El Moncada: un grito de pensamiento

El Moncada: un grito de pensamiento

“Lo acontecido el 26 de julio de 1953 no debe verse como el asalto a unos cuarteles y la inmolación de una generación, sino como un grito de pensamiento”, afirma la Doctora Mildred de la Torre Molina. Foto/ Heriberto González

“El Moncada no fue un suceso aislado, sino parte de la historia de rebeldía del pueblo durante la república neocolonial, de ahí que represente un momento trascendente de su cultura política, de la cual forman parte las huelgas obreras y campesinas, el movimiento de lucha de la intelectualidad por adecentar la república y cambiar su destino, las luchas estudiantiles”, afirma la Doctora en Ciencias Históricas Mildred de la Torre Molina.

“Los ignorantes de la historia de Cuba siempre han apreciado los hechos del 26 de julio de 1953, como un suceso voluntarista, como la acción de un grupo de hombres que decidieron comenzar una nueva etapa de lucha por la liberación de Cuba, y no como resultado de una maduración de pensamientos.

“Considero que se debe pensar con tristeza en los que murieron en el Moncada, en los que no pudieron continuar la guerra de liberación o ver el triunfo revolucionario, pero también en que aquellos acontecimientos marcaron un hito en una larga historia del pensamiento cultural cubano, porque si entendemos como cultura un universo infinito de creaciones, de espiritualidades, sin ella es imposible madurar conciencia ni entender la nación y el verdadero significado de lo que representa la emancipación humana”.

Una cultura de pueblo

La doctora insiste en la necesidad de entender la real dimensión de lo que es cultura, “esa que está en los hábitos, en las costumbres, en los sueños, en los asombros, en las esperanzas; esa cultura que nace desde el alma misma de la gente; de no ser así no podemos comprender la historia.

“Ni tampoco entender a los líderes, pues estos no son entes aislados, figuras protagónicas de un pensamiento separado de las realidades, sino surgidos de la acumulación de verdades, de aconteceres, provenientes de las circunstancias mismas y no de la cabeza de la gente.

“Por mucha voluntad que tuviese un grupo de gente de asaltar el Moncada, de hacer la revolución en la Sierra Maestra o en el llano, esto es imposible sin una cultura de pueblo, un pensamiento de pueblo”, afirma.

“Y este es un pueblo que piensa, no es solamente un pueblo soñador que actúa según la voluntad de un grupo de gente; este es un pueblo que a través de sus luchas ha hecho su propia historia”.

Cultura es entendimiento, pensamiento, ideología

“Muchas veces, con un pensamiento estrecho, se limita la cultura solamente a la obra pictórica, la pieza musical, el baile, que sin duda lo son, y se olvidan de que es comprensión de la realidad, de la verdad histórica; es conducta humana, es transformación, es reforma, es cambio, es modificación de verdades, es creación de nuevas verdades, y es ese universo infinito de espiritualidades lo que hace posible los hechos trascendentes.

“Se ha querido hacer ver que Cuba era una sociedad próspera, lo cual es cierto en algunos aspectos: teníamos radio, televisión, cine, pero estábamos llenos de inconformidades y la explotación y discriminación diversa eran notables. Lo que quiero explicar una y otra vez es que las desigualdades sociales y la injusticia generan la necesidad de los cambios, pero si no se sabe dónde radican es imposible tomar conciencia de esa necesidad, y eso solamente lo proporciona la cultura.

“Esa república estaba llena de grandes indecencias, inmoralidades y miserias, pero también fue muy rica en cultura: asociacionismo, sociabilidad, instituciones, creaciones, obras artísticas, fruto todo de la cultura.

“¿Dónde se formó el pensamiento de los hombres que asaltaron los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes? En esa misma república, cuyos valores no podemos negar, como tampoco decir que la verdadera cultura de este país nació en 1959, porque ya existía, y a partir del triunfo de la Revolución se masificó, amplió, universalizó y consolidó.

“Lo acontecido el 26 de julio de 1953 no debe verse como el asalto a unos cuarteles y la inmolación de una generación, sino como un grito de pensamiento expresado de forma brillante en La historia me absolverá; el grito de un pensamiento rebelde que quiere cambiar y transformar, mejorar, modificar.

“Pero, además, nadie da la vida porque ame la muerte. Los que fueron al Moncada, como los que combatieron en la Sierra Maestra o lucharon contra Batista y contra cuantos fue preciso, lo hicieron por amor a la vida, para salvarla, para emanciparla. ¿Y qué es eso si no es cultura?

“¿Puede algo simbolizar mejor la cultura emancipadora de este país que ese Himno Nacional que dice ‘morir por la patria es vivir’? Quiere decir que todo cuanto hemos hecho y hacemos es para vivir, no para morir; ese es el sentido que le veo y por el cual es importante estudiar la cultura de la república, esa cultura de la emancipación”.

La defensa de nuestra nacionalidad

La doctora De la Torre considera que no se aborda lo suficiente lo sucedido durante la llamada “guerra fría”, período durante el cual el imperialismo hizo ingentes esfuerzos por norteamericanizar nuestra cultura, y así robarnos el país, no solo desde el punto de vista económico, sino también en lo espiritual.

“Resulta interesante cómo durante esos años se fortaleció la cultura nacional, lo cual no es más que un modo de combatir también las penetraciones indeseables. Así lo reflejan la pintura, la música, la cuentística; la obra de Paco Alfonso; la emisora Mil Diez, con oportunidades para todos los artistas que deseaban promoverse; las telenovelas, todas cubanas; el empeño del grupo Orígenes por rescatar las raíces de la cultura nacional; y otros muchos esfuerzos realizados por figuras que si bien no combatían en la Sierra ni en la clandestinidad, con su actuación defendían la cultura y reflejaban la rebeldía nacional.

“Encomiable y poco divulgada es la labor de la escuela cubana, cuyos maestros patriotas, tanto de las públicas como de las privadas, educaban en los valores cívicos y patrióticos, de los cuales nació y se desarrolló la cultura heredada en 1959.

“Todavía tenemos una deuda con la cultura de aquella república. Hay que romper con los esquemas de creer que las injusticias y las desigualdades, en abstracto, generan revoluciones; estas las hacen el entendimiento de las injusticias: saber a qué se deben y por qué, y, además, cómo superarlas, cambiarlas”.

Fuente: Entrevista realizada por la autora en el 2011.

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