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África: numerosas especies amenazadas de extinción

El cambio climático, el aumento demográfico de la población y la consiguiente destrucción del hábitat son los principales factores del descenso de la fauna africana, señaló un estudio presentado a principios de este mes en Addis Abeba, capital de Etiopía.

Animales salvajes africanos disminuyen su población de modo alarmante. Foto: www.imagexia.com

El informe, titulado Servicios de biodiversidad y ecosistemas para África, fue elaborado por las Naciones Unidas con la colaboración de 550 expertos de todo el mundo coordinados por la plataforma Ipbes; y sirvió como base para organizar un simposio en la Universidad de Addis Abeba con miras a buscar soluciones viables a fin de enfrentar los retos que tal situación impone de cara al futuro.

De acuerdo con la investigación, aproximadamente unos 500 mil kilómetros cuadrados de tierra de este continente —una superficie similar a la de España— se han degradado por la sobreexplotación de los recursos naturales, la erosión, la salinización o la contaminación, lo que conlleva a la degradación de los ecosistemas y el consiguiente perjuicio para diversas especies de la flora y la fauna.

La biodiversidad de la región será sometida a una presión incluso mayor porque la cantidad actual de habitantes, de unos mil 250 millones de personas, se duplicará, según pronósticos, hasta los dos mil 500 millones para el año 2050.

El riesgo futuro para la vida salvaje ha hecho alzar las voces de alarma, porque el contexto se percibe preocupante sobremanera, en opinión de expertos.

El estudio señala que entre los animales más perjudicados se encuentran las jirafas, cuya población se ha reducido un 40 % en los últimos 30 años; y los leones, que han disminuido un 43 % en las dos últimas décadas.

Los grandes felinos, que necesitan de extensos territorios para cazar, son los más perjudicados debido a la ocupación de su hábitat por los humanos. Algo similar sucede con el guepardo, el mamífero terrestre más veloz, pues en un siglo su hábitat se redujo en un 89 % y su población ha pasado de 100 mil a menos de siete mil.

Otro síntoma del problema es el elefante: más de 33 mil ejemplares son abatidos cada año por quienes comercian clandestinamente con el marfil de sus colmillos. Cada día se ven agrupaciones más pequeñas, sin ejemplares de gran tamaño, y a la mínima presencia de humanos, se ponen nerviosos, rodean a las crías y se alejan, lo cual no era así hace unos años, según los especialistas.

Los expertos apuntan no solo a la caza furtiva. Cada vez hay más sequías que provocan una gran mortalidad, y el crecimiento exponencial de la población conlleva a que el hombre no sólo destruya el hogar de los animales salvajes, sino que también lo ocupe para cultivar o realizar otras actividades.

A lo anterior se suma la falta de escrúpulos de compañías mineras que quieren extraer la riqueza del subsuelo ubicado en las reservas de naturaleza. Grupos rebeldes y mafias también se aprovechan de la inestabilidad en algunos países y se involucran tanto en la caza furtiva como en el tráfico de animales y de sus partes hacia mercados donde obtienen jugosas ganancias.

Pese a la gravedad de la situación, en el informe de Naciones Unidas se reconoce lo positivo de algunas medidas tomadas por las autoridades de varios países,  como el establecimiento de áreas protegidas, mejora en la gestión de las reservas, la restauración de ecosistemas y una red de corredores para la fauna salvaje.

La voz de alarma está dada.  Ojalá se extienda con indetenible fuerza, como retumba en las sabanas africanas el poderoso rugido de sus emblemáticos leones.

(Con información de PL)