En defensa del patrimonio musical

En defensa del patrimonio musical

En 1978 la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos Ignacio Piñeiro daba sus primeros pasos para posicionarse dentro del mercado de la música nacional. A lo largo de 40 años los artistas y otros profesionales de la institución han sabido defender el patrimonio sonoro insular, con el que han conquistado disímiles escenarios del país.

Septeto Nacional Ignacio Piñeiro. Foto: tomada de www.granma.cu

El reconocido centro, actualmente dirigido por Bárbara Ruiz Hernández, lleva el nombre de uno de los compositores e intérpretes más importantes de todos los tiempos en Cuba, Ignacio Piñeiro. Autor de emblemáticas piezas como Esas no son cubanas (1927), Suavecito (1930) y Buey viejo (1932), el gran aporte de esta figura a la cultura cubana está dado por la forma de desarrollar, captar y expresar la riqueza del son.

“El desafío más grande ha sido defender la música popular tradicional, nuestra razón de ser”, explicó a Trabajadores Otoniel Aguilera Vázquez, especialista del departamento de Desarrollo Artístico de la entidad. “Aquí tenemos históricas orquestas con significativos aportes a la música cubana: la Aragón, América, Siglo XX, Jorrín y el Septeto Nacional Ignacio Piñeiro, con más de 90 años en escena, además del Septeto Habanero, la Sonora Matancera, y otras”, dijo.

Un vasto legado asegura la impronta de estas célebres agrupaciones. Sin embargo, ¿cuál es su talón de Aquiles? El público que asiste a sus presentaciones. “La Tropical se llena, pero con pocos jóvenes, al igual que el Palacio de la Rumba, por citar dos casos”, puntualizó Aguilera Vázquez.

“A partir de un estudio que hemos realizado —agregó— surgió un proyecto para renovar los espacios musicales y ganar en audiencia. Por ejemplo: por el aniversario 40, la ganadora de la segunda temporada del programa de televisión Sonando en Cuba, Yulaysi Miranda Ferrer, cantó con la Aragón. De eso se trata, unir dos estilos, en un principio separados”.

Entre los prestigiosos solistas de su catálogo —actualmente lo integran más de mil 500 artistas y 171 grupos— se encuentran Beatriz Márquez, José Gerardo Aldana, Raquel Hernández e Hilda Gorría. Tiempo atrás estuvieron Elena Burke, Luis Carbonell y Merceditas Valdés, según investigaciones de Aguilera Vázquez. “De esa vieja guardia quedan en activo Los Papines, con un valioso quehacer dentro del folklor. También está Yoruba Andabo, otro ejemplo de autenticidad que nos distingue”.

Como empresa han sabido renovarse y adaptarse a las tendencias más actuales de la música contemporánea. Bandas e intérpretes jóvenes integran hoy su nómina. Tal es el caso de Enid Rosales, Joe Joel, Arlenys Rodríguez, Octava Nota, al igual que los grupos Son de Oro y Son de Lirio. “Siempre que recibimos a una agrupación o cantante nos interesa mucho saber en qué se diferencia de los demás”, expresó.

La permanencia de las nuevas generaciones en conjuntos clásicos resulta fundamental al contribuir con significativos aportes musicológicos.

“Ellos vienen con nuevos aires y cumplen una labor profesional intensa”, comentó este especialista. “Cuando carecemos de algún músico recurrimos a los servicios sociales, pero el director tiene que hacer un trabajo de permanencia. No hemos logrado que los jóvenes sean la mayoría en las orquestas, pero sí hay una representación de tres a cinco músicos noveles”.

El mayor reto de la institución reside en conquistar diversos públicos con propuestas atractivas, una de las estrategias a seguir en este aniversario 40. De realizarse con éxito y mantener la meta, al pasar el tiempo habrá historias que contar de los artistas y espectáculos de la empresa Ignacio Piñeiro.

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