Elogios y admiración del Presidente (XV y Final)

Elogios y admiración del Presidente (XV y Final)

Como expliqué en el relato de la semana pasada titulado ¿Progreso? los enviados de la prensa escrita establecimos lo que pudiéramos llamar el “puesto de mando” para la cobertura a la labor de los colaboradores cubanos de la salud llegados a Honduras con el propósito de atender a los damnificados por el huracán Mitch, en la norteña ciudad de La Ceiba, caracterizada por su belleza y porque viven en ella, según afirman con orgullo sus residentes, las personas más amables de todo ese país. Ambos aspectos pudimos comprobarlos durante cuatro meses.

Era mi costumbre agarrar temprano la computadora portátil, desayunar algo donde pudiera e irme para la redacción de la corresponsalía del periódico La Prensa en el departamento (provincia) de Atlántida. Es tradicional que los periodistas, dondequiera que se encuentren, se ayuden unos a otros. Aquella oficina se convirtió en mi sitio permanente de trabajo, porque sobre todo, fui muy bien acogido.

Una mañana del mes de marzo del 2000 me interceptaron antes de llegar a ella los colegas y amigos entrañables Ramón Tejeda (periodista) y Omar Galindo (fotorreportero), quienes formaban el dúo estelar de ese diario en el norte hondureño. Me preguntaron si estaba interesado en entrevistar al Presidente del país. Ni corto ni perezoso les respondí que sí y Ramón me dijo: “Pues vamos a intentarlo”.

Hicieron espacio en el auto de la corresponsalía y tomamos la carretera hacia la localidad de El Porvenir, cabecera del municipio del mismo nombre, también ubicado geográficamente en la zona norte. En el trayecto me explicaron que Carlos Roberto Flores Facussé, quien ocupaba la presidencia desde de enero de 1998, inauguraría un asentamiento de nuevas viviendas construidas por el Gobierno para personas a las que el huracán Mitch les llevó todo. “Esto es a suerte y verdad”, dijo el fotógrafo Omar, como “poniendo la teja antes de que cayera la gotera”, por si acaso el Presidente no aceptaba ser entrevistado por un periodista cubano, pues estaba aún latente la adversidad del Colegio Médico Hondureño (CMH) por la presencia de los especialistas y técnicos cubanos.

El Comandante en Jefe Fidel Castro y Carlos Roberto Flores Facussé durante la IX Cumbre Iberoamericana, efectuada entre los días 15 y 16 de noviembre de 1999 en La Habana. Foto: www.latribuna.hn
El Comandante en Jefe Fidel Castro y Carlos Roberto Flores Facussé durante la IX Cumbre Iberoamericana, efectuada entre los días 15 y 16 de noviembre de 1999 en La Habana. Foto: www.latribuna.hn

Llegamos a El Porvenir, tomamos un terraplén a la derecha y encontramos el nuevo caserío, engalanado con banderas multicolores y lleno de pobladores vestidos como para fiesta dominical. Ramón y Omar me presentaron a varios colegas que no conocía, tanto de la prensa escrita, como de la TV y la radio. A la media hora se sintió el sonido fuerte de un helicóptero y alguien afirmó: “¡Ahí viene el Presidente!

Como el acto de inauguración no era de mi interés, me replegué a un lado. Ramón y Omar salieron corriendo hasta el punto de aterrizaje y como a los quince minutos el primero llegó con una buena noticia: “Hablé con alguien muy allegado al gobernante y le consultó. Dice que te atenderá, pero que te pide no abordar temas complicados de política internacional o asuntos fronterizos”. Le respondí: Dile que solo me interesa su opinión sobre la labor de los médicos cubanos.

Terminada la ceremonia de entrega de las viviendas, ya cerca del mediodía, se acercó el auto del diario La Prensa y Omar, el fotógrafo, me indicó que subiera rápido. Avanzamos detrás de la comitiva presidencial y llegamos a un restaurante construido de madera, sin paredes, ubicado justamente al lado de un riachuelo. Carlos Roberto Flores, ministros y otros altos funcionarios gubernamentales se sentaron en una larga mesa, al lado derecho del local, y los periodistas ─todos, sin excepción (algo que me llamó la atención)─ en las restantes, algunas para cuatro personas, otras para seis. Los amigos del periódico La Prensa y yo nos ubicamos en la parte final.

Al rato vino hasta nosotros quien había servido de intermediario y me dijo: “Enseguida lo atenderá el Presidente”. Alisté la grabadora y puse cerca la agenda y el bolígrafo. A los cinco minutos me vi sentado frente a Carlos Roberto Flores Facussé. Me saludó cortésmente y dijo de inmediato: “Te invito a almorzar conmigo; antes hagamos la entrevista”.

Le pregunté entonces por sus consideraciones sobre la labor de los colaboradores cubanos de la salud. Se deshizo en elogios. Reconoció la consagración y la actitud altruista que mantenían como parte de la etapa llamada de Reconstrucción Nacional; el hecho de estar en lugares muy difíciles, como las aldeas más apartadas de La Mosquitia; la enorme cantidad de personas atendidas; la humildad que mantenían, pues no vivían en las mejores condiciones y no reclamaban nada al respecto… Dijo que era un orgullo para Honduras contar con la solidaridad de Cuba, uno de los primeros países, junto con México, en llegar después de las desgracias causadas por el huracán Mitch. Agradeció el gesto de apoyo del Gobierno cubano y aseguró que era muy importante para el pueblo hondureño, sobre todo para los más pobres.

Apagué la grabadora, algo que él comprobó visualmente. Entonces, me dijo: “Ahora hablaremos de todo lo demás que le interese”. La conversación se extendió mientras duró el almuerzo. Por ética elemental aún guardo en mi memoria los temas abordados y sus opiniones. Solo daré a conocer uno: su significativa admiración por Cuba.

Nos volvimos a encontrar el día que el equipo de prensa regresaba a Cuba, una vez finalizada la misión asignada. En el aeropuerto de Toncontín, en Tegucigalpa, el mismo periodista que coordinó la entrevista en El Porvenir, me llevó hasta el Salón de Protocolo. Saludé de nuevo al Presidente, quien me explicó que haría una visita privada a Estados Unidos y pidió discreción informativa. Aseguró que había leído la entrevista publicada en el diario Granma y que fue reseñada por múltiples agencias de noticias. Al conocer que regresaba al terruño afirmó: “Las puertas de Honduras estarán siempre abiertas para usted mientras yo sea Presidente”, me dijo y nos estrechábamos las manos.

En enero del 2002 Carlos Roberto Flores Facussé finalizó su etapa presidencial. Antes de entregar el mando restableció oficialmente las relaciones diplomáticas con Cuba, a nivel de embajadas.

 

Nota del autor: Con este relato finalizamos una serie que ha abordado múltiples aspectos del trabajo de los colaboradores cubanos de la salud llegados a Honduras después del paso del huracán Mitch y otros aspectos de la vida y la geografía de esa nación centroamericana. Próximamente publicaremos una entrevista con el actual jefe de la brigada médica cubana en ese país, con motivo igualmente, del aniversario 20 del inicio de la ayuda solidaria.

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