Trabajadores

El diluvio calma la sed

Por Fabio M. Quintero y Mauro Díaz, estudiantes de Periodismo

La ansiedad está latente en las gradas del Pedro Marrero. Algunos hinchas agitan banderas cubanas, otros siguen con palmadas los ritmos que alguien hace con las claves. Un aficionado no soporta la espera ni la distancia, pareciera como si pretendiese entrar al campo de juego. Un par jóvenes sueñan despiertos: se imaginan a Cuba ganando la Copa Oro o clasificando para el próximo Mundial.

Por fin pisan la grama del antiguo estadio La Tropical los once jugadores titulares de la Mayor de las Antillas. Los ídolos locales reciben aplausos marciales y gritos desmesurados. Quizás no son tan perfectos ni espectaculares como los jugadores de Brasil o Argentina, pero son los ponen en alto las cuatro letras de Cuba.

La Mayor de las Antillas comienza su andadura en la Liga de Naciones de la CONCACAF contra las Islas Turcas y Caicos, un archipiélago de solo 33 000 habitantes y último lugar en el ranking de la FIFA.

Los locales, dirigidos por Raúl Mederos, tomaron las riendas del partido desde el primer minuto y derrotaron 11-0 al modesto rival. Una de las goleadas más grandes en la historia de la selección. ¿Un punto de inflexión de cara a los próximos compromisos internacionales?

Aunque abultado, el resultado es engañoso. El nivel del combinado cubano no es tan elevado como se vislumbró en la jornada del ocho de septiembre. El contrincante nunca propuso, la defensa no fue en ningún momento férrea y amontonaban hombres en su cancha sin ningún rigor táctico. Los futbolistas, imprecisos en los mano a mano, lentos y sin ninguna disciplina, apenas oponían resistencia a las galopadas en ataque de los anfitriones.

Por la selección local destacaron los tres jugadores más importantes de la convocatoria: Daniel Luis Sáez, Andy Baquero y Jordan Santa Cruz. El volante de recuperación capitalino daba salida y estaba muy preciso en cada pase; Baquero tenía libertades por todo el campo y ayudó mucho en ataque; y el extremo cienfueguero brindó el desequilibrio y juego vistoso que tanto anima las gradas, además, hizo de taco el mejor gol de la lluviosa tarde.

Precisamente, Daniel Luis Sáez, quien juega ahora en República Dominicana, dijo al término del choque: “Hay que pensar en el próximo partido y sobre todo en República Dominicana, el competidor más duro que veremos este año. En 2019 enfrentaremos a Haití, el favorito de la llave”.

Sobre el abultado marcador el seleccionador sub-20 Raúl González Triana expresó: “Lo fundamental fue que el equipo elevara el nivel competitivo y consiguiera los tres puntos”.

Asimismo, Roberney Caballero, autor de dos dianas a pesar de haber ingresado en el tiempo complementario, manifestó que era necesario trabajar en las coberturas y en el retroceso de los volantes para mejorar el accionar del plantel. “Podemos clasificar para la Copa de Oro e incluso para el Mundial”.

Esta gran atmósfera balompédica en el estadio de Marianao volverá a recrearse el próximo 17 de noviembre cuando Cuba enfrente a República Dominicana. Antes visitará a Granada el 13 de octubre.