Trabajadores

Argentina entre la ira y el FMI

Como el sombrío y popular tango de Gardel y Le Pera, la economía argentina y la gestión del Gobierno neoliberal del presidente Mauricio Macri, se encuentran cuesta abajo.

Situación que comenzó a gestarse en enero del 2016, a un mes escaso de la llegada al poder de Macri y su Gabinete empresarial, con la imposición de los tarifazos; aumentos en los servicios de agua, gas, electricidad, combustible, transporte público,,más la reducción de subsidios al consumo y despidos de miles de trabajadores estatales.

En dos años y medio de mandato macrista, se revirtieron los avances logrados por sus antecesores en la presidencia, Cristina Fernández  y Néstor Kirchner, quienes mantuvieron una política exterior de independencia de los centros de poder occidentales, sanearon las finanzas del país, mediante el pago de la deuda externa, incrementaron los niveles de empleo y la seguridad social, y alentaron el desarrollo agrícola e industrial.

Gobiernos ambos que promovieron también la integración económica suramericana con la creación y participación en UNASUR, de la que Macri retiró “temporalmente” a Argentina.

Las medidas de ajustes neoliberales aplicadas por el inquilino de la Casa Rosada, incrementaron la inflación y el nivel de pobreza de los sectores más desposeídos, fomentando un clima de inseguridad social que desembocó en airadas protestas y paros realizados por los trabajadores, los jubilados, las principales centrales sindicales, los partidos de izquierda y organizaciones de masa, en demanda de fuentes de empleo, mejores salarios y condiciones de vida, rebaja del astronómico costo de la canasta familiar, en rechazo a la reforma laboral y a que se hipoteque el país con préstamos leoninos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

En criterio de los especialistas, la lesiva política de  choque, los altos dígitos de inflación, la devaluación del peso argentino ante el dólar, el aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) al consumo, a las ventas, la prestación de servicios e importaciones de bienes, el déficit comercial, el pesado el fardo de la deuda externa, constituyen el gran retroceso y estancamiento de la economía argentina.

En las últimas semanas y como paliativo a los efectos de crisis financiera el presidente argentino solicitó al FMI un préstamo de 50 mil millones de dólares, que aumentará de la deuda y el pago de sus servicios y conducirá a mayores restricciones económicas y sociales para los trabajadores y el resto de la población.

La espiral de repudio a las “ayudas” del FMI ha ido acompañada del mayor paro general de los últimos años, decretado por las centrales obreras, al que se unieron gremios de la prensa por el reciente despido de más de 350 periodistas de TELAM.

Sí sorprendentemente las elecciones legislativas del año 2017, aún fueron favorables al oficialismo, la deteriorara coyuntura socio-económica y política del país austral, crea ahora expectativas y dudas sobre una probable reelección del actual Jefe de Estado para las elecciones presidenciales del 2019, en la que los argentinos irán a las urnas con  mayores descontentos y demandas, radicalmente distintas a aquellas con las que ejercieron el sufragio universal en el 2015.