La inmensa estatura de un pequeño pueblo (+Línea del Tiempo)

La inmensa estatura de un pequeño pueblo (+Línea del Tiempo)

El 26 de septiembre de 1960 el entonces Primer Ministro cubano Fidel Castro Ruz habló por primera vez en el XV período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Fidel Castro Ruz
Foto: Tomada del sitio Fidel, soldado de las ideas

Ante un auditorio acostumbrado a escuchar intervenciones breves y protocolares el carismático líder de 34 años pronunció un contundente discurso de más de cuatro horas, acompañado en numerosas ocasiones por aplausos, en el que expuso extensamente la realidad de Cuba antes y después del recién conquistado triunfo revolucionario y la creciente agresividad a que era sometida por parte del Gobierno de Estados Unidos al ser afectados sus intereses en su hasta entonces neocolonia.

ese a ello destacó que el Gobierno cubano había estado siempre dispuesto a discutir sus diferencias con la administración de ese país sobre la base del respeto y beneficio mutuos, pero este ofrecimiento no había sido aceptado.

Abordó además con valentía los más acuciantes problemas que aquejaban a los pueblos subdesarrollados, y a la humanidad, al punto de que un diplomático suramericano expresó que “la Isla del Caribe parece ahora un continente”.

Inaudito maltrato

La calurosa acogida brindada por cientos de simpatizantes de la Revolución que permanecieron durante horas en el aeropuerto bajo una persistente lluvia en espera de la delegación cubana, contrastó con el maltrato de que esta fue objeto por parte de las autoridades.

Fidel lo denunció en sus palabras ante el plenario de la Asamblea General de la ONU: la delegación fue confinada a la isla de Manhattan con el pretexto de seguridad y después tuvo que abandonar el hotel donde se alojaba por exigencias monetarias inaceptables de la gerencia.

Antes de abandonar el hotel, el líder cubano saludó al periodista Herbert Matthews, quien había acudido a visitarlo, y la presencia allí de otros reporteros convirtió el encuentro en una improvisada conferencia de prensa en la que Fidel expresó, entre otros asuntos, que ante la falta de hospitalidad acamparía en los jardines de las Naciones Unidas, decisión que le comunicó al secretario general de la ONU.

Finalmente Fidel aceptó el ofrecimiento de alojarse en el hotel Theresa, en el humilde barrio de Harlem, donde permaneció durante su estancia en Nueva York. Allí recibió la más entusiasta bienvenida por parte de los habitantes del lugar y el saludo de dirigentes de organizaciones negras; fue visitado por el primer ministro de la Unión Soviética, Nikita Jruschov, y recibió a otras personalidades.

El quid de la paz y de la guerra

En su extensa intervención en el plenario de la Asamblea General de las Naciones Unidas Fidel hizo una valiente y audaz radiografía del mundo, cuando señaló:

El mundo está dividido entre intereses monopolistas. ¿Quién se atrevería a negar esa verdad histórica? Y los intereses monopolistas no quieren el desarrollo de los pueblos. Lo que quieren es explotar los recursos naturales de los pueblos y explotar a los pueblos. Y mientras más pronto recuperen o amorticen el capital invertido, mejor”.

Y agregó más adelante un razonamiento acompañado de una afirmación que arrancó aplausos al auditorio: “Para qué darle más vuelta a la cuestión. Este es el quid de la cosa, incluso, el quid de la paz y de la guerra, el quid de la carrera armamentista o del desarme. Las guerras, desde el principio de la humanidad, han surgido, fundamentalmente, por una razón: el deseo de unos de despojar a otros de sus riquezas. ¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra! ¡Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso!”.

Y para que quedara clara la posición del Gobierno Revolucionario de Cuba concluyó su discurso con la lectura de fragmentos de la Declaración de La Habana, aprobada recientemente por 1 millón de cubanos reunidos en la Plaza de la Revolución de la capital, que condenó la explotación del hombre por el hombre, y de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista; hizo causa común con los humildes y enarboló su derecho a armarse para resistir los ataques imperialistas y defender por sí mismos sus derechos y sus destinos.

Cuba en la ONU

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