Memorable Cuba espectacular

Memorable Cuba espectacular

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Merecidas palmas del público y de la crítica ganó la novel compañía Assen Dance Habana, que dirige Ernesto Tamayo, con la puesta en escena —durante más de un mes en el Bertolt Brecht— de Cuba espectacular, un memorable show al estilo cabaré, que asimismo devino homenaje a la música cubana y a sus mejores compositores e intérpretes del siglo XX, amén de evocar algunos de los temas más trascendentales del repertorio internacional de esa centuria.

 

 

Cuba espectacular

Bajo la dirección artística y coreográfica de Alejandro Assen, la obra mantiene, de principio a fin, un sobresaliente ritmo mediante la concatenación de 26 cuadros, defendidos a través de la excelente labor del elenco, conformado por 17 bailarines, cantantes y músicos, quienes cautivaron al público con diversos géneros, entre estos, el son, el mambo, el cha cha chá, la vieja y nueva trovas, la canción, el bolero, las habaneras, la contradanza, la rumba y el flamenco.

Fastuoso homenaje a figuras relevantes del patrimonio insular, como Benny Moré, Chano Pozo, Rita Montaner, Rosa Fornés, el Trío Matamoros, Esther Borja, Bola de Nieve, Sindo Garay, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Elena Burke, Moraima Secada, Omara Portuondo y muchos más, reconocidos por el auditorio en los videos que a modo de collage (bajo la dirección de Vladimir Ronquillo) fueron proyectados sobre una gigantesca pantalla que sirvió de fondo al escenario de la sala superior del Bertolt Brecht, la cual acogió la escenificación adecuándola a su polivalente plaza.

Loas aparte merecen los diseños de vestuario, a cargo de Alejandro y Ernesto, confeccionados por Elizardo Morales; de luces, Roberto González (también en la producción); de sonido, Pedro Iván Blanco y Luis Alberto Acosta, además de Sergio Cervantes en la mezcla; y la dirección musical de Rubén Huerta.

No obstante su temprana edad y su poca presentación pública, la compañía Assen Dance Habana se revela en las tablas con una sorprendente madurez artística. En tal sentido rehúye los chichés tradicionales en la exposición de este tipo de espectáculos, sobre todo en el tratamiento de los temas relacionados con el folclore y en el concepto dramatúrgico de las coreografías; así como en la proyección escénica de los bailarines y cantantes. Entre los primeros sobresalen, por el dominio casi absoluto de sus ejercicios corporales, Miguel Ángel Sarmieto, Wendy Feliú y Wendy Casanovas, esta última también en la simpática interpretación de un tema en el que se fusionan varios números del repertorio norteamericano. Le secundan Yenice Baró, Yosnier Miñoso, Alfredo Rodríguez y Gabriel Pérez, portadores de un magnífico potencial danzario.

Los músicos, dirigidos por el saxofonista y guitarrista Rubén Huerta, asumen la mayoría de los números que conforman el espectáculo, para sobresalir en el acople, la limpieza y el nivel profesional en la consumación de sus respectivas sonoridades provenientes de las pailas (Hussein Agra), las tumbadoras (Maykel González), la trompeta (Carlos Alberto Gil) y el violín (Isandra Fernández). Ellos acompañan a los cantantes Mía Rosa y Raphael Guzmán (en su primera presentación en este tipo de profesión), quienes se destacan por el brillo y los afinados registros de sus voces, además de sus breves y acertadas actuaciones que por momentos aportan ciertas dosis de refinado humor, acoplados a los diseños coreográficos que con tal fin realizan los bailarines.

Espectáculo del más fino varieté, ajustado a ese “ajíaco” que conforma nuestra cubanidad, tan ausente en el universo escénico capitalino, y que según sus realizadores tiene como pretensión entretener y hacer vibrar al espectador mediante el disfrute de diferentes géneros y estilos, así como a través de una ingeniosa fusión musical que permite “bailar un bollywood a tiempo de chancletas, un tango en son o menear las caderas con Yemayá desde la más arrogante Habanera… desde esa Cuba que en su constante transculturación musical y danzaria se sitúa una y otra vez en la cima de la cultura universal”.

La escenificación, que asimismo tuvo la apoyatura de Carlos Alberto Suárez como asistente de dirección, vino a abrir las puertas que hasta ahora permanecían cerradas al music hall, no obstante poseer memorables antecedentes —no tan lejanos— que hicieron brillar al teatro musical de la mano de figuras inolvidables en el tratamiento de este género como Héctor Quintero (Premio Nacional de Teatro 2004) y Nelson Dorr.

Pienso que valdría la pena continuar la programación de Cuba espectacular en otros espacios de la capital, como el América, tan dado a este tipo de proyectos, antes de que los jóvenes integrantes de Assen Dance Habana marchen al exterior a cumplir contratos bien ganados por la calidad y belleza de su propuesta bajo la conducción de su emprendedor director Ernesto Tamayo.

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