Fidel Castro, un referente para el mundo

Fidel Castro, un referente para el mundo

A tres años del fallecimiento de Fidel Castro, el académico y ensayista francés Salim Lamrani lo recuerda como un líder que cambió el destino de un pueblo oprimido y ayudó a forjar el de otros geográficamente lejanos.
Foto: Telesur
En una reflexión sobre el legado del estadista y líder histórico de la Revolución cubana, el intelectual destaca su figura como ‘arquitecto de la soberanía nacional’ y ‘hombre de la dignidad’.

Fidel Castro (1926-2016) reivindicó armas en mano el derecho inalienable de su pueblo a la autodeterminación, rompiendo las cadenas hegemónicas de Estados Unidos y haciendo de una pequeña isla del Caribe una potencia moral admirada y respetada por los países del Sur, por su voluntad indefectible de elegir su propio camino, precisa en el texto publicado en medios de prensa.

Lamrani señala que los logros de Cuba bajo la Revolución, entre estos el acceso universal a la salud, la educación y la cultura, se han alcanzado pese a un despiadado bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington durante más de medio siglo.

Por eso el hombre que quedará en la historia como héroe de los desheredados también se convirtió en el símbolo de la resistencia a la opresión y en la esperanza de los humillados a una vida decente, celebrado por su coraje constante frente a la adversidad y su fidelidad a los principios, subraya.

De acuerdo con el profesor de la Universidad de La Réunion, ubicada en ese departamento francés de ultramar, igual de meritoria es la vocación internacionalista y solidaria promovida por Fidel Castro en tan difíciles circunstancias.

‘El inolvidable Nelson Mandela sintetizaría esta solidaridad sin fallas de los cubanos en una reflexión: ¿Qué otro país podría pretender más altruismo que el que Cuba aplicó en sus relaciones con África?’, añade.

Para el académico francés, la historia rendirá al estadista el homenaje que merecen los grandes hombres que se indignaron contra las injusticias y lucharon sin tregua por defender la suerte de los humildes.

Fidel en la ONU

Los discursos del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro (1926-2016), en la sede de la ONU en Nueva York aún trascienden y son referente para los países que defienden ideologías progresistas o de izquierda.

 

 

Foto: PL

En esta fecha, al conmemorarse el tercer aniversario de su fallecimiento, la misión de Cuba ante Naciones Unidas rinde tributo a su legado y recuerdan su paso por el organismo multilateral.

Hace 59 años, el entonces primer ministro de la isla habló por primera vez ante la Asamblea General y su discurso, de casi cinco horas, aparece entre los más largos pronunciados en la ONU.

También es uno de los más críticos y duros en contra de la filosofía de la guerra y el despojo.

El 26 de septiembre de 1960, el líder cubano llegó a la Asamblea General y ocupó durante casi cinco horas la atención del foro.

La denuncia de numerosas acciones del Gobierno de Estados Unidos contra la Revolución cubana y del uso de la fuerza a través de la creciente carrera armamentista fueron los argumentos centrales de esa alocución, que provocó repetidas ovaciones y aplausos.

Fidel había llegado el 19 de septiembre de 1960 a la ciudad de Nueva York, luego del triunfo de la Revolución en esa isla caribeña, en enero de 1959.

En las esferas de poder estadounidense la animosidad contra la naciente Revolución cubana había aumentado. Incluso, el líder denunció un trato vejaminoso en el hotel Shelburne y decidió alojarse junto a su delegación en el hotel Theresa, situado en uno de los barrios pobres de Nueva York: Harlem.

Las autoridades norteamericanas lo excluían de reuniones y encuentros oficiales, pero en los habitantes de Harlem -afroamericanos en su mayoría- Fidel encontró apoyo, admiración y una cálida acogida.

En el hotel Theresa, que cerró en 1967 y alberga ahora oficinas, recibió al defensor de los derechos civiles Malcolm X, se encontró por primera vez con el líder soviético Nikita Jruschov, y tuvo reuniones con el presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser, y el primer ministro indio, Jawaharlal Nehru.

Manifestaciones espontáneas surgían bajo el balcón de su habitación, donde colgó una bandera cubana y habló en una ocasión a miles de simpatizantes de la Revolución.

Por otra parte, lo rodearon la provocación y algunos disturbios ocasionados por pequeños grupos contrarios al proceso de cambio que comenzaba en la isla.

Cuando fue excluido del almuerzo que el presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, organizaba para los líderes latinoamericanos que participaban en la Asamblea General de la ONU, el dirigente cubano organizó una reunión alternativa en la cafetería del hotel Theresa para una docena de empleados negros del lugar.

La hostilidad de las autoridades norteamericanas hacia la delegación cubana se mantuvo hasta el último momento, cuando confiscaron la aeronave en que debía regresar Fidel a La Habana y Nikita Jruschov ofreció un avión.

En enero de 1961, la administración de Eisenhower cortó relaciones diplomáticas con Cuba y en abril de ese mismo año, poco tiempo después de asumir como mandatario, John F. Kennedy ordenó la invasión de Bahía de Cochinos. La tentativa terminó en fiasco y resultó para la isla caribeña en la victoria de Playa Girón.

De 1961 a 1963, el Gobierno norteamericano recrudeció sus sanciones y medidas coercitivas unilaterales contra Cuba y comenzó un bloqueo económico, comercial y financiero que se mantiene hasta la actualidad como el más injusto, severo y prolongado que se aplica contra país alguno.

 

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