El trabajo que abrió aulas

El trabajo que abrió aulas

Cuando los estudiantes pasen hoy las puertas de las aulas en las escuelas que fueron afectadas por el tornado del 27 de enero —que dañó a varios municipios de La Habana—, ese momento constituirá también un homenaje al trabajo ejecutado por hombres y mujeres que hicieron de la laboriosidad solidaria una muestra más de voluntad ante grandes retos.

 

Tras el tornado del 27 de enero, los constructores iniciaron de inmediato las labores de recuperación. Foto: Agustín Borrego

 

Por eso, en esta jornada inaugural hay que destacar el empeño de los consagrados docentes, formadores de virtudes y transmisores de conocimientos; del personal de dirección y apoyo, así como de quienes restablecieron paredes, ventanas, puertas, techos, pisos, redes hidrosanitarias… Ellos impartieron verdaderas “clases diarias” en “asignaturas” tan esenciales y valiosas para la vida como la entrega, la voluntad, el espíritu emprendedor y, sobre todo, la solidaridad.

Difícil es olvidar aquellos días, cuando la destrucción dominaba las calles. Y, sin embargo, los trabajadores, a pesar de las muy pocas horas de descanso, sonreían y afirmaban: “Esta escuela comenzará las clases pronto”…, “dentro de unos días los muchachos estarán aquí de nuevo”…, “todo volverá a la normalidad”… Uno miraba alrededor con cierto escepticismo, pero con la seguridad de que el compromiso sería cumplido.

Gradualmente los centros educacionales reiniciaron entonces el curso en sus locales habituales, algunos antes que otros, de acuerdo con la magnitud de los daños y la disponibilidad de fuerzas y recursos.

No fueron pocos los planteles afectados. Los registros dan cuenta de que el tornado —que pasó fundamentalmente por los municipios habaneros de Guanabacoa, Regla, San Miguel de Padrón y Diez de Octubre— dejó huellas en 77 instalaciones del sector educacional: 21 círculos infantiles, cinco escuelas especiales, 23 primarias y 16 secundarias, cinco politécnicos, tres preuniversitarios, dos residencias de profesores y dos direcciones municipales.

No por casualidad se adoptó la decisión de que las actividades centrales por el inicio del nuevo curso escolar se efectúen hoy en la escuela secundaria básica José María Heredia, del municipio de Diez de Octubre.

Gracias a la colaboración de Niurka María González Orberá, secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte (SNTECD), conocimos que específicamente el tornado provocó serias afectaciones en ese plantel, como el deterioro completo de puertas, ventanas y del muro exterior por la caída de árboles encima de la edificación. También quedaron dañados televisores y parte notable del mobiliario escolar.

Tanto en la información suministrada por el SNTECD, como por Reinaldo Tabera Pérez, director de la escuela, se reconoce el eficaz enfrentamiento ejecutado por parte del personal de las empresas Provincial de Abastecimiento y Servicios a la Educación (Epase), de Camagüey, y de Mantenimiento y Reparación de Escuelas, de La Habana; de la Brigada de Mantenimiento de la Dirección de Educación del municipio de Diez de Octubre, y de 35 trabajadores del propio centro.

Los 310 estudiantes y 43 trabajadores cuentan ahora con una secundaria básica en perfectas condiciones.

Las labores, en general, permitieron abrir con notable celeridad muchas aulas, que en un inicio daban la impresión de que estarían colapsadas durante largo tiempo. Por eso, en esta primera semana de clases, en los pizarrones debiera aparecer cada día una palabra para ser analizada por los estudiantes, guiados por sus profesores, en un ejercicio que contribuiría a fortalecer valores. Ellas pueden ser: laboriosidad, solidaridad, voluntad, patriotismo y agradecimiento. Y en un segundo momento: cuidar, mantener, proteger y preservar.

Los trabajadores que restañaron las heridas en las instalaciones educacionales afectadas tienen también hoy un día lleno de felicidad.

 


 Otros datos de la actual escuela José María Heredia

Se inauguró en el curso escolar 1948-1949 para niños pobres y de pocos recursos. Centros de este tipo solo existían cinco en todo el país. Se ha mantenido casi con las mismas características arquitectónicas desde su apertura. Solo se transformó, por necesidades docentes, el espacio que ocupó el teatro, el cual fue convertido en aula.


 

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