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Judoca pequeño, árbitro grande

William Rosquet, árbitro cubano de judo. Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

Barranquilla.— A los 13 años William Rosquet empezó a practicar judo. Pesaba entonces 53 kilogramos (kg) y llegar al equipo nacional en la división más pequeña (60 kg) era una utopía. Un lustro más tarde escogería el camino del arbitraje y hasta el día de hoy acumula desde esa función tres Juegos Centroamericanos y del Caribe (1998, 2014 y 2018), cuatro Juegos Panamericanos (2003, 2007, 2011 y 2015) y unos Juegos Olímpicos (2012).

Con categoría A era el árbitro de más rango en este deporte durante la cita regional, y varias veces el director técnico del área caribeña, que fungía como jefe de la competencia, le pidió apoyo para impartir justicia en al algún combate complicado o revisar un video ante una reclamación, tal y como establecen las reglas.

Pero el momento más duro para William es cuando un judoca cubano pelea y él está fuera observando. “Es muy difícil porque no puedes hacer gesto ni comentario, la emoción hay que tragársela y disfrutar la victoria en silencio. Fuera de los torneos si hemos trabajado mucho con los equipos nacionales a través de seminarios, y clínicas para apoyar su plan táctico”.

Su opinión sobre la actuación de nuestros equipos en esta lid colombiana saltó de manera espontánea. “Los he visto con un alto nivel técnico, pero el nivel del área ha crecido también, lo cual se evidenció en la Copa Panamericana y en el clasificatorio de Santo Domingo. Hay más rivalidad y la gente se ha preparado, a pesar de los ocho oros que logramos y el primer lugar por naciones”.

Para el 3er Dan de judo, el instante más inolvidable en su amplia trayectoria ocurrió en la cita de los cinco aros de la capital británica, cuando le tocó estar en la final de los 57 kilos entre la japonesa Kaori Matsumoto y la rumana Corina Caprioriu y tuvo que descalificar a esta última porque hizo una acción prohibida. “La evaluación fue buena, pero el combate era muy difícil y el solo hecho de haber sido seleccionado fue un reconocimiento grande”.

William es  siempre un defensor de sus compañeros. “Teníamos la intención de que participara otro árbitro en estos Juegos, pero no fue aceptado porque el número fue reducido. No obstante, vamos a seguir haciendo gestiones con la Confederación Panamericana para realizar un examen y aumentar sus categorías, el cual posiblemente pueda efectuarse en noviembre”.

Padre de tres hijos, dos varones y una niña, reconoce que sin el apoyo de su familia nada hubiera podido lograr. “A ellos les debo lo que soy y son mi inspiración para el trabajo”.