Construir el consenso

Construir el consenso

El reciente debate y aprobación en la Asamblea Nacional del Poder Popular del Proyecto de nueva Constitución, así como el acuerdo de someterlo en breve a una amplia consulta popular, son hechos que nos movilizarán a una intensa participación en los próximos meses.

La amplitud y detalle con que diputadas y diputados discutieron en el Parlamento fue una buena demostración sobre cómo a partir de la diversidad de criterios es posible y necesario llegar a construir un consenso que fortalezca nuestra unidad y perfeccione nuestro sistema social.

Otra evidencia que dejó este proceso es un desmentido a la falsa percepción que a veces escuchamos sobre un supuesto poco interés o falta de motivación en nuestra población por asuntos de interés político.

Fueron muchas las personas que siguieron con gran atención las sesiones televisadas de las jornadas parlamentarias, y todavía sin que tengamos en la mano el Proyecto de Carta Magna, ya somos bastantes quienes poseemos una idea aproximada de cuáles son los principales cambios propuestos y los puntos en que más nos interesaría profundizar.

En este sentido es importante hacia el proceso que comienza, ganar en conciencia de que la nueva Constitución que nos proponen resulta un salto cualitativo en el devenir político de la nación, lo cual conllevará de toda la ciudadanía un esfuerzo particular para su estudio y comprensión en su integralidad.

Cuando finalmente contemos con el texto, tendremos la oportunidad no solo de evaluar y formarnos nuestras propias opiniones con más precisión, sino de hacer sugerencias de modificaciones a todo el articulado de la próxima ley de leyes.

Por la complejidad y carácter progresista de las transformaciones que contiene, es crucial también que nos percatemos de que muy posiblemente habrá aristas o temas cuyo alcance final nos pueda resultar algo difícil de comprender o visualizar en su aplicación concreta, pero eso no quiere decir que dejemos de respaldarlos, ni tampoco que no pidamos los esclarecimientos que consideremos necesarios.

Tendremos que valorar también con respeto y humildad la labor de muchas personas expertas que participaron en la elaboración y mejoramiento de este proyecto desde su estudio y posterior discusión en diversos órganos colectivos de la dirección del país, pues lo más importante en este, como en tantas otros asuntos de la vida, es aprender a escuchar y tratar de comprender las razones ajenas, para con oído receptivo y criterio reposado, llegar a las mejores soluciones.

Y en asunto de tanta trascendencia como la Constitución que regirá el ordenamiento legal de Cuba para las próximas décadas, también es imprescindible asumir su estudio con la mente abierta y una mirada hacia adelante, tratando de proyectarnos y abrir un cauce para el futuro de nuestras hijas e hijos, con el pensamiento puesto más en el bienestar colectivo que en nuestras preocupaciones, dudas o reparos individuales.

Para los trabajadores y el movimiento sindical el nuevo texto constitucional debe resultar un acicate que estimule y garantice aún con mayor fuerza jurídica su implicación en la toma de decisiones políticas, económicas y sociales, en el marco de una sociedad socialista donde quienes aportan su riqueza tienen que ser a la vez sus principales ejecutores y beneficiarios.

Sin necesidad de particularizar aquí en ninguno de los cambios específicos propuestos, con los cuales podemos coincidir en mayor o menor medida, sí consideramos esencial ponderar la posibilidad que se nos ofrece —y el derecho que tenemos—, de contribuir entre todas y todos a construir las bases jurídicas para una sociedad socialista y revolucionaria lo más avanzada posible, como fue siempre el deseo, la impronta y el legado de nuestros líderes más visionarios en las diferentes épocas.

La sabiduría colectiva presidirá sin duda este ejercicio de ciudadanía al cual ahora se nos convoca, donde la máxima debe continuar siendo conquistar para hoy y para los tiempos venideros, toda la justicia posible, para todas las personas.

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