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Elogio de Carilda

Carilda Oliver Labra ha muerto en la misma ciudad que la vio nacer, hace 96 años. El amor de la poetisa por su tierra ha quedado inmortalizado en varios poemas.

 

Escribió Carilda, en el célebre canto a su ciudad: Matanzas: bendigo aquí/ tus malecones mojados,/ los árboles desterrados/ del Paseo de Martí/ y el eco en el Yumurí./ Y van mis lágrimas, van/ como perlas con imán/ o como espejos cobardes/ a vaciar todas las tardes/ sus aguas en el San Juan.

En Matanzas hizo vida y obra; en Matanzas tejió su leyenda de poetisa romántica y apasionada, enamorada de las cosas y los espírutus de su patria chica.

Pero la ciudad correspondió esos amores: la erigió monumento vivo, símbolo y emblema de una cultura, hasta el punto de que hoy no se puede hablar de Matanzas sin hablar de Carilda. Y viceversa.

Su casa de la Calzada de Tirry devino espacio de tertulias deliciosas, en las que confluían todas las artes. Allí recibía últimamente a sus admiradores, a tantas personas que querían ofrecerle homenajes. Porque Carilda Oliver Labra fue una poetisa popular; ese es el privilegio mayor de los buenos poetas: que sus versos sean patrimonio de muchos, crónica múltiple, sentimiento compartido. Hay poemas de Carilda que forman parte del acervo esencial de nuestra lírica, y del patrimonio vivo de la gente.

¿Cuántos en Cuba desconocen estos versos memorables?: Me desordeno, amor, me desordeno/ cuando voy en tu boca, demorada;/ y casi sin por qué, casi por nada,/ te toco con la punta de mi seno.

Carilda Oliver Labra era poetisa de raptos y arrobamientos, pero su poesía era mucho más: la nutrían (la nutren, porque es poesía para toda la vida) corrientes subterráneas, raíces que bebían de la gran tradición lírica de su ciudad, de su país, de la inmensa poesía hispanoamericana.

Ella supo recrear, con aparente desenfado, juguetona y sutil, los eternos caminos del amor y el desamor, las claves de la pasiones humanas… y también, los dolores y las aspiraciones de su pueblo, las peripecias de una gesta.

En 1957, en los años duros de la tiranía batistiana, escribió otro de sus más conocidos poemas: No voy a nombrar a Oriente,/ no voy a nombrar la Sierra,/ no voy a nombrar la guerra/ —penosa luz diferente—,/ no voy a nombrar la frente,/ la frente sin un cordel,/ la frente para el laurel,/ la frente de plomo y uva:/ voy a nombrar toda Cuba:/ voy a nombrar a Fidel.

Carilda recibió grandes homenajes de su patria: el Premio Nacional de Literatura, la Orden Félix Varela… pero atesoró siempre, incluso en los años de relativo silencio, el cariño y el respeto de sus lectores, que son un pueblo. La ciudad que hoy la llora la mantendrá viva, en el recuerdo y en sus muchos libros, que son garantía de permanencia.

Carilda Oliver Labra fue ayer, y será mañana, la eterna novia de Matanzas.