Trabajadores

Huele a azúcar y viene del centro

Ilustración: Yoan Figueredo

Daniel Martínez, periodista de Prensa Latina

Cuando nos involucramos en un debate beisbolero nos abordan pasiones que confirman lo necesario que es para nosotros esa parcela del patrimonio nacional. Real, directa y emocional, la pelota nos estremece. Hoy les propongo arar un poco en la nostalgia. Solo les pido intentar desprenderse de esa camisa llamada exaltación, para tratar de desentrañar juntos este feliz misterio que convoca.

Seguramente los más veteranos recordarán a los célebres Industriales que se coronaron cuatro veces consecutivas en los años 60 del siglo XX. Otros quizás perpetuarán a los poderosos Vegueros y Pinar del Río de los 80 y 90, que armados de formidable pitcheo, excelente defensa y una metralla poderosa al ataque bailaron varias veces con la gloria.

Algunos también enarbolarán a los equipos de la capital de finales de los 80 y principios de los 90. Y no faltarán quienes asumirán que la Aplanadora santiaguera de las postrimerías de los 90 e inicios del siglo XXI, es la mejor selección de nuestros clásicos. Con una munición capaz de quebrar el más férreo de los blindajes creó un sólido reinado (ojo, gozaba de buena defensa y certero cuerpo de lanzadores).

Sin embargo, nuestra humilde opinión pretende desafiar a todas esas estirpes beisboleras. La escuadra más poderosa fue Las Villas, que en la conclusión de la década de los setenta y hasta finales de los ochenta, sembró el sobresalto en sus rivales de las Series Selectivas (para muchos la justa de más nivel que hemos tenido).

Aquel grupo contó con una ofensiva que incluyó durante un período a hombres como Amado Zamora, Pedro Jova, Víctor Mesa, Pedro José Rodríguez, Antonio Muñoz, Lourdes Gurriel, Miguel Rojas, Sixto Hernández y Alberto Martínez. Su amparo en el campo se sustentó en una admirable línea central, en tanto sus serpentineros, a pesar de no ser los mejores de la época, cumplieron su cometido.

La tesis que proponemos, sin introducirse en estadísticas profundas por falta de espacio, se sustenta en que la escuadra villareña superó a planteles muy completos, dueños de un pitcheo superior y que poseían contundentes ataques y gran defensa. Ello sin olvidar que fue la etapa de mayor nivel del béisbol cubano, no obstante algunos afirmen que el bate de aluminio fue un gran aliado.

La intención de lo expuesto no ha sido tratar de imponer el parecer que defendemos. El propósito es que usted indague, desempolve archivos y polemice. Ahí estaría el verdadero premio para este servidor, que ama la pelota y añora un pasado rico en espectáculo y resultados. Esa generación de Las Villas continúa como nuestra favorita. ¿Qué dice usted?, le reto con deportividad.