Trabajadores

La higiene, indispensable en nuestros comedores

Muchos somos los que almorzamos en los comedores habilitados en nuestros centros laborales. En estos lugares, las jornadas casi siempre comienzan bien temprano, y por la cantidad de comida que debe elaborarse ciertos alimentos están listos varias horas antes de ser ingeridos.

La correcta manipulación, conservación y distribución de los alimentos en nuestros comedores obreros garantiza la salud de los trabajadores. Foto: René Pérez Massola

Quienes laboran en dichos sitios tienen la responsabilidad de realizar una correcta manipulación, conservación y distribución del menú; y muy importante es el fregado con abundante agua y detergente de las bandejas o platos, los cubiertos y los vasos que utilizamos.

En cada comedor debe prevalecer un ambiente de higiene que haga agradable la estancia. Es preciso controlar las esquinas o espacios donde pueda acumularse agua para evitar la presencia de mosquitos, moscas, cucarachas, los que infectan los alimentos y atentan contra la salud.

Sobre esto, el Código de Trabajo acota que la inspección sindical de protección, seguridad e higiene en el trabajo, en nombre de la organización sindical, controla y exige el cumplimiento de las normas, reglamentos e instrucciones vigentes en esa materia, con el objetivo de, entre otras acciones, disminuir las enfermedades profesionales.

Las autoridades sanitarias reiteran que acudamos de inmediato al médico si tenemos algunas diarreas, y más aún si estas son constantes. En tal sentido, la Organización Mundial de la Salud, OMS, estima que cada año las enfermedades diarreicas por transmisión alimentaria o hídrica cobran la vida de alrededor de 2 millones de personas, y en su mayoría niños.

Los especialistas cubanos velan por la prevención de enfermedades transmisibles como el dengue, que es muy prolífero en aquellas zonas donde la higiene no siempre es la mejor.

Uno de los elementos que propicia tales afecciones son las intensas lluvias que todavía persisten en esta época del año, las cuales contaminan y ponen turbia el agua que tomamos. El doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología, del Ministerio de Salud Pública, precisó en una entrevista a Trabajadores que no es suficiente hervir el agua que consumimos porque esta puede contaminarse con facilidad.

Afirmaba que el hipoclorito de sodio es lo único que garantiza la calidad, y por eso se hace necesario que en la casa y en los centros laborales bebamos líquidos en buenas condiciones.

La OMS refiere otros factores que afectan los alimentos que comemos, y cito ejemplos que vemos comúnmente en los comedores obreros. Entre estos está el insuficiente tiempo-temperatura durante el proceso de cocción, calentamiento o recalentamiento de las comidas; y la inadecuada acidificación, cuando los ácidos no alcanzan los niveles apropiados para eliminar los patógenos presentes en mayonesa, tomates enlatados, etc.

Las personas que trabajan en los comedores deben servirnos las comidas con gorro, usar el nasobuco, manipular los alimentos con guantes para evitar el estafilococo y no hablar mientras nos sirven. También cuidarán por el adecuado estado de conservación de determinados alimentos, y extremarán las medidas si algunos de estos quedan del almuerzo para la cena.

Los comedores donde almorzamos y comemos son asimismo espacios para el encuentro con amigos, para el intercambio de criterios, citas, reuniones importantes. Si mantenemos una estricta higiene en estos lugares, tendremos parte de nuestra salud garantizada: la del cuerpo y la de la mente. Y probablemente seremos más productivos.


La Organización Mundial de la Salud ha publicado algunos de los factores determinantes de las enfermedades transmisibles por alimentos. Entre estos están:

– Las fallas en la cadena de frío de comestibles potencialmente peligrosos.

– La preparación de alimentos varias horas o días antes de su uso, con inadecuado almacenamiento hasta el consumo.

– Las fallas en el proceso de cocción o calentamiento de los alimentos.

– La presencia de manipuladores con escasas prácticas de higiene personal.

– Las prácticas inadecuadas de almacenamiento.

– El uso de materias primas contaminadas para preparar un alimento que generalmente es servido crudo, o la adición de alimentos crudos contaminados a otros ya cocidos