“¿No te das cuenta que ya Fidel tiene un 26 de Julio?”

“¿No te das cuenta que ya Fidel tiene un 26 de Julio?”

Cuando ya era evidente que el asalto al cuartel Moncada había fallado, el grupo encabezado por Abel Santamaría, que había ocupado el hospital Saturnino Lora, siguió combatiendo.

Ante la lógica preocupación de Haydée sobre qué iban a hacer ellos allí si el objetivo de la acción no se había logrado, Abel le explicó que su misión era tratar de seguir disparando para que en el cuartel creyeran que todavía quedaban grupos combatiendo en la calle y no persiguieran inmediatamente a los compañeros que tenían la oportunidad de ir hacia donde Fidel había indicado.

Años después Haydée, al evocar aquellos angustiosos momentos, relató que temiendo por la vida del hermano, le recordó que Fidel había dicho que Abel debía vivir, a lo que este respondió que quien tenía que vivir era Fidel y esos tiros y ese combate eran para que pudiera ponerse a salvo.

A ella le preocupó que si Fidel sobrevivía no le quedaría nadie para poder luchar, a lo que Abel replicó que sacaría a los combatientes de la inmensa cantidad de jóvenes luchadores y se haría otra cosa.

Y con una sonrisa le dijo a Haydée: “¿No te das cuenta que Fidel tiene ya un 26 de Julio?”. Y ella le dijo “¿Y para qué lo quiere?”. La respuesta del hermano sintetizó la confianza infinita en el líder y la convicción de que el camino escogido era el correcto: “Si Fidel ha podido hacer esto sin un 26 de Julio, ahora, teniendo un 26 de Julio ¿qué no será capaz de hacer Fidel?”.

La fecha había estado precedida por una colosal actividad conspirativa: seleccionar y organizar en células clandestinas a unos mil 200 hombres, en su inmensa mayoría jóvenes humildes que se sumaron a aquel Movimiento dispuestos a luchar por transformar la situación en que estaba sumido el país después del golpe del 10 de marzo de 1952; entrenar y armar al contingente que emprendería la acción y trasladarlo de un extremo a otro del país en un viaje de más de mil kilómetros sin despertar sospechas de la tiranía.

“Compañeros —les dijo Fidel antes de partir al combate a los compañeros reunidos en la granjita de Siboney— podrán vencer mañana o ser vencidos, pero de todas maneras este Movimiento triunfará. Si vencen mañana será lo que aspiró Martí, si no, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba. (…) El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la Isla; como en el 68 y el 95 aquí en Oriente damos el primer grito de Libertad o Muerte”.

Porque en las mentes de los asaltantes no se concebía solo desatar un conflicto bélico sino unir la acción de las armas con la participación de las masas para alcanzar una insurrección armada popular. El pequeño grupo inicial, como subrayó Fidel, haría el papel de detonante.

En aquel momento las acciones no lograron el éxito esperado pero se conquistó un triunfo de la moral y la dignidad. Era un revés más de los muchos por los que tuvo que atravesar el empeño emancipador, y el gesto heroico de aquellos jóvenes, sumado al programa enarbolado por el jefe de las acciones en el juicio a los asaltantes, fue la chispa que encendió la llama de la Revolución.

Los hechos sucesivos le dieron la razón a Abel. Ya Fidel y los patriotas cubanos tenían un glorioso punto de partida para continuar la obra de los libertadores: un 26 de Julio.

Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, objetivo central de las acciones.

 

Palacio de Justicia, donde los asaltantes al retirarse fueron detenidos, pero la rápida reacción de Raúl Castro Ruz hizo prisioneros a sus captores con lo que salvó la vida de sus compañeros que hubiesen sido torturados y ejecutados.

 

El asalto al cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, fue concebido para evitar la llegada de refuerzos a la guarnición del Moncada. Entre los asaltantes se hallaba Antonio Ñico López.

 

Hospital civil Saturnino Lora, tomado por el grupo de Abel en el que se encontraban el doctor Mario Muñoz y las dos únicas mujeres que participaron en la acción: Haydée Santamaría y Melba Hernández, cuya misión era atender a los heridos.

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