Los antimisiles de la discordia

Los antimisiles de la discordia

Todo armamento se prueba y comprueba en los polígonos de tiro mucho antes de que su poder destructivo se ponga en práctica en acciones militares. Es ahí donde los comentarios sobre su accionar pueden ser objetivos acerca de su eficacia.

Una nueva arma rusa desata la polémica entre las naciones de Occidente y en especial en los Estados Unidos, cuestionando a los países que desean comprarla para que forme parte de su arsenal defensivo.

antimisiles rusos
Foto: Sputnik

No es la primera vez que sucede, pero nunca con la fuerza como ahora se cuestiona su compra. Se trata de los sistemas antimisiles rusos S-400 y la noticia que motiva este comentario es la llegada, el 12 de julio, de los partes de tales sistemas a la base aérea turca Murted, muy cerca de Ankara, según el diario Hueeiyet.

La publicación turca informa además que “las entregas de los componentes restantes se realizarán en los próximos días” y que el ministro de Relaciones Exteriores de ese país, Mevluy Cavosoglu comentó que “Ankara y Moscú trabajan en estrecha cooperación en relación con el comienzo del suministro de las unidades rusas”.

Mientras que el secretario de prensa del Kremlin, Dmitri Peskov, recalcó que los envíos “se realizan en estricta conformidad con los acuerdos alcanzados y los contratos firmados. Se cumplen todas las obligaciones de las partes”, agregó en declaraciones a la prensa rusa.

 

Breve historia de una cooperación

Turquía se comprometió a comprarle a Rusia dos sistemas S-400 —cuatro baterías en total— por valor de 2 mil 500 millones de dólares, según acuerdo suscrito a finales del 2017.

Las partes se comprometieron a promover la cooperación tecnológica para fabricar sistemas de misiles antiaéreos en Turquía.

Según Rusia Today, el sistema antiaéreo S-400 Triumf es capaz de abatir aparatos aéreos de tecnología furtiva, misiles de crucero, balísticos tácticos y táctico-operativos.

Foto: Sputnik

El S-400 tiene un alcance de hasta 400 kilómetros y puede destruir blancos a alturas de hasta 30 kilómetros; por sus prestaciones, este sistema pertenece a la generación 4+ y es el doble de eficaz que sus antecesores.

Turquía ha declarado en repetidas ocasiones que no piensa retractarse del contrato. Washington amenaza a Ankara con imponer sanciones por la compra.

La revista Foreign Policy comunicó el 7 de junio que el secretario de Defensa de EE.UU., Patrick Shanahan, pidió en una misiva al ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, que los militares turcos presentes en EE.UU. para entrenamiento, como pilotos de los F-35 estadounidenses, abandonen el país antes del 31 de julio. Como respuesta inmediata, una semana después, el ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, dijo que Ankara responderá a las eventuales sanciones por parte de EE.UU.

 

Oferta mucho más seductora

La llegada de los antimisiles a Turquía comienza una nueva etapa en el diferendo creado con su compra. El director general de la corporación estatal rusa Rostec, Serguéi Chémezov, calificó de “competencia desleal” las declaraciones de EE.UU. sobre la incompatibilidad del sistema antiaéreo con los estándares de la OTAN.

Washington no deja de intentar seducir a Turquía con sus armas, pero Ankara resiste porque el trato con Moscú ya está hecho. La parte turca prefirió los sistemas de defensa antiaérea S-400 rusos a los Patriot estadounidenses. Era de esperar, dado que Rusia les hizo una oferta mucha más seductora.

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Foto: Sputnik

Las autoridades turcas defienden su derecho a tener su espacio aéreo protegido, de manera que necesitan adquirir un arma lo más efectiva posible y al precio más asequible que ofrezca el mercado. Esto es precisamente lo que ofreció Rusia.

Tras el acuerdo, EE.UU. empezó a hablar sobre la incompatibilidad del arma rusa con los sistemas de la Alianza Atlántica. El Pentágono incluso retardó la entrega de equipamiento para aviones de combate de quinta generación F-35 a Turquía, como medida de respuesta a la decisión de Ankara.

Estados Unidos hizo lo imposible por persuadir a Turquía. Primero las amenazas y las posibles sanciones, luego contraofertas, pero sin éxito alguno.

El mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan, declaró el pasado 5 de abril que no estaban interesados en adquirir los sistemas de defensa antiaérea Patriot, dado que la propuesta de Rusia era más favorable a sus intereses.

La mala noticia para Washington es que otros países también están interesados en el moderno sistema antimisiles ruso y que algunos miembros de la OTAN, como Francia, aprueban la posición turca de comprar el armamento que consideren más apropiado.

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