Al galope del alma

Al galope del alma

Rubén Darío Salazar

Fuimos muchos los que aceptamos el convite de la Galería Pedro Esquerré, de Matanzas, para visitar la exposición del artista plástico Juan Arel Ruiz Contino (Cárdenas, 1963). A todo galope es el título de la muestra que recoge parte de la labor realizada entre el 2016 y el 2018. Incansable, con el pincel siempre en ristre, asistimos nuevamente a la plenitud de quien hace de la pintura y el dibujo su reino.

galope
Arco de Triunfo. 122 x 164 cm. 2018.

La exposición va más allá de lo que la crítica especializada señala y pondera: una técnica preciosista e impecable.

Debajo, en el centro y por encima de tanta visualidad prodigiosa, percibo que el hombre y el pintor discuten, proponen, encuentran y ofrecen diversas claves de la cotidianidad. Actitudes humanas, camufladas en el animal superior que somos, se reflejan en óleos y carboncillos. Juan Arel descubre las hendiduras de la civilidad. Cada obra es un cúmulo de preocupaciones, avisos y ansiedades, que revelan el palpitar de un ente que no se conforma solo con excelencias ni destrezas pictóricas.

Caballos, chivos, águilas, rinocerontes, elefantes, conforman su jungla personalísima. Animales de otros lares y de su propia tierra, revisitados a voluntad, por una necesidad que primero cabalga en su alma y luego se vuelve significado, provocación, misterio. Mixtura de fauna aderezada con objetos, artefactos que nuestra mirada registra en el acontecer diario. Una menestra de luces y sombras donde lo culto y lo popular trotan a gusto.

No extrañé sus fotografías e instalaciones en esta nueva producción. Cada pieza pintada o dibujada, tiene aristas de ambas manifestaciones.

Saltan en las telas y láminas poses y movimientos en mamíferos y aves, que poseen la fidelidad de un retrato, otras veces aparecen en una disposición plástica respecto al objeto, que denotan un fuerte carácter instalativo, no exento de las verdades y caprichos de cualquier artista.

Lo que ya fue, lo que es y lo que será se plantea en A todo galope de manera contundente. La singular línea estética de Juan Arel, vislumbrada desde que el artista se graduara en 1988, de la especialidad de pintura, en el Instituto Superior de Arte de La Habana, corrobora la entereza de un creador que no descuida su trabajo profesional, ni su responsabilidad en los conceptos y temáticas que desarrolla. Ese ha sido el sello de su compromiso artístico, la marca que ha consolidado su trayectoria, sin dormirse en falsos laureles.

Y es que Juan Arel sigue más interesado en expresar que definir. Su ánimo va también al galope, a la par de toda su obra pictórica, viva y cambiante.

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