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Trump, el señor de las sanciones

Si hay una cualidad evidente en Donald Trump es su facilidad para crear conflictos y entuertos a diestra y siniestra y subvertir la convivencia pacífica entre naciones.

Foto: Diario digital La Prensa Gráfica

En un grado mayor que sus antecesores, el multimillonario presidente de Estados Unidos ha dado continuidad a la política exterior y las relaciones internacionales de su país, sustentadas en la aplicación de medidas económicas coercitivas a aquellas naciones de las que pretende obtener ventajas políticas, amedrentar con sus amenazas o mantener bajo presión para lograr los aviesos objetivos imperialistas.

A las sanciones de carácter económico, comercial o diplomático, impuestas a Rusia, China, Irán, Corea del Norte, Venezuela, México o Nicaragua —respondidas enérgicamente por estos—, Trump une ahora las tomadas contra Turquía, mediante el doble incremento a los aranceles al acero y aluminio provenientes de ese país, establecidos el pasado mes de marzo en el 10 % y 25 %, respectivamente. Exportaciones vitales para la economía del país centroasiático, que atraviesa por una difícil situación inflacionaria y financiera.

Estas impositivas medidas afectan la exportación de acero a Estados Unidos y han originado la depreciación de la lira turca frente al dólar, afectado seriamente la economía y exacerbado las tensiones diplomáticas entre Washington y Ankara, a raíz del encarcelamiento de Andrew Brunson, pastor evangelista norteamericano, detenido por los órganos de inteligencia turca, acusado espionaje y terrorismo.

El presidente turco, Recep Tayip Erdogan, consideró las sanciones como una guerra económica de Estados Unidos contra su país, denunció sus efectos negativos y en respuesta a Washington duplicó los aranceles sobre importaciones norteamericanas de automóviles, bebidas alcohólicas, tabaco, cosméticos, arroz y carbón.

Según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI) las importaciones de Turquía a Estados Unidos el pasado año se elevaron a 12 mil millones de dólares, mientras sus exportaciones al mercado norteamericano alcanzaron los 8 mil 700 millones de dólares.

Como consecuencia de este diferendo entre estos dos países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), analistas internacionales estiman la posibilidad de una nueva crisis económica y recesión como la sufrida en el año 2008, signada por el alto endeudamiento exterior del país euroasiático.

Esta práctica de  guerra comercial, desleal y violatoria de las regulaciones del libre comercio mundial, utilizadas por el inquilino de la Casa Blanca en perjuicio de Moscú, Beijing, Teherán, Pyongyang, Caracas y ahora Ankara, encubre otros fines, que no se circunscriben a cuestiones financieras, tienen mayores objetivos hegemónicos y   desestabilizadores.

No escapa a los observadores que el deterioro de las relaciones turco-norteamericanas guarda relación con el mayor acercamiento político entre Ankara y Moscú y la petición de Erdogan de misiles rusos a Vladimir Putin, y sus crecientes relaciones con la República Popular a la política aislacionista practicada por Trump desde su arribo a la presidencia.

Selectivamente tampoco lo son para sus aliados de la Unión Europea a los que el presidente de Estados Unidos extiende la mano envuelta en un guante de boxeo.

El conflicto turco-norteamericano tiene incidencias en el seno de la Otan, en la situación de los millones de refugiados e inmigrantes que permanecen en Turquía y anhelan trasladarse a Europa, y es una potencial amenaza de convertirse en la espiral de una crisis financiera internacional, que incluiría también a los países ricos.

Pero a Trump, el señor de las sanciones, solo parece importarle hacer prevalecer su consigna de nacionalismo y aislacionismo extremos: Estados Unidos primero, aunque detrás de ello se geste un gran caos mundial.