Trabajadores

La vida entre nichos y panteones

Fotos: Lourdes Rey Veitía

 

El ritual de un enterramiento y el culto a la muerte no les asustan, confiesan que ciertamente su oficio está acompañado por las horas de pena y dolor,  pero aseguran que es necesario y muy agradecido.

A él le llaman Pancho o “El viejo enterrador de la comarca”, en alusión a aquel sepulturero del que habla una triste y antigua canción. Ella es Noelia, lleva el nombre por la melodía que popularizó el cantante Nino Bravo.

Sus nombres reales son Francisco Rubio Cosme y Noelia Vázquez Molina, los enterradores de Corralillo, municipio de Villa Clara, único matrimonio de Cuba que se dedica a este oficio y ella la única mujer que lo practica.

Francisco y Noelia

Con solo escucharlos conversar es visible que la empatía entre ellos  viene por el respeto y dedicación a sus muertos. Aseguran que la muerte la asumen como el último estado del ser humano. Dicen que nunca han visto luces ni escuchado voces, no creen en historias de aparecidos. “Si en el cementerio hay voces, luces o pasos es un vivo. Aquí el que está afuera no quiere llegar y el que está dentro no puede salir”, asegura él, quien sabe todos los secretos de un oficio que ejerce desde hace más de tres décadas.

Ella es muy delgada, pero fuerte y rápida, sorprende por sus condiciones física y por estar siempre ávida de aprender cada detalle de esta labor que realiza desde hace seis años. Guataquea, rastrilla, da pico y pala. “Estoy enamorada de Pancho y del oficio que me enseñó, ha sido mi maestro” confesó.

“Aunque parezca que no, nuestros días son muy atareados: comprobamos que no hayan fisuras ni problemas en las tumbas o los nichos, le damos mantenimiento de pintura, resarcimos las rajaduras, repellos, hacemos cualquier trabajo de albañilería, sembramos flores, escardamos…muchas cosas. Si llegan familiares en busca de información los ayudamos a localizar a sus difuntos o lo que deseen siempre que podamos”, explican.

“Para nosotros es normal manipular cenizas y huesos, pero lo hacemos con delicadeza en consideración al que murió y a sus familiares, refiere Noelia. Los días de sepelio o exhumaciones son los más difíciles, porque se necesita tener condiciones físicas, el trabajo es duro, las losas son pesadas, no siempre son fáciles de manipular por la estrecha distancia que hay entre ellas, hay que vaciar las tumbas, abrir  huecos, etc., pero lo que más se afectan son los sentimientos.

“En un pueblo pequeño todos se conocen, agrega, uno llega a involucrarse con los casos. Aunque quieras establecer distancia, casi nunca puedes. Si son niños o muertes innecesarias como crímenes pasionales, accidentes, jóvenes con enfermedades largas, nos ponemos muy triste, esa carga va con uno”.

“Tenemos que saber manejar el espacio porque el cementerio es pequeño, debemos tener reservas para cualquier coyuntura. Hemos realizado enterramientos de madrugada por la descomposición del difunto o exhumaciones en horas impropias; siempre cumpliendo con lo establecido para los cadáveres, pero en momentos de sufrimientos hay que ayudar al prójimo”, precisó Pancho.

“Hay fechas muy señaladas como el día de las madres, el de los padres y el de los  fieles difuntos, en esas ocasiones nos gusta que el cementerio esté más lindo que nunca. El 7 de diciembre es otro día especial, se le rinde homenaje a los combatientes, nosotros cuidamos las tumbas de nuestros mártires, de los internacionalistas y combatientes, ese es un deber sagrado”, comentaron

“Nosotros como todos tenemos fechas muy propias, que son nuestros muertos más cercanos. Yo enterré a mi madre, eso fue desgarrador”, afirmó él y se le humedecieron los ojos a pesar de los años transcurridos. Ella habló de los suyos, “los voy a ver cada día, converso con ellos…”, y también le aparecieron lágrimas en su mirada.

El camposanto de Corralillo

 

Lo primero que asombra es la limpieza, el orden y el detalle de cada parte del camposanto. A la entrada un bosque de caobas que da sombra, las tumba, nichos, panteones u osario se ven higiénicos y pintados, no hay una sola rama de hierba y sí flores silvestres, cada utensilio está en su lugar.

Ellos sorprenden por estar prestos a dar su servicio con esmero y dedicación a cualquier hora y día; y en sus rostros es perceptible el  respeto absoluto.

El cementerio de Corralillo sobresale por estas cualidades entre todos sus similares de Villa Clara y en ello la labor de Francisco y Noelia ha sido decisiva.