XIII Juegos: Excelentes en la Ciudad de las Flores

Cartel oficial de los XIII Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Cartel oficial de los XIII Juegos Centroamericanos y del Caribe de República Dominicana 1974.

Después de 32 años de haber sido sede de unos Juegos Centroamericanos y del Caribe, Colombia acogió la decimotercera edición (7 al 22 de julio de 1978), esta vez en Medellín, con el respaldo del gobierno nacional y local, así como el apoyo popular de los habitantes de esta ciudad.

Conocida mundialmente como la Ciudad de las Flores o de la eterna primavera por su excelente clima, la urbe sudamericana sirvió de sede también en 1978 a la Asamblea General de la Organización Deportiva Regional, ODECABE, en la cual fue elegido como presidente Germán Rieckehoff, de Puerto Rico.

En el propio cónclave regional se decidió entregar por vez primera el trofeo “José Beracasa”, en honor al titular saliente —después de cuatro mandatos se nombró presidente honorario vitalicio—, al bicampeón olímpico Alberto Juantorena, por considerarlo el atleta más destacado del ciclo que abarcó entre la edición de 1974 y la que comenzaba en ese momento.

La ceremonia inaugural en el estadio Atanasio Girardot complació a las 21 delegaciones asistentes (2605 deportistas), que tuvieron luego quince jornadas para estrechar lazos de amistad y confraternidad desde el deporte, objetivo principal de estas justas.

Dos atletas por prueba y fiesta de batazos

En medio de los preparativos de los decimoterceros Juegos se aprobó una importante modificación al reglamento para dar más opción de preseas a todas las naciones participantes, la cual para más orgullo fue propuesta al seno de la ODECABE por la delegación cubana.

Se trataba de limitar a dos atletas por país como máximo en todas las pruebas, en lugar de los tres permitidos desde la creación de las citas en 1926. De esta manera se consiguió mayor representatividad en el podio y se evitó que los competidores de una misma delegación acapararan todas las medallas en una determinada disciplina.

De lo más recordado quedó también la faena del equipo cubano de béisbol, el cual promedió casi seis cuadrangulares por partido. El más impactante de los pleitos ocurrió contra Puerto Rico, donde hubo una tercera entrada interminable, con récord de carreras (24), hombres al bate (27), jit (17) y jonrones (9).

Los boricuas iban ganando 2-0 hasta que en la parte baja de ese capítulo los bateadores cubanos fabricaron ese racimo de anotaciones y decidieron el juego en un super nocao que ha pasado a la historia como el de más abultado marcador.

El más sobresaliente bateador de la Isla en la justa resultó el antesalista Pedro José Rodríguez con 15 cuadrangulares, seis de ellos en dos juegos seguidos —tres por partido—. La prensa terminó llamando al conjunto como segunda representación boxística por la cantidad de nocaos propinados.

1978

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