La Guagua: nueva sección interactiva en la edición digital

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Trabajadores prepara una nueva sección en su versión digital que tomará en cuenta las palabras pronunciadas por el Comandante en Jefe en una reunión con el colectivo de la Cooperativa de Ómnibus Aliados en La Habana, el 30 de marzo de 1959.

La sección tendrá por nombre La Guagua, inspirado en las ideas expresadas por Fidel en ese encuentro:

«Ustedes saben que uno de los lugares donde más se discute de política, de revolución, de economía y de todo, es en el ómnibus, ¿no? Es como una plaza pública el ómnibus, es como una mesa redonda; un ómnibus es como una mesa redonda permanente, donde todo el que sube opina. (…) a veces pregunto qué se habla en los ómnibus, para enterarme de cómo andan las cosas.»

La Guagua aspira a ser una plaza pública, una mesa redonda permanente donde los lectores no serán pasivos receptores de mensajes, sino que podrán expresar sus criterios y opiniones sobre un tema o proponer la discusión de algún asunto.

Quien tiene la misión de ser el “chofer” de esta guagua la conducirá con la participación de los lectores mediante los llamados Comentarios Digitales (CD), por lo cual necesitamos un equivalente a la Ley 109 Código de Seguridad Vial. Serán las normas que regirán cómo abordar el ómnibus y debatir los temas y el rumbo.

Proponemos que estas sean las normas y que las definitivas resulten de las propuestas de los lectores, periodistas y por supuesto, de la dirección de Trabajadores:

Consideraremos que cualquiera de los géneros periodísticos con los cuales se trate un asunto, no quedarán completos si carecen de los CD, por lo cual no se pretende que los textos sean concluyentes, sino que se construyan con la participación de todos.

La Guagua no interfiere en Buzón Abierto, sección que tiene el objetivo de tramitar preocupaciones, críticas, quejas o situaciones específicas. Una de las vías para escribir a ese Departamento es el correo electrónico buzon@trabajadores.cu

El Moderador es el encargado de garantizar que no se desvíe el tema principal que se debate, por lo cual habrá CD cuya publicación pueden aplazarse hasta el momento oportuno.

El Moderador decidirá cuándo se harán visibles los CD que cumplan los requisitos para ser publicados.

Los CD no publicados (absolutamente todos) quedarán archivados para usarlos como datos de estudio con vistas a próximos textos periodísticos.

Los lectores que deseen integrarse en comunidad (Comunidad de Comentaristas Digitales) deberán dar sus nombres y cuantos datos consideren necesarios para ser localizados cuando se requiera consultarlos sobre algún tema.

Esa información personal podrán enviarla a través de los propios espacios de los comentarios, y no serán revelados.

Cuando los miembros de la comunidad decidan reunirse en un espacio físico para debatir, lo harán por sus medios y costeando sus gastos.

Estas normas son solo propuestas que esperamos sean enriquecidas con el aporte de todos.

21 comentarios en La Guagua: nueva sección interactiva en la edición digital

  1. Ante todo, mis respetos y saludos para quien creó esta sección tan original y eficiente en el periódico Trabajadores, lo que hace falta es:
    1.- Que se publique tal comentario.
    2.- Que se dé respuesta, dentro de las posibilidades, a todo lo que se publicará en la sección.
    Primeramente, comunicarles, y espero que ella esté de acuerdo, de incluir entre los lectores que deseen integrarse en comunidad (Comunidad de Comentaristas Digitales) a la periodista Elsa Ramos del Periódico Escambray de la Provincia de Sancti-Spíritus, por ser una periodista de talla mayor y querida por todos.
    Mi comentario tiene que ver con los coches de tracción animal que transitan en las calles del Municipio de Cabaiguán, puedo decirles que estos artefactos, que tantas indisciplinas cometen en las calles y llamaría locos o desesperados aquellos que se montan en ellos, porque hay que ser suicidas para montarse en esos carretones, que se pasan los pares, se tiran delante de las bicicletas, motores o lo que sea y lo peor de todo es que no le puedes decir nada porque se creen con la razón y hasta te ofenden, eso sin contar el maltrato a sus caballos, ojalá que aprueben la ley de protección animal en la constitución de la república, además de llenar las vías de orina y defecaciones, de cometer tantas atrocidades en la circulación, y de maltratar a sus caballos, lo peor de todo es que obstaculizan el tránsito por completo con sus indisciplinas, se hacen cumplir algunas leyes y otras no, por lo menos deberían impedirle la circulación por dentro del pueblo principalmente a aquellos coches que no cumplen con las normas establecidas de lo que tienen que llevar, sacos para el estiércol ( el cual botan con virar el saco en cualquier lugar del trayecto), pintados, la escalera por donde va, el freno como está establecido, en fin, y que decir de las herraduras de los caballos con clavos de Tungsteno, última moda de los cocheros, no importa que el animal sufra, lo que importa es que duren más los herrajes. ¿Lo peor? no hay asfalto que resista el paso de esos carruajes, las huellas sobre el vial hablan por sí sola.

    Los coches son una verdadera epidemia de ruido, estiércol y orina a pasos por las calles de nuestro municipio de Cabaiguán, donde se ve muchas personas recogiendo con palas, la loma de ese mal olor que penetra para nuestros hogares, lo que entra para nuestras casas es una epidemia, sin saber qué hace higiene con tal desagravio, realmente existe un cuerpo de inspectores, pero contra este maltrato nunca he visto nada al respecto.
    Espero que este comentario les sirva para algo y que algún día los directivos de este municipio se sumen a la eliminación de esa falta tan grave que es el estiércol de caballo.
    Muchas Gracias.

  2. ¡NO TODO LO LÍCITO ES HONESTO!
    Así sentenciaba el aforismo latino contra las malas prácticas consuetudinarias de la época.
    A la costumbre, como fuente de Derecho, se agarraban los romanos esclavistas, como los curujeyes a las ceibas de nuestros montes, en tan diversas circunstancias sociales como que ofrecían hecatombes (¡matanzas de cien toros!) a Júpiter, agradeciéndole las ansiadas lluvias; o ingerían los novios una torta de harina de trigo, sentados sobre una curtida piel de vaca, en ocasión de constituir determinado régimen económico matrimonial, o las oblaciones destinadas por el padre a la curia rural para legitimar a sus hijos bastardos.
    En nuestro entorno escolar y universitario la costumbre, o mejor, la mala costumbre, de año en año, con la jornada del Educador y el fin de curso, se abre paso desenfrenado como el incendio de un cañaveral cuyas trochas de contención poco pueden hacer para sofocarlo: me refiero a la entrega de regalos a maestros, profesores, tutores, oponentes y miembros de los tribunales académicos por los alumnos, o graduandos o diplomantes, sin distinción de rangos ni de títulos conquistados.
    ¡Y ni qué decir de las suculentas meriendas distribuidas, no solo a los actores del ejercicio docente sino, también, a los espectadores eventuales!
    Supongo que lo acaecido es atávica expresión de los niveles escolares precedentes, donde estas prácticas pomposas y baladíes, y de uno a otro, lamentablemente, son comunes años tras años pero, ahora, exaltadas a un plano superior.
    Cierto es que la voluntad, otra categoría jurídica, del obsequioso o donante, manifestada en el acto mismo de la entrega, aparentemente conjugado su deseo íntimo con su concreción externa, es prueba irrefutable de aquella, pero… ¿quién sabe sobre su quebranto monetario, o de los suyos, en tiempos difíciles, para consumarlo, amén del costo ético para los centros docentes?
    Del otro lado, los agraciados con los bienes suntuarios pretenden asumir una postura de ingenua sorpresa en el instante mismo del ofrecimiento, reprochando, débilmente, el generoso gesto.
    Pero esto no es todo: lo peor son los testigos circunstanciales de los hechos, quienes suelen interpretar lo sucedido con un doble rasero moral cuyo asentimiento vitupera el prestigio de escuelas y centros de estudios.
    El Derecho cubano desconoce la costumbre como fuente, solo obedece a la ley.
    Es preciso entonces, regular con rigor para eliminar, por lo menos públicamente, estas prácticas que, si bien no son ilícitas, tampocoson enaltecedoras de la espiritualidad del magisterio cubano de nuestros días.
    Más vale regalar y aceptar flores en la ocasión, sucedidas de un efusivo apretón de manos o abrazo, recogidos para la posteridad por las cámaras digitales.
    ¡Que la virtud escolar se funda a la lealtad acrisolada del escudo municipal espirituano!
    Arturo Manuel Arias Sánchez

  3. Muy oportuna esta sección, y por venir de un periódico como Trabajadores, tiene que ser absolutamente democrático, está bien debatir sobre temas económicos, laborales, políticos, pero hay muchos más. Mi opinión es que la voz de la mujer cubana en cualquier sentido también tiene que ser escuchada y en ocasiones existen cosas que nos interesan y no son publicadas; ejemplo, por diferentes motivos vemos con preocupación que segmentos de la sociedad nuestra perdió el hábito del buen vestir o del bien comer (no hablo de los alimentos sino de la buena costumbre en la mesa, en ninguna publicación se toca el tema.
    Por otra parte, soy mujer campesina, disto de cientos de Kms. de La Habana, pero mi terruño es parte del país, La Habana es la cara pero no es el país. En la capital se desarrollan concursos internacionales de peluquería, las guajiras no tenemos acceso y por la TV, solo vemos un pequeño comentario, con la moda ocurre igual, tenemos magníficos diseñadores y hasta extranjeros han venido a mostrar su arte, sus desfiles de modas, ¿y las guajiras?, nada, una pequeña noticia en cualquier periódico o en el NTV. ¿Por qué no existe un espacio donde se nos permita disfrutar de todo esto?, hace pocos días me quedé con el deseo de que la TVN, en algún espacio nos mostrara una maravillosa muestra de piezas nacionales históricas importantísimas que se exibían en un museo de la capital. NADA…, hablando con toda honestidad, a pesar de esfuerzos que sabemos, muchas veces la TV se llena de programas que no nos son interesantes, simple apagamos la televisión o… nos dedicamos a buscar el «famoso paquete». No es justo. Somo amas de casa, trabajadoras, jubiladas, pero sobre todo, SOMOS MUJERES y estos temas nos fascinan. Cuba se ha insertado en la internet, ¿por qué tengo que ir a Youtube a buscar videos de eventos que se desarrollan en MI PAÍS y al que no me dan derecho a disfrutar porque soy «del interior»?. Reflexionemos, además de que si analizamos con total honestidad, todos los periódicos con distintos títulos hablan de las mismas noticias y nosotras, que vencemos todas las dificultades, que hemos pasado por de todo, que continuamos con el ánimo de no rendirnos jamás y que así formamos a nuestros hijos, queremos espacios donde podamos «refrescar» y al menos visualizar cosas que nos ayuden a embellecernos un poco la vida. Otra cosa, dejo aquí mi correo, ¿por qué tienen que notificarme a través de este si aprueban mi comentario o no, pienso que todos los temas son importantes, pero… no se puede olvidar que la política es como la medicina, a cucharadas, no se puede tomar todo el frasco de una vez. Gracias.

  4. Propongo un tema que a diario se discute en la guagua y en cualquier lugar. Productividad contra lo que gana el trabajador, que supone el principio de distribución enunciado en la política del PCC, La constitución y el código de trabajo, de cada cual según su capacidad a cada cual según su trabajo. Ejemplifico:Los agentes de telecomunicaciones (trabajadores por cuenta propia contratados por ETECSA) mientras más trabajen son sancionados por la empresa a ganar menos diferenciandolos de los que menos trabajan desde noviembre de 2017, incluso contra lo establecido en los contratos y ante reclamos a la administración y sindicato SILENCO O RESPUESTAS ABSURDAS.

      • Estimado y valiente Arturo, mis felicitación por asumir un gran reto como este. Disculpe pero quiero ampliarle un poco más en el ejemplo que le pongo, es más profundo aún pues imagine que seleccionan los vanguardia del periódico este año y les comunican que ganarán menos el próximo año. Se que no lo entiende y quizás crea que le estoy tomando el pelo. Pues estoy seguro que en los anales de la historia no hay empresa que haya castigado a sus mejores vendedores. TODO LO CONTRARIO. Estoy a su disposición de ofrecer pruebas, datos, etc de esta barbaridad donde cobardemente no ha actuado el sindicato, que conoce del tema, a todos los niveles.
        Soy el secretario del sindicato de los agentes de telecomunicaciones en San Miguel del Padrón y militante del PCC.

  5. Discriminación nuestra de cada día

    La discriminación social en nuestra tierra, cualquiera que fuere el ropaje que vistiera, afortunadamente desde largos años atrás, está proscrita: tres cuerpos legales la acorralan.
    Un mero intento uniformador, que no pretende ser exhaustivo, de las causas que todavía provocan discriminación en Cuba, anatematizadas en los fundamentos legales esbozados (Constitución de la República, Código Penal y Código de Trabajo), a cuya protección tienden, son: raza, sexo, orientación sexual, discapacidades y territorio.
    Mas en el hablar cotidiano del cubano pespuntea, ofensivamente, aquella, cuando se enfila a resaltar orientaciones raciales y sexuales repudiadas por el hablante.
    Cuando algunos de los nuestros articulan sonidos de tal tono (el poeta y ensayista norteamericano Ralph W. Emerson afirmaba que “cuando el hombre abre la boca, se juzga a sí mismo”), amén de obscenos, resultan, por demás, ultrajantes y denigrantes de la condición humana de sus conciudadanos, quienes, por alguna razón u otra, no comulgan en el bando de los ofensores: estos últimos ya podemos sentenciarlos como discriminadores, o mejor, racistas y homofóbicos.
    Frases tales como “quemar petróleo” o “moler caña quemada” apuntan al individuo de raza blanca que muestra predilección por una pareja heterosexual de piel negra; por el contrario, “gustarle el dulce de coco” o “el arroz con leche”, destaca la preferencia sexual del de tez negra por la pálida.
    Dichas expresiones, de rancia prosapia racista, menoscaban el principio constitucional de proscripción de la discriminación por el color de la piel.

    Peor aún en el ámbito doméstico de familias blancas donde, con mucha frecuencia, se hacen escuchar voces paternas conminando a sus hijos a evitar relaciones amorosas con negros o mulatos, so pena del destierro domiciliario, si antes no se propina una golpiza al transgresor; por su parte, en los hogares de familias negras o mulatas, el racismo se solapa tras el “blanqueamiento” logrado por alguno de sus miembros, al unirse a otro de raza blanca, éxito social oportunista.
    En el terreno de la homosexualidad se oyen muy a menudo diversas calificaciones encaminadas a sus practicantes: desde “pajaritos” hasta “invertidos”, pasando por la expresión “el que apunta, banquea” (esta última, corrupción idiomática del vocablo baqueta: vara para limpiar el cañón del arma de fuego, clara alusión al falo) impidiendo el pudor escribir en esta hoja otros gruesos calificativos que ahora mismo pasan por la mente del lector.
    A estos que así se pronuncian, podemos juzgarlos, merecidamente, como homofóbicos.
    Otro rango de discriminadores que se pasean en vías públicas y centros de trabajo, se ensañan con aquellos que padecen discapacidades físicas o mentales (o ambas), a los que, a voz en cuello el profanador les denomina, despreciativamente, exaltando sus defectos corporales o síquicos, como “jorobao”, “pata de palo”, “manco”, “cuatrojos”, “loco”, “mongólico”, “mocho”, “mongo”, “anormal”, …; y, ni qué decir de los que abandonaron su terruño natal y asentados en el nuestro, son calificados, peyorativamente, por aquellos, como “nagüitos”, “pinareños” o “tuneros”, evitando su trato.
    ¡Tantos rostros solapados encarna la discriminación en nuestras ciudades y campos!
    Me afilio al criterio emitido por Albert Einstein cuando, defraudado por acontecimientos de sus días, exclamó:

    ¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.
    Arturo Manuel Arias Sánchez

  6. Aún en los tiempos de la republiquita vasalla y satélite del vecino norteño la » guagua ‘ siempre ha sido la gran tribuna democrática donde la idiosincrasia de nuestra ciudadanía vierte en público sus más ardientes quejas, molestias, fastidios, disgustos domésticos, económicos, políticos ¡ Y hasta estéticos, filosóficos, místicos, ascéticos y artísticos ! Jamás se verán en nuestras
    ´´ guaguas ´´ hociquitos mal humorados, absortos o intranquilos pues el temperamento y sabiduría popular no toleraría semejante alarde y arrogancia.
    ¡ Aquí se puede ser de todo pero ´´ pesado ´´, no lo toleraríamos. ¡ A divertirse de lo lindo escuchando las penalidades del vecino y las nuestras parecerán insulsas y desaboridas ! ¡ VIVA MI DESGRACIA !

  7. Es una exelente idea, es importante también estar al tanto de las famosas «bolas», ellas a veces nos indican lo que está por venir, claro, saber disernir.

  8. Pues que arranque la guagua…pero cuidado al cerrar la puerta, puede atrapar pasajeros que bien vendría subieran a bordo. El chofer debe ser osado, no restringir el acceso sólo a la gente bien vestida de verbos y adjetivos edulcorantes, sino admitir tambien a los que nos vestimos con lo poco que tenemos, pero nunca nos falta la verdad en el atuendo, aunque a veces la opinión es molesta para la tripulación, pero el objetivo es evitar entre todos accidentes en el recorrido de la obra común. .

  9. Otro espacio público forjador de anti-valores espirituales: ¡la terminal de ómnibus!

    Inmueble de rústica arquitectura, levantado en el cuadrante de una encrucijada de carreteras espirituanas, casi centenaria una de ellas, en tanto la otra, con menos de un cuarto de centuria, aligera el rodar de neumáticos sobre aquella; edificio cuyo destino primigenio fue taller de mecánica automotriz, renacido, tras su abandono y reacomodo, en estación de guaguas y camiones; recubierto de recia techumbre en zigzag, remedo gráfico de ondas telúricas o de impulsos bioeléctricos, procedentes de las entrañas de la tierra o del corazón, según se trate de un sismógrafo o de un electrocardiógrafo, a modo de rígidos recordatorios de epicentros y arritmias sociales habidos entre sus concurrentes; de manera habitual o eventual, en oleadas humanas, es visitado día a día, como punto inicial de partida o destino final de aquellas en su trashumar cotidiano, ha devenido así, en excepcional espacio público forjador de valores espirituales (¡en nada trenzados con aquellos que gustan de los llamados góspel y spirituals, canciones con letras cristianas, raíz semántica del segundo entroncado con el gentilicio de los que habitan el entorno citadino que ciñe la terminal!).
    Como hilos comunicantes de la inextricable web, desde sus andenes se despliegan circuitos asfaltados o pavimentados (los menos) que unen la estación con distantes núcleos urbanos; así, uno de estos, parte hacia el sur del territorio y penetra en el emporio turístico bendecido por una tríada de divinidades cristianas, sincretizadas con africanas; otro se hunde en terrenos bajos y de serpenteantes caminos y arroyos que le atraviesan, asociándolo a la existencia de una serpiente en un lugar conocido como Laguna Botijuela; otro corre hacia el norte (del territorio insular, ¡por supuesto!), donde en un batey, el Generalísimo Máximo Gómez izó, en 1898, la bandera cubana, una vez terminada la guerra independentista, menguada por la intervención gringa; otro destino se enclava en el oriente de la estación de guaguas, cuyo topónimo deriva de un ingenio y su río aledaño, ambos traspolados del patronímico de un cacique aborigen local; ahora, otro vaso comunicante se interna en las montañas del suroeste, preñadas de cafetos, hasta un asentamiento poblacional cuyo nombre remeda una cabalgadura, o mejor, una acémila, bestia vigorosa y ágil, de paso firme para subir y bajar cuestas, dado lo abrupto del relieve, conocida como jumento, congénere de aquel fiel amigo de Sancho Panza en sus caballerescas aventuras al lado del Caballero de la Triste Figura, cuadrúpedo cuya especie sirvió de pila bautismal para el sitio, cual fue San Sebastián del Asno; y, finalmente, sendos circuitos que incursionan en otrora asentamientos aborígenes cuyos topónimos se arraigan en voces indígenas para nombrar el lugar, como “tagua” o palma de corojos e “iguana” o tierra de este reptil, ya desaparecido (quizás hoy sustituido por el intruso e indeseable caracol gigante africano).
    Así se interconecta la estación de guaguas, como servidor nutricio, con sus dispersos polos, a lo largo y ancho de los circuitos empalmados en el territorio provinciano.
    Pero comencemos por el principio, con el arribo de viajeros en tránsito hacia sus derroteros viales: una guagua local de manufactura greco-china-antillana, se detiene frente a una de las entradas de la terminal y abre sus puertas, de ellas irrumpe una enardecida multitud que se precipita en su interior, sumando su calor humano al estival imperante en el inmueble.
    En su inaudito afán de alcanzar el recinto, la impetuosa marcha de mujeres y hombres, jóvenes o mayores, recuerda un rebaño de ñus en estampida, escapando de la aridez del desierto africano o de los colmillos de los hambrientos leones, o mejor símil, dado que son potenciales viajeros, provistos de morrales sobre sus espaldas o pechos, y jabas y cajas en brazos, remedan pelotones de soldados británicos con sus bélicas impedimentas, en desenfrenada huida del cerco alemán al puerto de Dunkerque en mayo de 1940; todos tienen en común un objetivo: ser los primeros en lograr refugio en la verde pradera y saciar el hambre y la sed, o en abordar la embarcación que los retorne a la añorada Albión, o… ¡coger un número bajito para subir a la guagua!
    Tanto en los salvajes bóvidos de negras crines yen los derrotados soldados del imperio británico, como entre los paisanos viandantes, prima el valor de la sobrevivencia egocéntrica cotidiana por arriba de todos, o de cualquier cosa.
    Jadeantes, apostados en torno a la taquilla expedidora de tirillas de papel, contentivas de números de orden de abordaje del anhelado vehículo, la taquillera les lanza una mirada escrutadora y, aplicando su desarrollado valor de equidad, comienza a desgajar los números, uno tras otro, y a entregarlos a sus beneficiarios, pero… de pronto, entre los rostros asustadizos, temerosos de recibir un número alto o ninguno, con sus concomitantes daños colaterales, la adusta taquillera descubre una cara muy bien conocida por ella y, dejando a un lado la tira de papel, llena de improvisados números, toma su bolígrafo y empuñándolo, cual si fuera Sor Juana Inés de la Cruz hilvanando rimas poéticas o Madre Teresa de Calcuta, redactando una epístola al Sumo Pontífice de los cristianos, rasga un número propiciador de una subida segura al ómnibus y, con desenfado, lo entrega a la persona elegida, tras un silencioso intercambio de gracias: ¡he aquí, manifiesto, el valor de la solidaridad y de los buenos modales!
    Pero así no terminan las cosas: súbitamente, un largo brazo se extiende por sobre las cabezas apiñadas en torno al cristal del mostrador, penetra en el santuario de la expedidora mediante la abertura del sílice que permite el juego de manos entre aquella y el suplicante de números, y, con su puño cerrado, en gracioso gesto articular de su muñeca, cual si fuera el otrora jugador de baloncesto Michael Jordan o el asombroso Lebrón James, en una espectacular clavada a la canasta, arroja un billete de curso nacional, muy bien doblado varias veces en pos de su disimulo dinerario, a la expedidora, la que con una sonrisa sardónica, beneficia al astro jugador de la NBA, con un número fabuloso.
    Hete en el caso los pares de valores concretados: ¡el regalo de quien tiene mucho y da, y la solidaridad que, como contrapartida, rinde el beneficiado!
    Estoy seguro que las dádivas (¡he aquí el valor de compartir lo que se tiene con los menesterosos!), amén de ser en moneda nacional, no sobrepasan los tres o cinco pesos, a fin de combatir el exceso de liquidez monetaria.
    La masa de viajeros, con números altos o bajos, o adulterados con rasgos de hábil falsificador, o sin ninguno, trémula, se encamina hacia la puerta que será abierta en algún momento y decidirá la suerte final del impaciente viajero.
    ¡Llegó el momento crucial e incierto de la subida al ómnibus!
    El altavoz del recinto de tránsito ha anunciado la partida hacia el destino añorado, la tierra prometida; no hacía falta su advertencia; desde mucho antes, todos los presuntos viajeros, a pesar del agobio estival, nerviosos e impacientes, estaban de pie, agolpados en la puerta, en impenetrable, compacta cuña, números de papel en ristre, vociferando, mirando aquí, allá y acullá, mascullando que ya varios intrusos han abordado el vehículo mediante una puerta aneja, y todavía faltan los autorizados, vale decir, los empleados, sus familiares, las mujeres embarazadas o con niños de brazos, los impedidos físicos, … ¡enfática manifestación del valor de la solidaridad humana!
    Al fin, con voz estentórea (¡nótese, una vez más la presencia de la cultura griega en este entorno!), el heraldo anunciador, un coloso de ébano, comienza a llamar a los pasajeros por el orden asignado con los números entregados; revisa los primeros y, luego, aburrido, pasan todos los que aguardan, apiñándose, vociferantes y amenazantes y … ¡estalla la trifulca entre el heraldo y los súbditos enardecidos!
    La riña, casi tumultuaria por el número de intervinientes que socorren a uno y otros contendientes, solo logra ser sofocada con la intervención de agentes del orden público, inspirados en el valor de observancia de las buenas costumbres ciudadanas.
    Al fin, la guagua se pone en marcha y parte hacia su destino en el circuito correspondiente; en el vehículo, hacinado de viandantes, para sosegar las pasiones desatadas, atemperar los exaltados ánimos, a manera de terapia musical, el chofer prende sus bocinas y regala a los viajeros un reguetón de los más vulgares que encuentra grata aquiescencia en muchos: cumple así el conductor con el valor de defensa de la cultura nacional.
    En lo alto del Monte Olimpo, Zeus estaba sumido en profundas reflexiones.
    Había observado con todo detenimiento lo sucedido en la estación de ómnibus; perplejo estaba con el patronímico con que habían bautizado a los vehículos que intentaban abordar los paisanos de esos territorios y de los ardides de los que se valían para lograr sus propósitos; admitía, sin embargo, como punitivo sarcasmo por sus frecuentes metamorfosis, ora como toro, ora como cisne, para seducir mujeres, que el nombre de su hija, concebida en sus actos concupiscentes con Leto, circulara de boca en boca en personas que lo maldecían por sus reiterados incumplimientos en el transporte de pasajeros.
    No menos despreciable resultaba, sostenía la deidad olímpica, la sustracción de la voz de Esténtor, el héroe cuyo vozarrón atemorizada a las huestes de Príamo, parapetadas tras los muros de Troya, cuando llamaba a sus guerreros al asalto de la fortaleza teucra, don usurpado por un vulgar heraldo terrenal para simular y mentir.
    Casi quedaba dormido cuando al pensar en la paideia, método educativo griego enderezado a inculcar entre los jóvenes aqueos altos valores morales, le sobrevino a su omnisciente intelecto otra escena del mismo tenor, en el mismo lugar, salvo que esta vez se trataba de un abordaje del vientre de su hija, permitido por la ausencia de heraldos anunciadores y la cólera de viandantes que, exasperados por la prolongada espera, empujándose unos a otros, intentaban partir hacia la turística villa sureña del territorio; molesto con lo sucedido, Zeus relató los pormenores a su hermano Poseidón.
    El dios de los mares sonrió al escuchar a su todopoderoso hermano.

    Arturo Manuel Arias Sánchez

  10. Espacio público forjador de anti-valores espirituales: ¡la guagua!
    Despiadado para con su inerte hermana artemiseña, Apolo disparaba sus caniculares rayos sobre aquella mientras el abultado vientre de su divina fraterna se cargaba cada vez más de pasajeros; con celosa mirada, el conductor escrutaba las monedas y billetes que los viandantes, al trepar la escalerilla, depositaban en sus manos, a manera de tributo de peaje y, ante el inquisitivo gesto de algunos de ellos, en clara y silente súplica de devolución del exceso pagado, el chofer exclamó, mientras introducía en la alcancía lo recaudado, con tono firme y perentorio: ¡Aquí no se dan vueltos! (en justa respuesta para salvaguardar la honra del obligatorio pago social, en observancia del valor de la buena fe del obligado a solventar los deberes dinerarios y del agente público a exigirlos).
    Luego, con estentórea voz dijo: ¡Hasta ese, que el carro está lleno!, en estricto respeto debido al sentimiento que experimentaba delvalor de conservación de los bienes de propiedad social.
    Los pasajeros, cuales si fuesen sardinas (¡sardinas!) en latas, pero con la notable diferencia de que aquellos iban apretujados, de pie, en tanto que estas, muertas y cocidas, van placenteras en posición decúbito supino, vale decir,acostadas, embadurnadas en aceite o en puré de tomates;aquellos sudaban a mares como remedo semita en claustrofóbicos vagones ferroviarios destinados a Birkenau, lugar donde, según un letrero que todavía cuelga, el trabajo libera, pero sin un empresario apellidado Schindler que regara agua con mangueras al ingenio rodante, a modo de atenuación del sofocante calor de la guagua que ahora, al fin, rompiendo su inercia estacionaria, echaba a andar y refrescaba el ambiente intravehicular.
    El estremecimiento inicial del vehículo contribuyó alacomodo alicatadode cuerpos humanos, cual siladrillos fueren, entre sus viandantes, los queexperimentaron cierto confort itinerante, a pesar de apretadas posiciones anatómicas espaldas-espaldas, hombros-hombros, vientres-vientres (la preferida en parejas, sin distinción de sexos) o, menos frecuentes,vientres-espaldas, descritas todas por Esculapio, antiguo anatomista heleno, y, a poco de ganar en marcha, el chofer la detuvo y, rindiendo voto al valor de la solidaridad, abrió la portezuela y accedió a que tres viajeros fuera de base, digo, fuera de parada, abordaran el congestionado vientre de Diana, la hermana de Apolo, oriunda de un lugar cuyo toponímico es de origen siboney.
    Algunos de los pasajeros, irreverentes con el humanitario gesto, se atrevieron a denostar contra la buena acción del chofer y, este, cual cura en dominical sermón, surgido de lo más profundo de su litúrgico, noble y abiertocorazón, les espetó a los impíos viandantes, como autoridad investida de poder pontifical, posición y posesión del volante, en atinadosursum corda eucarístico, la lapidaria locución: ¡Son empleados!
    Tal paradigmática frase sofocó los intentos sediciosos de los inconformes, aunque otros, cabizbajos, continuaron mascullando su oposición.
    Así las cosas, el viaje continuó a buena velocidad, en tanto los pasajeros, cada quien, a su estilo de vida y grado de cultura, decidió dedicarse a lo suyo, en acatamiento del principio de respeto a la identidad personal.
    Así, una pareja de viandantes, cómodamente sentados, iniciaron una altisonante charla sobre las infidelidades adulterinas del cónyuge de uno de ellos, amena plática que devino de sumo interés para los que podían escucharla, atentos a sus pormenores, acciones emprendidas para su pública revelación y pasos legales para su consunción conyugal.
    Aquí los oidores circundantes calibraron el valor de no ocultar o mentir sobre conductas personales, y su ofrecimiento a la picota pública, sin recelo alguno para con la veracidad.
    Varios pasajeros, arrellanados en sus asientos al margen de los desafortunados de a pie, desenfundaron sus adminículos electrónicos, bloquearon sus orificios auditivos con apéndices tentaculares(imitando así al Capitán del Holandés Errante, Davy Jones, el archienemigo del Capitán Jack Sparrow) enraizados en aquellos, y se sumieron en profundas reflexiones y escuchas, inaudibles para el resto de los viandantes, pero estos, a modo de contrapelo y de dádiva oficiosa del transportista, no pudieron escapar de la trepidante música que les ofrecía el chofer-cura o cura-chofer, cuyas notas más se acercaban por sus estridencias al hades o infierno de Plutón, logrando ahuyentar a su cancerbero,que al cielo olímpico de Zeus con sus musas y liras; al luciferino concierto se le sumó el portador de una mochila reproductora, cuyos altisonantes decibeles contribuyeron a atronar el divino vientre de la hija de Zeus; tanto fue el alboroto que, desde lo alto del Monte Olimpo, el todopoderoso Padre de los Dioses se dignó a echarle una mirada a su bulliciosa hija, apiadándose de ella, en medio de tanto adelanto tecnológico.
    En las situaciones anteriores se aquilata sobremanera el valor humano de respeto al otro en sus preferencias culturales identitarias, amén del límpido preservar del paisaje sonoro.
    Uno de los afortunados sentados, un joven barbado y de corte de pelo en copete mesopotámico, de soslayo miraba, de vez en vez, tras sus oscuras gafas, a un anciano que se aferraba con vigor a la barra de sostén de los pasajeros; estaba tentado de levantarse y ofrecerle su asiento, pero…recordaba haber leído en un artículo científico que a las personas de la tercera edad les resultaba saludable viajar de pie, en razón del poco ejercicio físico que realizaban diariamente y, de tal suerte, con los tirones y giros bruscos del vehículo, el viejo pondría en movimiento su decrépito sistema osteo-mio-articular;sopesando costo y beneficio en el asunto, abandonó la peregrina idea y se puso a teclear un mensaje en su celular (aquí el ilustrado joven observó el valor del derecho de toda persona a las prácticas deportivas en beneficio de su salud).
    Si antes pudimos escuchar el multivalenteentorno acústico de los pasajeros, es momento de ponderar el olfativo; en él, sus membranas pituitarias olfativas, podían percibir, de acuerdo con la posición ocupada en el interior del ómnibus, ora de pie, ora sentado, una policromía odorífica cuyo espectro, con amplio diapasón, oscilaba desde el vaho con aliento de hiena hambrienta y su concomitante halitosis, hasta el rancio olor a grajo (¡no del ave sino del sobaco!)despedido por sudorosas, lampiñas o velludas, axilas, pasando por algún que otro pedo escapado, silenciosamente o con estrépito, sin recato alguno, de un esfínteranal, tan letal como los gases utilizados en la guerra química desatadaentre los contendientes de la Primera Guerra Mundial.
    De tal suerte, se da rienda libre a las exultantes características biológicas de los ciudadanos, imposibles de reprimir o simular, execrable condición humana.
    Pero en otro sector de la guagua, una joven intelectualidad cultivada en las artes plásticas, integrada poruna pareja heterosexual, disipaba los sinsabores del viaje (a pesar de ocupar sendos asientos ventilados, opuestos al inclemente Apolo) en el ejercicio de sus habilidades manuales; él, continuador de la obra pictórica de Domenikos Theotokopoulos, más conocido como El Greco , se entretenía en grabar indescifrables jeroglíficos, a la manera de los hallados en las cumbres andinas de Nazca, o quizás, remedos de la pintura rupestre de Altamira, Lascaux y Montignac, arcaicos trazos que superaban con creces los que El Grieguito (se desconoce su fecha de nacimiento pero es muy joven) plasmaba en la parte trasera del asiento delantero del suyo; en tanto que ella, ni corta ni perezosa, en el ejercicio de la igualdad de géneros, con suma destreza, esgrimía un afilado bisturí e, inspirada en la mitología griega, bajo el hálito divino de Afrodita y Eros, trazaba músculos cardíacos que se entrelazaban con flechas disparadas por aquellas deidades.
    En otro de los asientos ocupados, su dueño, de cuando en cuando, empinaba el codo, ofreciendo así sus libaciones en honor a Dionisos, el Baco romano, a quien rindió entrañable y sentido culto a lo largo de toda la travesía terrestre; cada vez que llevaba un trago al gaznate, como convencido cultor de los tatuajes, su antebrazo exhibía un pellejo de vino y un grumo de uvas, refinada imagen de su afición dipsomaníaca.
    ¡Nos abruma tanto respeto al valor cultural heleno, cuyas manifiestas conquistas ocupaban asientos en la guagua, como sana asimilación de lo mejor de la cultura universal, incorporado al acervo nacional!
    En el ínterin, una gestante y un impedido físico, olvidados de sus derechos preferenciales para sentarse, remarcados con sugerentes pegatinas simuladoras de vientres grávidos y sillas de ruedas, pegadas sobre la pared de la guagua, por ellos mismos y auxiliados por no más de uno, exigieron sus asientos de privilegio; todos los sentados se miraban unos a otros, indecisos, los de atrás con insinuantes miradas acusaban a los que ocupaban los primeros asientos pero no ofrecían los suyos, salvaguardados por la ausencia de pegatinas; los primeros, con extrañeza, se interrogaban unos a otros; al fin, dubitativos, se levantó uno, luego otro, y así, los necesitados, con satisfacción, asentaron sus glúteos sobre el duro material plástico.
    En el caso reseñado, fueron protegidos los valores de defensa a ultranza de los derechos universales de los desvalidos.
    Pero toca la ocasión ahora a un heleno-antillano, uno de los tres “empleados”, atleta de color de ébano y notable corpulencia(no sé si oriundo de Ítaca, Lesbos o Atenas, o de Guanabacoa, La Yaya o Pitajones) cuyo físico y temperamento le habían permitido atravesar la barrera humana de la guagua, decidido, abriéndose paso a codazos y empujones entre los hacinados pasajeros del pasillo, sin pedir permiso, fue a situarse detrás de una escultórica mulata, digna émula de Cecilia Valdés, la de la Loma del Ángel; el atleta, suspendido por el viaje su cotidiano entrenamiento,colocado justamente detrás de la bella, al mirar su exquisito talle, enfundado en jeans que contorneaban sus afrodisíacas piernas, acercó en demasía su pelvis a los prominentes glúteos de la joven, y comohabía olvidado ejecutar la cinodesma aquea, en razón del viaje,el vaivén de la guagua provocaba sensuales movimientos en las caderas de la mulata, y consecuentemente, traspolados a la virilidad del joven, sobrevino la erección de su falo y, excitado en grado sumo, tomó con sus manos el magnífico talle y lo atrajo hacia su ser; de inmediato, Cecilia le puso cara al acosador lascivo estampándole en la suya un estruendosogalletazo que atrajo la atención de todos los viajeros, e iba a propinarle un segundo y otro tercero, cuando el acosador se escurrió entre los viandantes que se arracimaban en el ómnibus.
    El chofer-cura, el de abigarrado sursum corda, observando la escena en desarrollo mediante su espejo retrovisor, detuvo con un frenazo la marcha del vehículo, abrió la puerta trasera y permitió la fuga del ofensor: ¡hete aquí, una vez más, la solidaridad reinante entre el conductor vial y sus pasajeros!
    Ya se barruntaba que el trepidante viaje estaba por concluir cuando uno de los de abordo gritó descompasadamente: ¡Me robaron el celular!
    Entonces, como celoso guardián del orden público, el chofer, devenido ahora en instructor policiaco, enrumbó la guagua a la cercana estación de Policía.
    Ya en los predios de la unidad policíaca, el perjudicado formuló la denuncia y describió los pormenores de su teléfono móvil, en tanto que los restantespasajeros, bajando uno tras otro, fueron registrados minuciosamente, y nada comprometedor hallado en ellos, salvo en uno, cuyo rostro transparentaba nerviosismo: le ocuparon una abundante masar muscular, mutilada de los cuartos traseros de un equino; de inmediato fue sometido a un interrogatorio, requisada la carne roja hípica y dispuesta su detención provisional.
    El último en descender de la guagua y brindar declaración fue el chofer(cual capitán de buque que naufraga, como el del míticoTitanic,Edward John Smith, que prefirió hundirse con su nave antes que abandonarla), quien, con pisada firme y tono convincente, explicó a las autoridades policiales los incidentes menores que acaecieron en su ruta habitual, vehículo a su mando donde siempre los valores ciudadanos son observados a requerimientos suyos; negó conocer al traficante de carne de ganado mayor (era otro de los tres “empleados” subidos a bordo fuera de parada).
    Ya abandonaban la unidad policial y pisaban el umbral de la puerta delantera de la guagua su conductor y el resto de los pasajeros, cuando un zumbido se hizo escuchar bajo uno de los asientos del ómnibus: era el celular extraviado, nunca sustraído a bordo de la digna guagua o, muy probablemente, arrojado por el desconocido autor de la fechoría, sinceramente arrepentido de su avieso hacer, gracias a su sólida educación cívica.
    Desde lo alto del Monte Olimpo, Zeus, acompañado de su esposa Leto y sus amados hijos Apolo y Diana, en compañía de Afrodita, Dionisos y Eros, habían tirado de los hilos conductores de los humanos, sempiternas marionetas de aquellos.
    Confesó a sus pares que el incidente del hallazgo de la carne de equino en el vientre de su amada hija, había sidoun ardid suyo, en su insaciable venganza contra Ixión, el padre de los centauros, cuando aquel había intentado seducir a su esposa, castigo cuya ejecución en los tiempos actuales corría por cuenta de estos mortales que, a sabiendas de las sanciones penales en que podían incurrir, seguían acatando sus dictados,salvo que la matanza recaía ahora en equinos y no en centauros, ya extintos; en cuanto al artefacto del móvil o celular, nada tuvo que ver su voluntad divina en el hecho de la frustrada sustracción, solo reprochaba que tan útil ingenio humano solo sirviera para banalidades egocéntricas y narcisistas de sus posesos titulares.

    Arturo Manuel Arias Sánchez

  11. Me parece excelente pagina. Espero que cumpla su objetivo de analisis y reflexion a que nos convoca. Con ese espiritu costructivo he aquí mi propuesta de tema:

    Pensar país» no son sólo las plausibles y estimulantes obras monumentales, ni las acciones épicas, no es el confort y placentero Varadero u otro similar, ni es suficiente el disfrute de una visita a centros culturales, comerciales o recreativos emblemáticos creados o recuperados. Debemos pensar ya en exigirnos lo más sencillo, cercano y cotidiano en hacernos y disfrutar un barrio tranquilo, limpio; en vivir su modestia sin consternaciones ante tanta proeza y grandeza. Ante ellas cuan inverosimil se torna ver en Arroyo Naranjo en uno de sus barrios, «Parcelación Modernapara» para nosotros sus moradores lo mas cercano, la imagen nada agradable de pasar frente a tres de sus cuatro esquinas con un «megabasurero» en cada una de ellas (uno cercano al médico de la familia, otro frente a un frigorífico y el tercero frente a edificios de bajo costo y viviendas de vecino) ; pienso en que en esa misma manzana tenga además en una de sus calles dos salideros de agua potable, ambos sin metros contadores. Ni siquiera existe uno para cobrar el daño causado por camiones pesados que entran y salen al frigorifico; pienso en la paradoja que una autoridad local, la misma que cobra el agua a domicilios por el metraje de relojes no pueda cobrar al causante del derrame de esa agua, tengo la certeza de que no es el frigorífico quien pagará por el agua perdida. Sea por la falta de metro contador, sea debido a que la funcionaria no tiene facultades sobre esa empresa de categoria supraterritorial; paradoja es que tampoco le competa a esa empresa la reparación de las vías de acceso a sus almacenes y sus instalaciones tanto hidraulicas como sanitarias , todas en una u otra vía dañadas por la misma causa . Es una contradicción cuando sabemos que en el mismo reparto prácticamente a pocas cuadras exista una única vía transitable la que sale de los talleres y almacenes de otra empresa que en su salida entroca con la calzada de Managua, ejemplo de una empresas también supraterritoriales que sí se ocupa por su entorno.
    Pienso en mi país, en su capacidad de facilitar en el barrio la posibilidad de adquirir sin alaracos lo mínimo indispensable para recuperar la energia más valiosa y creativa de todas las que mueven la gran obra de la Revolución: la «energía humana», aunque a veces también esta energia es la menos contabilizada de todas las que se mencionan y que nos hace recordar una vez más a Fidel cuando lo hacia en calorias. Es precisamente los detalles y preocupacion por las cosas mas pequeñas que nos lego nuestro lider eterno, lo que nos hace ser optimistas y confiados en que ese país que pensamos está cada vez más cercano.
    Gracias; digo que por sobre todas las cosas vivimos orgulloso de nuestro Fidel, grandeza que de seguro no hemos alcanzado ninguno de los que vivimos en nuestro barrio de Parcelación Moderna, aunque nos cancemos de repetir que somos como él, o que seamos tan arriesgado de afirmar que ya somos él mismo.

  12. Muy buena esta página digital.Es cierto,como dijo nuestro Comandante,la guagua es una mesa redonda…Pero muchas de las cosas q se dicen en una guagua,son «bolas» nada es cierto,o lo dicen mal.La mejor guagua es las noticias a través de medio de difusión que t orienten,y uno de ellos es el NTV.

    • Puede haber «bolas» a bordo de las guaguas, pero tanto allí como en este espacio digital debemos de desbaratarlas entre todos. Le agradezco su comentario digital.

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