» (+ Video)

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“Desde que recibí la noticia de que esta edición de la Feria Internacional del Libro estaría dedicada, junto con Ana Cairo(1), a mi persona, no he podido salir del asombro, de la emoción, del orgullo. Ha sido como un gran premio. Uno está acostumbrado a ser reconocido, y eso también estimula, pero dedicarme un evento tan importante como este es una extraordinaria recompensa”.

 

 

Así dijo el Premio Nacional de Teatro 2005, Eugenio Hernández Espinosa (El Cerro, La Habana, 1936) dramaturgo y escritor a quien está dedicada la 29 Feria del Libro, y quien expresó además, que esta designación constituye para él “un enorme compromiso con mi obra y con el público que me admira”.

Director fundador del grupo Teatro Caribeño de Cuba, El Negro Grande del Teatro Cubano, como lo bautizó el también dramaturgo Alberto Curbelo, declaró a Trabajadores que cuando en 1977 recibió el Premio Casa de las Américas con su obra La Simona (1973), “fue una gran alegría, pues constituyó mi reafirmación como autor. Comencé a sentirme más seguro, ya que sabía que a partir de ese momento tenía que producir una obra de más nivel, de mayor rigor artístico y literario. Aquel lauro también consolidó mi carrera como dramaturgo”.

En su fortalecimiento como teatrista, el también miembro del  Tribunal nacional de evaluación artística y del Grupo de expertos  del Consejo Nacional de las Artes Escénicas (1989), aseguró que “tuvo mucho que ver su designación como director general del grupo Teatro de Arte Popular (1986), el cual radicaba en la sala Verdún y tenía una característica muy especial, pues su fin era el de rescatar la cultura popular que en ese momento estaba muy deprimida y desvalorizada”.

Eugenio recuerda asimismo sus años de trabajo junto al Conjunto Folklórico Nacional, compañía con la que en el año 1982 estrenó Odebí y el cazador (1980), considerada por la crítica una obra mayor, dentro del repertorio de esa compañía.

Con anterioridad, el nombre de esta figura esencial de la dramaturgia iberoamericana había ganado resonancia con el estreno, en 1967, de María Antonia(2), escrita en 1964 —considerada un clásico de las tablas insulares— y estrenada por el Taller Dramático y el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba en 1967, bajo la dirección artística de Roberto Blanco y con música de Leo Brouwer.

En esa década y la siguiente, también fueron llevadas a cartelera, con rotundo éxito, otras creaciones suyas, como Calixta Comité (1969), dirigida por su  autor con  Teatro Arte Popular y estrenada en 1980 en el Festival Internacional  de Teatro de La Habana; y Mi socio Manolo (1971), cuya premier se realizó  en el año1986 por el Teatro Nacional de Cuba, y llevada al cine en 1989, producida por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica Icaic. Ese mismo año se  grabó para el  espacio Teatro de la Televisión Cubana.

Eugenio igualmente formó parte del grupo de noveles creadores reunidos por la editorial El Puente (1961), entre ellos, además,  Rogelio Martínez Furé, Nancy Morejón y Lina de Feria; en tanto su permanencia en el grupo de Teatro Guernica, como jefe de escena, asesor y asistente de dirección, así como su paso por el Conjunto Dramático Nacional, igualmente le posibilitaron consolidar su estirpe de gran dramaturgo y estudioso de las fibras más sólidas de nuestra cubanidad.

Miembro del Consejo nacional de la  Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y director general del Centro Cultural Bertolt Brecht (1995), el también acreedor de la Distinción por la Cultura Nacional (1984) y del Sello conmemorativo Aniversario 60 de la fundación de la CTC señaló que hacia finales de la década de los años 90 del pasado siglo “ya me sentía en condiciones para conformar un grupo de teatro donde pudiera realmente expresarme sin el temor de no tener a los actores idóneos, y poder contar, además, con los correspondientes profesores de danza y de temas sobre la cultura de origen nigeriano, es decir, la Yoruba.

“De tal modo —agregó—, en el año 1990 conformé Teatro Caribeño de Cuba, un espacio importante dentro de esa cultura tan arraigada a nuestras raíces, a través del cual pude comenzar a crear una obra más prolífica, representativa de la realidad político social del país”. Por esa época es también designado como profesor de actuación y dirección del Instituto Superior de Arte (ISA), hoy Universidad de las Artes.

A partir de entonces, el gran dramaturgo dio a conocer varias obras concebidas dentro de la misma cuerda de introspección en la cultura popular y en la marginalidad social como Ochun y las cotorras (1980), Premio Santiago Pita en el Octavo Festival de Teatro de Camagüey, Lagarto Pisabonito (1996), acreedora de los premios al mejor texto y a la mejor actuación masculina en el Primer Festival Internacional del Monólogo efectuado en la University Park Campus (Werttheim Performing Arts Center) de Miami, Florida. Ese mismo año, otra de sus sonadas obras, Alto riesgo (1988), en una nueva versión escénica y artística fue llevada a la sala Covarrubias por los actores Estrella Borbón y Nelson González.

La producción dramatúrgica y literaria de este artista, quien además ha representado a Cuba en otros importantes festivales internacionales de teatro, por su temática, puede clasificarse en dos grupos: las que recrean asuntos relacionados con lo popular, tomando como premisa la marginalidad insular, y las que están inspiradas en la cultura Yoruba, a partir de patakines y relatos tomados de esa mitología, como Obba y Changó (1980) y Obba Yurú (1988). Otras, como EL Venerable (1980), Emelina Cundiamor (1987), Alto Riesgo (1988) y El Elegido (1995), fusionan en sus guiones ambos aspectos, así como el sincretismo entre las religiones católica y Yoruba, como igualmente puede apreciarse en María Antonia y Calixta Comité, entre otras.

Este Artista Emérito de la UNEAC e Hijo Ilustre de La Habana, recuerda con emoción,  entre todas sus puestas en escena realizadas con Teatro Caribeño, su primera producción con ese grupo: El León y la Joya (1991), del nigeriano  Wole Soyinka, Premio Nobel de Literatura, la cual representó a Cuba en los festivales Iberoamericano de Teatro, de Cádiz —donde fue premiada— y en el de Otoño, de Madrid, y resultó elegida entre las mejores puestas en escena de ese año en Cuba.

El León y la Joya me propició cierto bagaje o un mayor sentido de pertenencia, de heredad, en mi interés por afrontar, escribir y llevar a las tablas, con mayor ímpetu, nuestras cimientes culturales de origen nigeriano, dentro de la cual se incluye la santería o religión Yoruba, de gran arraigo popular, la cual había estado muy subestimada por las clases elitistas que gobernaban al país antes del año 1959. Esas minorías determinaban qué se ponía en los espacios teatrales, así como lo que para ellas era culto o no”, expresó.

Seguidamente indicó que “la Revolución Cubana abrió un tremendo trecho al teatro popular, el cual le dio la oportunidad a las gentes de abajo, a los marginados ‘sin historia’, como diría el historiador y demógrafo cubano-francés, Juan Pérez de la Riva, de poder verse realmente representado. En los inicios, yo tenía el temor de no poder reflejar con profundidad lo que me proponía escribir, y en eso me ayudaron mucho los estudios de las obras de Don Fernando Ortiz y Lydia Cabrera, primero, y posteriormente los de Rogelio Martínez Furé, quien fue mi compañero en el Seminario de Dramaturgia impartido en La Habana en los inicios de la Revolución”.

En tal sentido dijo: “para salvaguardar su esencia, nuestra cubanía, no debe adoptar fórmulas susceptibles a esquematizar el pensamiento, como tampoco soslayar o negar los incesantes aportes de otras culturas, tener acceso a la información, rechazar toda intención que se oponga a la diversidad cultural y artística. Se impone, pues, un estudio analítico con relación a nuestra identidad nacional. He tenido el privilegio de cruzar el puente entre el Siglo XX  y el XXI, lo cual me ha permitido pensar que la cubanía es un proceso viviente, dinámico y en constante ebullición”.

Hernández Espinosa trasciende por su labor como director artístico, escritor y por sus  vínculos con el cine y la televisión, principalmente como guionista, al tiempo que ha dejado su huella en el trabajo docente en los talleres de guión en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.

Con cerca de 25 obras publicadas y decenas de representaciones escénicas de sus textos en varias latitudes del mundo, se siente satisfecho por su legado a la cultura cubana. “Mi obra es fruto de las experiencias y vivencias. Sería insensato decir que mis lecturas no han influido poderosamente en mi proyección autoral. También la poesía de los grandes poetas. Cuando estructuro mis personajes debo conocerlos a profundidad. Esbozar su pensamiento, conduce a saber qué lee, que música escucha…”; afirmó.

El igualmente jurado, en distintas ocasiones, del Premio literario Casa de las Américas, de los festivales de Teatro de  Camagüey; Caracol, de cine, radio y televisión; del Monólogo; y del Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, entre otros muchos, por estos días se encuentra inmerso en los preparativos para la reapertura de la sala que acoge a Teatro Caribeño (City Hall, en Ayesterán y San Pablo, Cerro), “a la que solamente le faltan por instalar algunos ventiladores para reiniciar una amplia programación artística y cultural que incluirá, además del teatro, espacios destinados a la música, el cine y las artes plásticas”.

Enhorabuena para el Negro Grande del Teatro  Cubano.

Leopoldo Eugenio Hernández Espinosa ostenta, además, infinidad de premios y reconocimientos, entre ellos: la medalla Alejo Carpentier (1995), el Premio Omar Valdés, máxima distinción de la Asociación de Artistas Escénicos de la Uneac, la placa  Aniversario 45 de los órganos de la Seguridad del Estado, la réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, así como los más importantes reconocimientos de la Cultura en varias provincias del país. Fue electo delegado a diferentes congresos del Instituto Internacional de Teatro, entre otros. Ha representado la cultura cubana en numerosas ocasiones. Su teatro ha sido representado dentro de la Isla y en otros lugares de la región como Martinica-Guadalupe, Venezuela y México. También en varias ciudades de los Estados Unidos, Canadá, Argentina, España y Francia.

 

1-Ana Andrea Cairo Ballester (La Habana, 1949-2019). Premio Nacional de Ciencias Sociales y Doctora en Ciencias Filosóficas. Ensayista, investigadora, historiadora,  profesora universitaria. Falleció repentinamente a los 69 años de edad.

2-María Antonia, pieza cumbre de la dramaturgia de Eugenio Hernández Espinosa. Ha tenido cuatro ediciones en Cuba, y fue incluida en la Antología Cubana de Teatro Contemporáneo. Fue llevada al cine por el ICAIC en 1990 y grabada para el Programa Iberoamérica y su Teatro de la Televisión Española en 1989, en cuya emisión obtuvo un raiting de millón y medio de telespectadores.

 

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