Trabajadores

De los riesgos ocupacionales: hidrargirismo (+Infografía)

Las principales manifestaciones son dolores digestivos, salivación y nerviosismo, muy parecidas al daño que produce la intoxicación causada por otros metales pesados 

El hidrargirismo* es la enfermedad que ocasiona la intoxicación al mercurio o sus compuestos tóxicos y, como en el caso del saturnismo**, también es conocida desde la antigüedad.

Está contemplada entre las enfermedades profesionales que recoge la Ley número 116, Código de Trabajo, y por lo tanto, son de las afecciones que se diagnostican, atienden y reciben seguimiento en el Instituto Nacional de Salud de los Trabajadores (Insat).

 

 

Médico e investigador de la institución, Juan Antonio Castellanos Ortiz —Máster en Salud de los Trabajadores y especialista de Primer Grado en Higiene y Epidemiología— refirió que las principales manifestaciones son muy parecidas al daño que producen otros metales pesados, es decir, dolores digestivos, salivación y nerviosismo.

Sobre este último, el doctor Castellanos precisó que se trata de algo típico. “El mercurio es uno de los metales que a temperatura normal puede emitir vapores, por lo que también se conoce con el nombre de azogue, inclusive en la época antigua las personas decían ‘está temblando como un azogado’”.

(* El término proviene del latín hidrargirium, y este del griego hydragyros hydro (agua) y argyros (plata). ** Es la intoxicación causada por el plomo.)

El hidrargirismo puede presentarse en las personas que manipulan las amalgamas, como es el caso de quienes trabajan en las clínicas estomatológicas. Foto: Agustín Borrego Torres

Afecciones derivadas

Según confirmó el especialista están asociadas a los riesgos ocupacionales. Por ejemplo, en los lugares donde se manipulan las amalgamas (unión del mercurio con cualquier otro metal), como en las clínicas estomatológicas.

Además, quienes laboran en la confección de termómetros, barómetros, ampollas de rayos X y también de lámparas fluorescentes, baterías, equipos de medición, en el curtido de pieles; joyeros y alquimistas (aquellos que accionan con sustancias químicas).

Están expuestos asimismo al hidrargirismo los agricultores y los fumigadores, los que manipulan determinados productos derivados del metal en cuestión, los electrogalvanizadores, los obreros directamente vinculados a la producción de pinturas y los fabricantes de lámparas de mercurio, estos últimos (como es de suponer) son los que afrontan mayor peligro.

La necesidad de un marcado carácter preventivo

 Información científica consultada alerta que un tóxico como el mercurio provoca lesiones irreversibles a nivel del sistema nervioso y, por ende, cualquier tratamiento cuenta con pocas posibilidades de éxito. De ahí que la actuación correcta debe tener un marcado carácter preventivo.

Las tentativas por tratar la intoxicación comprenden el uso de antídotos que reducen la cantidad de esta sustancia en el tejido receptor, ya sea formando un complejo inactivo con mercurio o facilitando la eliminación del metal en los tejidos.

Según Castellanos, la prevención tiene dos vertientes, una en relación con el trabajador y otra con el centro laboral. En el primer caso son esenciales la educación sanitaria, la protección personal, y los exámenes de preempleo, periódicos y de reintegro.

En cuanto al centro de trabajo, resulta básica la inspección sanitaria estatal. Es importante —comentó— revisar dónde actúa el trabajador, qué y cómo lo hace, si cumple las normas higiénicas. Y además de la inspección realizar la llamada reinspección. Y, por último, hay que velar porque esas sustancias no contaminen la vecindad.

 

Más sobre el mercurio

¿Cuándo se descubrió?

El mercurio era conocido por los antiguos chinos e hindúes, antes del 2000 a.C.; fue encontrado en tumbas egipcias datadas del 1500 a.C. Se usaba para formar amalgamas con otros metales sobre el año 500 a.C. Los griegos lo empleaban para hacer pomadas y los romanos en la fabricación de cosméticos.

¿Qué es y para qué sirve?

Es un metal blanco plateado brillante, en estado líquido a temperatura ambiente, que normalmente se utiliza en termómetros y en algunos interruptores eléctricos. A temperatura ambiente, y si no está encapsulado, el mercurio metálico se volatiliza parcialmente, formando vapores.

¿Qué daños causa al hombre?

La inhalación de sus vapores puede provocar desórdenes neurológicos y de comportamiento, tales como temblores, inestabilidad emocional, insomnio, pérdida de memoria, cambios neuromusculares y dolores de cabeza. Asimismo es probable que afecte los riñones y la tiroides.

¿Cómo se utiliza? En termómetros, barómetros, manómetros, esfigmómetros, algunos tipos de válvulas como las de las bombas de vacío, interruptores de mercurio y otros dispositivos.

Para un mejor cuidado

– No comer ni fumar mientras se trabaja en contacto con el mercurio.

– Lograr una ventilación e higiene adecuada del lugar de trabajo.

– Usar medios de protección cuando se requiera.

– Cuidar la higiene personal diaria.

– De ser posible sustituir el mercurio por otro metal.

– Realizar los exámenes de salud establecidos.

Síntomas

a) Temblor, principal síntoma, se inicia en labios, lengua, dedos.

b) Estomatitis mercurial: náuseas, vómitos y diarreas.

c) Eretismo mercurial, alteraciones del sistema nervioso: irritabilidad, tristeza, ansiedad, insomnio, temor, pérdida de memoria, excesiva timidez, debilidad muscular, sueño agitado, susceptibilidad emocional, hiperexcitabilidad o depresión.

d) Alteraciones renales.