Telma: una maestra que dignifica la educación cubana

Telma: una maestra que dignifica la educación cubana

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A propósito del Día del Educador Cubano

Caminar a su lado en el Instituto Politécnico Agropecuario Rubén Martínez Villena proporciona prestancia y  orgullo. Telma Chávez  Espinosa es de esas personas que dignifican el  centro donde ha transcurrido toda su vida laboral.

“Lo fundamental es la preparación, el conocimiento, los deseos, la voluntad y la dedicación que le pongas a lo que haces”, afirmó la profesora y dirigente sindical Telma Chávez Espinosa, delegada directa al XXI Congreso de la CTC. Foto: Agustín Borrego
“Lo fundamental es la preparación, el conocimiento, los deseos, la voluntad y la dedicación que le
pongas a lo que haces”, afirmó la profesora y dirigente sindical Telma Chávez Espinosa, delegada directa al XXI Congreso de la CTC. Foto: Agustín Borrego

Muchas cosas pudieran decirse de esta  mujer que muy joven,  ya siendo madre de dos  niños pequeños, se incorporó a la enseñanza  técnica y profesional en  la antigua unidad docente Revolución, en el  municipio capitalino de  Boyeros.

Por varias razones Telma ha trabajado en una única institución escolar. Ella lo atribuye a la estabilidad de su  carácter y confiesa que  resultó fundamental la  calidad humana que encontró en la escuela en  aquellos momentos.

En 1978 se graduó de Medicina Veterinaria en el otrora Instituto Superior de Ciencias  Agropecuarias de La  Habana (hoy Universidad Agraria), y un año  después se incorporó a la unidad docente Revolución —para la enseñanza de Veterinaria en  el nivel técnico medio—  la cual en 1982 se unió  a la Rubén Martínez Villena, donde se estudiaba Zootecnia.

Desde ese entonces ha estado vinculada a la profesión del magisterio, que siempre le gustó, aunque para ello no  se había formado. Así  los primeros años de su  vida laboral los dedicó a impartir clases relacionadas con la reproducción animal, una temática difícil, teniendo en  cuenta que enseñaba a  los alumnos a diagnosticar los órganos genitales de ejemplares  grandes; era bien duro y complicado.

“Uno dice aquella época y parece que fue ayer, pero han transcurrido 40 años. En el  centro trabajaba otra  doctora que —por cierto— todavía está aquí,  pero las demás mujeres  se dedicaban a tareas  más sencillas. Además,  me gustaba participar en todo; así que esa compañera y yo iniciamos la guardia obrera,  después se fueron sumando otras”.

Imagino que en ese entonces los hombres la hayan visto con cierto recelo por el hecho  de ser médica veterinaria…

En esos años ya había cierta evolución con  respecto a la mujer. Sin  embargo, ellos hacían  un poco de rechazo, sobre todo porque yo tenía dos niños pequeños.  Al final me aceptaron y espero que no se hayan  arrepentido, pues aquí  ha transcurrido toda  mi vida laboral. Ahora,  más recientemente, me  desempeño en el propio  instituto como profesora de una unidad pedagógica, donde se forman  a los maestros para la  enseñanza técnica.

¿Qué tiempo le queda a Telma en el Instituto Villena?

Realmente yo quisiera que los años no hubieran pasado. No obstante, hoy me siento con  las mismas fortalezas  y motivaciones, así que  aquí estaré hasta que  las fuerzas me lo permitan. Cuando uno se siente bien, es acogido y comprendido, eso hace  que ames la escuela y que esta forme parte de  tu vida.

¿Algún consejo para los jóvenes maestros?

A mis alumnos les digo que, desde el punto de vista profesional,  lo fundamental es la  preparación, el conocimiento, los deseos, la  voluntad y la dedicación que le pongas a lo que haces, porque el maestro tiene que ser ejemplo  en todo momento, sentir  respeto por uno mismo  y por los demás.

Usted es una dirigente sindical de experiencia, con resultados,  admirada y querida,  ¿cómo ha logrado congeniar todo?

Siempre fui dirigente partidista o administrativa, pero desde el  2003 soy secretaria general del buró sindical,  que cuenta con cuatro  secciones y una membresía de alrededor de  500 trabajadores. Para  mí lo más difícil ha sido  aprender a dirigir y   atender a los afiliados.

Esta labor me ha posibilitado comprender la necesidad de  contar con un sindicato  fuerte, preparado, que  constituya una potencialidad para el desarrollo del país; pues la  organización moviliza  y compulsa a los colectivos para aumentar la  producción, lograr productividad y alcanzar  otros propósitos.

Ahora he disfrutado la gran satisfacción de haber sido seleccionada delegada directa al XXI Congreso de la CTC. Participé en el XIX y en el XX, pero en este no lo esperaba. Más que asistir a las sesiones finales  del evento, la mayor alegría fue ser elegida por  mis trabajadores. Es lo  que más emociona, un  alto honor y privilegio,  un reconocimiento que  merecen otros compañeros.

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