El Capitán del Congreso

El Capitán del Congreso

En el proceso orgánico del XXI Congreso ha estado presente el estilo de trabajo que le impregnó Lázaro Peña al movimiento sindical, desde los preparativos hasta la realización del XIII Congreso, efectuado en noviembre de 1973.

Cuentan sus colaboradores más cercanos que ante la tarea señalada por Fidel de reconstruir el movimiento sindical que se había debilitado, Lázaro le entregó su experiencia de décadas. Con tan sólido punto de partida se enfrascó en la preparación de un cónclave que se avizoraba difícil, y que reclamaba del más estrecho contacto con los trabajadores para que estos asimilaran las transformaciones que era necesario realizar en el ámbito laboral.

Antes de su incorporación oficial a la comisión organizadora, se había acumulado una gran información para elaborar las tesis, sin embargo, Lázaro redactó personalmente un texto breve, contentivo de las principales ideas para rescatar el movimiento sindical, del cual surgieron después las tesis, tal como se hizo ahora, previo al XXI Congreso, cuando se sintetizaron en su Convocatoria las cuestiones fundamentales a analizar en el encuentro nacional y del debate de ella brotaron los asuntos fundamentales contenidos en las Bases para el Fortalecimiento de la Misión del Movimiento Sindical Cubano.

Con una dedicación sin límites Lázaro emprendió un proceso hasta ese momento inédito, ya que por primera vez se efectuaron “congresos” en cada centro de trabajo para analizar y debatir las tesis. Para él un congreso no era representativo si no se hacía una discusión en la que participaran miles en la base, y en numerosas de esas asambleas estuvo presente.

Ese método, asumido por la dirección de la CTC desde entonces, se materializó en el proceso previo a la cita que tendrá lugar en abril próximo, con la discusión del documento Bases… en más de 61 mil asambleas cuya asistencia superó los 2 millones 400 mil trabajadores y donde se realizaron una cifra superior a 184 mil 700 planteamientos. Las valoraciones resultantes de estas reuniones, como ocurrió con antelación al XIII Congreso, han servido hoy para enriquecer el informe central y los de las comisiones de trabajo, y permiten proyectar con más precisión sus dictámenes.

La preparación de los cuadros para enfrentar el desafío que representa escuchar a los trabajadores, dialogar con ellos y persuadirlos en torno a las mejores decisiones, fue una premisa enarbolada por el Capitán que han asumido los dirigentes de la Central. Lázaro alertaba de la necesidad de dominar profundamente los documentos de la magna reunión para estar en condiciones de responder a todas las cuestiones que inquietaran a las masas laboriosas y no imponer acuerdos, sino aportarles argumentos para que adoptaran las decisiones más acertadas.

Al igual que el venidero XXI Congreso, aquel efectuado en 1973 tuvo como centro el tema económico y entonces se esgrimió como lema que cada cual recibiera de acuerdo con la cantidad y calidad del trabajo aportado, aspecto defendido en los documentos de la próxima gran reunión sindical.

Se abordaron en aquel momento asuntos difíciles como la Resolución 270 y el salario histórico, y el veterano líder convenció demostrando la insostenible carga que ello representaba para la seguridad social y la economía del país. En cuestiones escabrosas como estas, como señaló uno de sus contemporáneos y compañero de luchas, Blas Roca, nunca daba la impresión de un “mandamás” o de alguien que se creyera superior, sino que aparecía como uno entre todos, ayudando a buscar el mejor camino, a trazar el mejor plan para el logro de los fines societarios.

Y a ese instrumento insustituible que es el diálogo con argumentos para convencer han recurrido los actuales dirigentes sindicales desde la Convocatoria del XXI Congreso para llegar a las sesiones finales con propuestas de solución o situaciones resueltas en torno a asuntos no menos complejos, como son hoy el reclamo de una reforma general de salarios, y los criterios sobre la jubilación, el funcionamiento sindical, la emulación socialista, la estimulación moral y material, y la atención a los trabajadores no estatales.

Mucho tiene que enseñar todavía Lázaro al movimiento sindical cubano y en ese aprendizaje es altamente valioso incursionar en las experiencias del XIII Congreso.

Ya en aquellos lejanos tiempos expresaba palabras que bien pueden ser mensajes para hoy: “No tenemos todavía todo lo que necesitamos. (…) Lo tendremos, sin duda lo vamos a tener. Pero hay que producir, hay que luchar, hay que crear”.

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