Tormenta en el horizonte

Tormenta en el horizonte

Ilustración: Yoan Manuel Figueredo

Sabemos que a veces deporte y polémica no suelen hacer buenas migas. Incluso en nuestro país, donde la pasión es capaz de cegar en ocasiones la lucidez más contundente. Les propongo una tesis que no es sencilla ni cómoda, pero seria y atornillada a la realidad.

La estatura competitiva del deporte cubano ha cedido varios centímetros, por eso afirmo que en los venideros Juegos Panamericanos de Lima 2019 no se podrá domar el segundo escaño en la tabla de medallas.

Hay competiciones que no se descubren sin determinados nombres. Las citas centrocaribeñas y continentales tienen grabado a fuego y valentía el dictado de Cuba, que desafortunadamente, y no obstante su libreto pasional y esforzado, ha sido un saco de incógnitas y contrariedad en las justas regionales de los últimos cuatro años (Toronto 2015 y Barranquilla 2018).

Acostumbrado en el pasado a castigar a sus rivales, un puñado de diversos factores ha frenado la progresión de algunas armas del movimiento atlético en la década que casi llega a su fin. Es cierto que el bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos continúa siendo un incómodo adversario que frena y lastima. Como es justo reconocer que ciertas luces iluminaron con brevedad el camino (se triunfó en la lid del área: Veracruz 2014 y en el certamen olímpico de Río 2016 se cumplió con la meta de quedar entre los 20 primeros al finalizar en el escaño 18).

Aun así el retroceso es inquieto huésped. En la actualidad el deporte cubano impulsa proyectos, varios de estos científicos, que deben robustecer las costuras de su armadura. Estos bríos por el momento no parecen suficientes para garantizar el blindaje que consienta alcanzar la meta histórica. Además, se necesita tiempo de maduración y transformaciones internas.

El panorama se complica más con la incuestionable superación de los adversarios, quienes manejan elevados presupuestos y no solo modernizan y multiplican sus estructuras, sino también elevan la calidad profesional de sus técnicos y atletas.

En suelo peruano nuestro himno debe sonar al ritmo de la lucha, boxeo y judo, aunque la esgrima, canotaje, gimnasia artística, remo, pesas, tiro, ciclismo y atletismo podrían protagonizar varias mordidas de entusiasmo.

El movimiento deportivo y su afición lo comparten casi todo: triunfos, caídas, sueños e interrogantes. Estas últimas se amplían y por el momento dejan un mensaje categórico. En Lima 2019 se precisará de un verdadero ejercicio espartano para alcanzar la lejana orilla del histórico segundo puesto. Definitivamente y aunque resulte difícil de digerir, otra vez se anuncian tormentas espirituales en el horizonte.

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