República Popular China: De “gigante dormido” a referente global

República Popular China: De “gigante dormido” a referente global

Quienes creen en la fuerza creadora del hombre y en su sensatez y apego el entendimiento y la cooperación, deben sin dudas felicitarse por la celebración, este primero de octubre, del aniversario setenta de la fundación de la República Popular China.

 

Cuba fuenel primer país de América Latina que reconoció oficialmente a las legítimas autoridades de la gran nación. (Ladyrene Pérez / Cubadebate)

En 1949, a cuatro años del fin de la Segunda Guerra Mundial, y luego de una exitosa campaña militar de liberación, Mao Tse Tung proclamó en la histórica Plaza Tiananmen el nacimiento del estado socialista que hoy, luego de un duro camino, se constituye como un referente mundial de primer orden.

Para esta ocasión, Beijing se ha convertido en el escenario de un grandioso desfile militar ejecutado por el mejor y más preparado ejército en la historia del país, transformado en nuestra época en un fuerte garante de la integridad y la independencia chinas, y en factor de extrema incidencia en la balanza geoestratégica global.

Pero sin dudas, la celebración tiene especial pivote en la tremenda transformación económica del gigante asiático, capaz de disputarle con extrema amplitud y solidez las primeras plazas productivas y comerciales al universo capitalista liderado por los Estados Unidos, y sobre bases políticas ligadas a una concepción y trazado socialistas con características  propias.

Un acelerado desarrollo de orden multifacético que hace de la nación una emergente potencia de primer orden, y que tiene poderoso impacto en la calidad de vida del pueblo chino y en sus cada vez más amplios intercambios con otros muchos países del orbe.

Por demás, China es de los antagonistas fundamentales de aquellos que pretenden acaparar espacios a viva fuerza e imposición.

Así, Beijing se caracteriza por el ejercicio de una política exterior justa, solidaria, cooperadora, sensata y respetuosa de los demás, no importan su dimensión geográfica ni sus escasos recursos, a la vez que opuesta a toda práctica que desdeñe los derechos y aspiraciones ajenos.

Constituye además uno de los decisivos oponentes al absolutismo, el inmovilismo y el hegemonismo que han cobrado especial preponderancia en estos últimos años entre los sectores norteamericanos más recalcitrantes, lo que concita la especial ojeriza de tales segmentos, que la identifican como un contrario que de manera ineludible debe ser “anulado y sacado del medio.”

Y justo a setenta años de su existencia, la República Popular China ha sido empujada por un Washington obseso y prepotente a una ilógica  guerra económica que sin dudas podría acarrear pérdidas más determinantes para el agresor que para el agredido; enfrenta los intentos gringos de cerco militar a lo largo y ancho de sus extensas fronteras; y resiste la labor subversiva e injerencista que pretende desmoronar la integridad nacional del gigante asiático con episodios como los de las últimas semanas en Hong Kong, espacio cercenado en siglos pasados por el colonialismo británico, y recolocado en la geografía patria por intermedio de la sabia máxima política de “un país, dos sistemas.”

No obstante (lo decíamos en el párrafo inicial) quienes confían en la experiencia, la agudeza, la inteligencia, el tesón y la firmeza de la China de hoy, conocen bien que tales escollos no son, no han sido, ni serán un muro lo suficientemente alto como para frenar u opacar el papel que ostenta la RPCH en el concierto mundial.

Lo sabemos especialmente los cubanos, el primer país de América Latina que reconoció oficialmente a las legítimas autoridades de la gran nación (septiembre de 1960) cuando todavía las potencias imperialistas les negaban incluso el legítimo puesto en la ONU al privilegiar al régimen derechista confinado a la isla de Taiwán por encima del Estado continental y de la inmensa mayoría del pueblo chino. Un absurdo político a la que la comunidad mundial pondría punto final en 1971.

Vínculos mutuos que a casi seis décadas, por encima de cualquier transitoria diferencia, han probado con creces su fortaleza y una identificación que adquiere ribetes de  orden estratégico, con más razón cuando  la Casa Blanca se afana en destruir y desbancar a todos aquellos que, como China y Cuba, no acatan sus órdenes ni se pliegan a los esquemas de dominio único que ha diseñado a partir del retrógrado e ineficaz lema trumpista “los Estados Unidos primero”.

(Nestor Nuñez / Tomado de Cubahora)

 

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