Para preservar la historia de un pueblo que es Cuba toda (+ Fotos)

Para preservar la historia de un pueblo que es Cuba toda (+ Fotos)

A ella le sucedió como a muchos: no nació en sus predios, pero en cuanto la trajeron a Guáimaro, se enamoró; “es que estas tierras son únicas, y cuando la conoces un poco o convives, te embrujan y te quedas”.

 

Es difícil no enamorarse también de este agramontino municipio cuando se escucha a Yaniesky Trecus Ruiz, quien se apasionó tanto por el pasado que se convirtió en historiadora y hoy es la directora del museo municipal.

Desiderio Borroto Fernández es de los nacidos y criados. Su padre es el historiador de la localidad. Él siguió sus pasos y aunque alterne su pasión con la dirección de la Casa de Cultura, es de los que gusta estar entre libros.

“Guáimaro tiene una historia que va pasando de generación en generación y en cada familia, como ocurrió en la mía, esa impronta se inocula a todos. Los guaimareños llevamos con orgullo la distinción de vivir en la tierra donde se firmó la primera Constitución y nació la República de Cuba”, acentúa.

La “casa” de la historia

Llegar a Guáimaro y no ir hasta el museo, es inconcebible. Allí transcurrió la conocida asamblea constituyente de 1869. “Nuestro museo es un centro de referencia por razones que van desde lo histórico hasta lo arquitectónico y lo sentimental”, explica Yaniesky.

La casa de José María García, donde se encontraron los líderes revolucionarios de las tres regiones en armas, fue de las primeras abrasadas por el fuego cuando en mayo de 1869 los guaimareños decidieron destruirlo para no volver a manos españolas. Del siniestro solo sobreviviría uno de los tinajones del inmueble, aún existente, el cual posibilitó delimitar la antigua edificación.

Concluida la Guerra Necesaria, los veteranos localizaron el lugar y plantaron una bandera que por años fue la única referencia del suceso. “Había una especie de consenso compartido, esta era ‘tierra sagrada’ y por un tiempo fue solo eso, un espacio vacío”, recuerda Yaniesky.

Con fondos del gobierno camagüeyano de la época se erigió la estructura actual en 1925, la cual tuvo una funcionalidad dual, como espacio para conmemoraciones patrióticas y escuela pública. “Los veteranos siempre se mantuvieron pendientes de lo que pasaba. Reclamos y cartas son evidencia de ello: de que si falta la auxiliar de limpieza, de que si se está cayendo la cornisa, de que si el inmueble tiene tal rotura. Eran implacables”, continúa la historiadora.

Cuando triunfa la Revolución esos propios veteranos, además de cuidarlo, habían atesorado piezas de gran valor histórico y decidieron ubicarlas en el salón central, conformando una suerte de museo informal bajo el nombre del único patriota que ocupó la presidencia de la República en Armas en dos ocasiones, el Marqués de Santa Lucía, Salvador Cisneros Betancourt. Aquello fue como explica la directiva “sin ningún burocratismo y aprobado por nadie, nada más que por la voluntad de muchos, se montó lo que luego se legalizó como museo”.

Entre otros objetos de gran significación, estaban la mesa y silla empleada durante la firma de la Constitución del ‘40, ocurrida precisamente aquí.

“Hoy – continúa – la instalación recibe un proceso de transformación muy acelerada, pero necesaria. Tendremos un nuevo montaje con cinco salas permanentes y una transitoria. Habrá una dedicada a las constituciones y que incluirá hasta el proceso actual. Otra sobre la independencia, donde se expondrán elementos de las luchas independentistas que tenemos guardadas como una colección de armas, restos de un fuerte español, un cañón de cuero. A la historia civil local se dedicará otro espacio para que se conozca sobre los recursos minerales, la construcción del poblado, la arquitectura. Y, como es lógico, dedicaremos otra área a la ganadería, nuestra esencia; y enseñaremos, por ejemplo, hasta cómo se decora la casa de un ganadero.

“Pero queremos que no sea un montaje frío sino interactivo, que la gente participe, escriba en una máquina de escribir antigua, vean una montura, se monten, le tiren fotos; que se cuente la historia de otra manera”.

Transformar y preservar

“Los guaimareños nos hemos dado a la tarea de rescatar el rostro de la ciudad porque nuestra tradición nos guía a no olvidar la historia. Porque hay que mostrar que el hecho de la Asamblea de Guáimaro, todavía no lo ha dicho todo”, afirma Desiderio.

Para él “en los historiadores recae la misión de indagar más y mostrar que el suceso del 10 de abril le dice al futuro que los cubanos dejamos de ser súbditos para ser ciudadanos de una nueva República que siguió hasta nuestros días.

“Aquí no ocurrió un encuentro con posiciones encontradas, con diferencias, esa visión hay que cambiarla. Aquí se limaron esas diferencias, se logró la unidad que no había existido hasta ese momento y que permitió que la guerra durara 10 años”.

Por esas vivencias, por los 228 años de vida que tiene Guáimaro es que la provincia toda se vuelca a transformarlo. Como explica Reinaldo Aguilar Cruz, presidente de la asamblea municipal, desde el año pasado se desarrollan un poco más de 200 acciones para homenajear estos 150 años de la primera Constitución. “Es complicado, y algunas obras constructivas concluirán a finales de año. Se trabaja en un centro recreativo, donde artistas locales ambientan el lugar, en un restaurante, en un Coppelia que tendrá aquí mismo la fábrica de hacer helado con equipamiento moderno, en una pizzería, un mercado ideal; se alumbran calles, se reparan viales, instituciones médicas y educacionales. Se ultiman detalles para la construcción de una sala de hemodiálisis con el aporte de la cuenta del 1%. Esto cambiará la vida de muchos, incluso de otras zonas aledañas que ya no tienen que viajar kilómetros”.

El parque donde Ana Betancourt alzó su voz y se adelantó a su tiempo y donde Carlos Manuel de Céspedes fue envestido como presidente de la República, gracias a la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey también se retoca: nuevos bancos, el obelisco remozado y con luces que imitarán los colores de la bandera cubana.

Pero es hacia el museo que muchos ojos miran. Cerca de 120 mil dólares amparan el montaje museográfico y 186 mil pesos la parte constructiva. Allí además se sembrará el árbol guáimaro porque de él surge el nombre del municipio y porque como alega Aguilar Cruz, bien pudiera ser una pieza museable “para que no se olvide. Esta no es solo la historia de un pueblo es la de todos los cubanos”.

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