Bayamo: vital en la estrategia del Moncada

Bayamo: vital en la estrategia del Moncada

Poco antes de despuntar el alba del 26 de julio de 1953, una veintena de jóvenes, divididos en cuatro grupos, llegaron hasta el fondo del cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en la ciudad de Bayamo, con el objetivo de tomarlo en el momento preciso en que, en Santiago de Cuba, el grueso de sus compañeros de ideales, dirigidos personalmente por Fidel Castro Ruz, atacaban el cuartel Moncada, segunda fortaleza militar del país.

 

Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. (Foto Archivo)

 

El plan de ataque en Bayamo, ciudad que constituía un punto estratégico por confluir en esta las principales arterias de comunicación de la entonces provincia de Oriente, contemplaba, además de la toma del Carlos Manuel de Céspedes, sede del escuadrón No. 13 de la Guardia Rural, apoderarse de la estación de la policía. Después, Pedro Celestino Aguilera González, con un grupo, se trasladaría a las minas de Charco Redondo, donde ocuparía algunos camiones cargados con dinamita para volar los dos puentes de la ciudad, y entregaría al pueblo las armas ocupadas, para con su apoyo impedir el arribo de refuerzos procedentes de Holguín y Manzanillo a Santiago de Cuba.

Simultáneamente otros compañeros avanzarían hacia Santiago por la Carretera Central, tomarían los cuarteles que encontraran a su paso y sumarían a la lucha a los vecinos de las cercanías.

El hospedaje Gran Casino fue el sitio escogido para concentrar a los combatientes. Situado a escasas dos cuadras del enclave militar, en los primeros días de julio fue alquilado por Renato Guitar Rosell, con el pretexto de instalar allí una pollería. Desde días antes lo ocupaba uno de los comprometidos, a quien el 24 se unió otro que llevó consigo las cajas que contenían las armas y uniformes.

El 25, al anochecer, los revolucionarios comenzaron a presentarse en el hospedaje, por parejas, para no llamar la atención. Alrededor de las 10 los visitó Fidel, quien en reunión con los jefes de grupo ratificó como jefe a Raúl Martínez Arará, y a Antonio López Fernández, Ñico, como su segundo, les impartió las últimas instrucciones y después explicó a todos la gran responsabilidad histórica que asumirían con la acción.

Ñico y otro compañero expusieron a los combatientes el plan y cerca de las cinco y cuarto de la madrugada, hora en que en Santiago se iniciaría el ataque al Moncada, los hombres concentrados en el Gran Casino lo abandonaron, por el fondo, y se encaminaron a su encuentro con la Historia.

La acción

Una cerca de cinco pelos de alambre púas y 1,20 metros de alto rodeaba el cuartel Carlos Manuel de Céspedes por el fondo, por lo que se había previsto llevar una tijera para cortarla. A continuación le seguía un solar yermo con una cerca de dos metros de altura, cuya puerta era cerrada con candado por las noches, detalle desconocido por los asaltantes.

Con el apuro de la partida, la tijera quedó olvidada y decidieron levantar los alambres, pero algunos trataron de saltar la cerca y el ruido producido alertó al centinela, a cuya orden de ¡Alto! uno de ellos contestó con un disparo que lo hirió. Tras aproximadamente un cuarto de hora de combate, se impuso la retirada de los asaltantes.

El primer parte oficial reportó un policía muerto y varios soldados heridos en las fuerzas gubernamentales, y dos heridos entre los atacantes. El saldo de 13 revolucionarios muertos demuestra la sanguinaria cacería de que fueron objeto.

Si bien la pérdida del factor sorpresa, como causa principal, impidió que la acción en Bayamo fuera coronada con éxito, los comprometidos hicieron cuanto estuvo a su alcance por cumplir su compromiso y en ese empeño muchos de ellos ofrendaron sus jóvenes y preciosas vidas.

 

En la actualidad, el Parque Museo Ñico López en el lugar otrora ocupado por el cuartel Carlos Manuel de Céspedes. Foto: Abel Padrón/ Cubadebate

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