Rechazo claro, unitario y popular

Rechazo claro, unitario y popular

Son miles los húngaros que se han lanzado a la calle este frío diciembre para protestar por una ley que para el gobierno es “una oportunidad de ganar más, trabajando más”, pero para los ciudadanos es simplemente una ley esclavista.

Foto: EFE

Junto a los obreros protestan estudiantes y representantes de la oposición. Todo comenzó el 12 de diciembre, cuando fueron aprobadas por el Parlamento esta y otras leyes consideradas por la multitud como antidemocráticas.

Para muchos de los manifestantes la ley de esclavos, como también le llaman, obligará a los asalariados a trabajar de 250 a 400 las horas extras obligatorias en el año. Pero además los empleadores podrán posponer el pago hasta 36 meses, aunque fuentes oficiales se han apresurado a negarlo.

Las protestas no tienen precedentes en el país y al parecer se mantendrán hasta lograr su eliminación, aunque algunos observadores lo ven como una necesidad del gobierno que la presenta como respuesta a la grave escasez de mano de obra que sufre el país.

Foto: BBC

Aunque la tasa de desempleo nacional es mínima, comparada con el resto de las naciones comunitarias, los salarios son tan bajos que muchos profesionales optan por emigrar. La situación no es nueva, ya que cuatro años antes el gobierno se vio obligado a impulsar un programa de apoyo laboral y ofertas de viviendas para que los jóvenes no abandonaran el país.

Otro factor en contra del mercado laboral en el país es que la población de Hungría ha estado en declive durante años, ya que las muertes superan los nacimientos, según la agencia de estadísticas europea.

A pesar de esta realidad social el gobierno ha reiterado su negación a la entrada de inmigrantes. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, culpa de todos los males a quienes satanizada desde mucho antes de su actual posición.

“Nunca permitiremos que Hungría se convierta en un país objetivo de los inmigrantes. No queremos minorías con culturas y antecedentes diferentes entre nosotros. Queremos mantener a Hungría como Hungría”, ha reiterado.

Los especialistas señalan que el discurso antiinmigrante ya había sido utilizado por el político con el fin de atraer votos, muchos más cuando Europa se enfrentaba al desafío de la llegada de cientos de miles de personas en busca de una nueva vida.

En la práctica esta posición más bien era demagógica, ya que muy pocos de esos miles de migrantes cruzaron la frontera y entraron por el sur del país en 2015 con la intención de quedarse, sino para seguir hacia otros países más prósperos de la Unión Europea pero el primer ministro temía que fueran devueltos a Hungría.

Sobre todo porque en la primavera de ese año la Comisión Europea propuso cuotas obligatorias para redistribuir a los solicitantes de asilo. Pero Orbán no estaba dispuesto a aceptarlas, ya que “nadie nos dirá a quién dejamos entrar en nuestra propia casa”, dijo.

Y su respuesta no se hizo esperar con la construcción de una valla, de 175 kilómetros a lo largo de la frontera sur con Serbia, aunque más bien fue un movimiento político en momentos en que el Fidesz, su partido, había perdido dos elecciones parciales.

Según sus críticos, vio en la carta de la inmigración un auténtico filón y al parecer era verdad, porque meses después su agrupación política había recuperado cerca de un millón de seguidores.

La valla fue construida y se agregó una extensión de 40 kilómetros a lo largo de la frontera con Croacia. Cubierta con bobinas de alambre de púas se reforzó con una segunda valla, una corriente eléctrica de 900 voltios y cámaras de visión nocturna.

Entonces el político nuevamente acudió a la demagogia para clamar que “la antigua cortina de hierro se construyó contra nosotros. Esta fue construida por nosotros”, dijo entonces.

Avanzan los días y algunos especialistas plantean que el frío y las fiestas de fin de año harán regresar a los manifestantes a sus cálidas casas, aunque otros, los menos, plantean que seguirán, aunque reconocen que no con tanta fuerza como hasta ahora.

La enseñanza para el gobierno es que, por primera vez, estas protestas se han caracterizado por ser unitarias y populares, factores que benefician, con sus posibles consecuencias, a los partidos de oposición

Foto: El Confidencial

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