Adversidad convertida en proeza

Adversidad convertida en proeza

Eran los días finales del mes de mayo. Llovía a cántaros. Parecía que jamás cesarían las precipitaciones. La tormenta subtropical Alberto se ensañó con la región central de Cuba. Con el paso de las horas y los días comenzaron a “aparecer” las afectaciones: inundaciones, derrumbes parciales y totales de viviendas, plantaciones agrícolas dañadas, viales interrumpidos…

El derrame de hidrocarburos hacia la bahía de Cienfuegos fue afrontado con labores complejas y muy difíciles. Foto: Ismary Barcia
El derrame de hidrocarburos hacia la bahía de Cienfuegos fue afrontado con labores complejas. Foto: Ismary Barcia

A esos daños, por los avatares de la naturaleza, ya estamos un tanto acostumbrados. Pero un hecho inusual estremeció los medios informativos y elevó la preocupación. Las piscinas de residuales de la refinería de petróleo de Cienfuegos se llenaron y desbordaron, lo que provocó que unos 12 mil m3 de sustancias oleosas (aceitosas) e hidrocarburos corrieran superficialmente hasta las aguas de la bahía. ¡Apareció de pronto una gran adversidad! El ecosistema estaba en peligro, pues el petróleo y sus derivados son altos contaminantes.

No obstante, como titulamos un trabajo al respecto publicado por aquellos días, “tras la tormenta no llegó la calma”. Con prontitud arribaron a la refinería técnicos y especialistas y con la mayor rapidez fueron adoptadas las primeras decisiones, como frenar el avance de las sustancias con barreras de contención y aplicar, cuanto antes, otras que permitieran en el menor tiempo posible sanear la rada y devolverle su esplendor tradicional.

Se trabajaron de manera ininterrumpida jornadas de 12 horas. Tomaron parte en las muy difíciles labores 225 trabajadores, no solo de la planta refinadora cienfueguera, sino también de otros sectores.

Fue una batalla contra el tiempo. Avanzaron gradualmente. En el día número 26 de intenso trabajo se consumó ¡por fin! la victoria y quedó atrás la adversidad. La bahía se veía esplendorosa de nuevo.

Los registros indicaron la magnitud de la proeza. Fue necesario extraer mil 661 m3 de flor de agua contaminada con hidrocarburos, 883 de petróleo residual y 741 de aguas oleosas y se limpiaron los cascos manchados de más de 149 embarcaciones, entre ellas los catamaranes de la Marina Puerto Sol.

Directivos de la refinería, en precisiones hechas a Trabajadores, destacaron que las extremas condiciones con cuales se laboró y el esfuerzo y la dedicación tuvieron el reconocimiento de todas las visitas recibidas en esa etapa por parte de las autoridades del país y la provincia y representantes de la Defensa Civil Nacional y el Ministerio de las Fuerzas Armadas.

El 7 de julio pasado, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, conoció in situ de la labor realizada durante el saneamiento. “Esta visita a la refinería nos ha permitido apreciar la magnitud del trabajo desarrollado para eliminar las consecuencias del vertimiento de hidrocarburos en la bella bahía de Cienfuegos. La responsabilidad, la entrega, la disposición y la inteligencia con que se acometió la enorme envergadura de este trabajo, dice mucho de la calidad revolucionaria y profesional de su colectivo y de su compromiso con la obra de la Revolución. ¡Felicitaciones y éxitos!”, escribió en el libro de visitantes.

En el acto central por el aniversario 61 del Levantamiento Popular Armado de Cienfuegos, el 5 de septiembre, le fue entregada la bandera de Proeza Laboral a la refinería Camilo Cienfuegos, por acuerdo del Secretariado Nacional de la Central de Trabajadores de Cuba.

Momento en que el Comandante del Ejército Rebelde Julio Camacho Aguilera; José Cabrera Cabrera, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de Energía y Minas; y las principales autoridades de la provincia de Cienfuegos, entregaron al colectivo de la refinería cienfueguera la bandera de Proeza Laboral. Foto: Efraín Cedeño
Momento en que el Comandante del Ejército Rebelde Julio Camacho Aguilera; secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de Energía y Minas, José Cabrera Cabrera; y las principales autoridades de la provincia de Cienfuegos, entregaron al colectivo de la refinería cienfueguera la bandera de Proeza Laboral. Foto: Efraín Cedeño

Un comentario en Adversidad convertida en proeza

  1. Más que bien merecida la distinción para todo(a)s quienes participaron en el saneamiento de la bahía tras el desastre; es justo que se les reconozca por el derroche de esfuerzo, sin mirar hora ni condiciones del tiempo, sin descontar la ayuda natural que significó la profusión de jacinto o flor de agua, que hizo las veces de “esponja” y ayudó a confinar el vertimiento. Pero cabe preguntar: ¿qué le sucedió a los responsables? Es increíble que nada haya pasado, que nadie haya pagado por tamaña irresponsabilidad, porque de eso se trató, y no de una supuesta avenida de la presa Abreus, como le mintieron al presidente cubano Miguel Díaz Canel cuando les visitó. El más cercano de los “columpios” al sur del puente sobre el Damují (me refiero a las dos depresiones que ayudan a evacuar las aguas desbordadas del río cuando es menester aliviar el embalse para mantenerlo en su cota de seguridad hidrológica) queda a más de medio kilómetro de las piscinas. De manera que quienes sabemos dónde está cada cosa, sabemos que fue un burdo pretexto mentiroso el que esgrimieron los directivos de la Refinería. Las piscinas se desbordaron porque sorprendió a todo el mundo el nivel de precipitaciones en esa zona y no se bombeó el agua cuando era necesario que se hiciera. En uno de los primeros reportes televisivos de Ismary Barcia para el NTV sobre este hecho, un directivo lo reconoció ante cámaras y fue explícito al significar que esa (y no otra) fue la causa del desborde de las piscinas de contención de residuales oleosos. Ese material existe y se puede revisar. Luego los jefes de la entidad (y sabrá Dios cuántos más) cambiaron la versión cuando la magnitud del desastre se hizo evidente y el escándalo era ya de proporciones internacionales amplificado por las redes sociales. Lo increíble de todo esto es que 30 años después de un derrame similar por la rotura de una ducto submarino en la zona de Reina, los responsables de aquel desastre (los que quedan vivos, pero subsisten con una jubilación) aún paguen a la Caja de Resarcimiento por su cuota de responsabilidad, sin contar los que entonces fueron a prisión y purgaron. Treinta años después se repite el drama, pero ahora la impunidad se enseñorea. ¿Cómo entenderlo? ¿Cambiaron las leyes o cambiaron los encargados de hacer que la justicia se cumpla?

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