Trabajadores

No es fácil, tampoco imposible

La discusión del documento base al XXI Congreso de la CTC nos está permitiendo acudir más de lo habitual a disímiles colectivos laborales y conocer historias que subyacen o dan pie al análisis en estas importantes asambleas.

Como en todo existe una excepción, hay quienes superan el ABC de citar y hacer el debate. Así ocurrió en la Empresa Militar Industrial (EMI) Granma, donde antes de la reunión con dirigentes sindicales y administrativos del nivel superior, los trabajadores recibieron una explicación de los aspectos esenciales contenidos en la convocatoria, a fin de que se prepararan bien.

No hizo falta planificar un encuentro extra, y así nos lo recalca el secretario general de una de las secciones sindicales, Antonio Suárez Valdés, “porque aquí no solo está bien engrasado el mecanismo para producir”,  afirma sonriente.

Antonio Suárez Valdés (al centro) es Vanguardia Nacional por casi dos décadas y acumula 39 años al frente de una sección sindical. Foto: René Pérez Massola

Indagaciones posteriores nos corroboraron que ellos cumplen lo que se llama a profundizar, generalizar o sistematizar en la labor de los sindicatos en el país: los encuentros asiduos del ejecutivo, la realización mensual de sus asambleas de afiliados y representantes, y los intercambios semanales sin importar el nombre, para analizar brevemente por dónde van y qué falta en la producción, en la atención al hombre y qué preocupa al colectivo.

Me gusta el trabajo sindical

Con Antonio comenzamos hablando de su labor en la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (Anir), en la cual se ha destacado tanto que acumula más de 20 años como Vanguardia Nacional en esta organización y en el Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa, méritos por los que fue propuesto para recibir la Orden Lázaro Peña de Tercer grado.

Y de pronto, entre tuercas, cables y tornillos, nos dice que a sus responsabilidades, antes al frente del taller de electrónica y hoy de una unidad  básica, suma la de dirigir hace 39 años una sección sindical, que actualmente tiene 59 afiliados.

“Me gusta representar a los trabajadores y también con ello alcanzo cierto nivel de realización. Es un dar y recibir, porque se trata de deberes y derechos. Asimismo como  organizamos y realizamos la reunión más importante que es la asamblea de afiliados apoyamos a la dirección administrativa en el cumplimiento del plan de producción”, expresa.

“Todos los lunes hacemos  el día del agitador y la propaganda. En solo 15 minutos el sindicato convoca a todos para conocer las tareas de la semana, se habla de efemérides, de lo más relevante  en el área internacional y nacional, y el jefe explica los resultados de la unidad básica y orientaciones emanadas del consejo de dirección que se hace cada viernes.

“En estos encuentros participan representantes del sindicato y de las organizaciones políticas y la administración. Es ocasión oportuna para aclarar dudas, estar al tanto de las inquietudes de los trabajadores y eso contribuye mucho al buen clima y a no diluirse en nimiedades. Así hemos posibilitado que nuestra unidad materialice sus planes antes de lo previsto y continuemos con el mismo esfuerzo para contribuir  con el resultado del año de la EMI”, puntualiza.

Del tecnológico a la concreta

Corría el año 1977 cuando Antonio empezó a trabajar en el mismo taller, proveniente de la enseñanza tecnológica. No es de extrañar que desde entonces haya participado en todos los proyectos de unidades de superficie de la Marina de Guerra Revolucionaria, con excepción de los dos años en que, por el Servicio Militar General, cumplió misión en la República Popular del Congo.

Cuenta que su permanente hábito de estudiar lo ha salvado de no pocas dificultades, como estar actualizado en las nuevas especialidades vinculadas con los barcos, e incluso romper las barreras del idioma, pues en un primer momento tuvo que dominar el ruso, para lo cual se auxilió de su compañero Manuel Poo*, y posteriormente lo perfeccionó cuando viajó a la URSS para recibir un curso.

“Hace 10 años tuve que aprender inglés por la tecnología que nos empezaba a llegar y también para poder dar respuesta a nuevos proyectos del Centro de Investigaciones y Desarrollo Naval, y a la demanda en las unidades de superficie terrestres y navales”, abunda.

“Aquí ─recalca─ está desterrada la frase no se puede. Lo habitual es decir dame un chance, déjame pensar y en más de un 95 % se resuelven los problemas de disímil índole.

“Lo normal es que me auxilie con alguien porque siempre parto de que la mejor no es mi idea ni la del otro, sino el conjunto de conocimientos, de inventiva”.

No recuerda cuándo se integró al Comité de Innovadores y Racionalizadores pero sí que lo hizo por su interés innato de tratar de dar solución o respuesta a cualquier asunto, pues no solo pone cuidado en la reparación de los barcos sino también algún problema doméstico de un compañero, como arreglarle la arrocera o el televisor.

 

*Manuel Poo Lazo: Héroe del Trabajo de la República de Cuba desde el 2003, por el Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa