La Polémica: ¿El mejor boxeador cubano detrás de Stevenson y Savón?

La Polémica: ¿El mejor boxeador cubano detrás de Stevenson y Savón?

boxeadorMucha historia tiene el pugilismo nacional  revolucionario y seleccionar al mejor representante de esa escuela detrás de dos fuera de serie como Teófilo Stevenson y Félix Savón es bien difícil, pero logró motivar la opinión de estos colegas, quienes defienden tres nombres con los que usted puede coincidir o no. Súmese al debate a través de nuestro correo

• Horta y el “dale al que no te dio”

• “Súper Mario”

• El gordito Balado


Horta y el “dale al que no te dio”

José Luis López Sado, especial para Trabajadores

En la historia que transporta el bien llamado buque insignia del deporte cubano hay una figura que, por su magistral y (casi) perfecto estilo guante en ristre, levantaba al graderío de su feudo y allende los mares: el camagüeyano Adolfo Horta Martínez, a quien se le catalogó como El Hombre del Boxeo Total.

Horta es quien mejor ha evidenciado la máxima de este deporte, esa indicación de los entrenadores a sus alumnos desde edades tempranas: “Buscar la forma de pegar y que no te peguen”.

Por su inigualable talento fue llamado a la selección mayor por el profesor Alcides Sagarra con apenas 15 años. Compitió en las divisiones de 54, 57 y 60 kilogramos, y poseía una esgrima boxística tan depurada que podía ganar con la efectividad de su golpeo en cualquiera de las tres distancias.

Era un genio en la media distancia. Apoyado en su velocidad de manos y piernas para entrar y salir del área de ataque, llegaba continuamente a la anatomía rival y, al mismo tiempo, se tornaba intocable. Porque, además, cuando iba hacia atrás, también lo hacía lanzando golpes.

Pero si el rival era de mayor estatura y alcance, Horta buscaba la corta distancia y con sus excelentes recursos defensivos le cerraba las salidas, lo acorralaba en una esquina y propinaba una sarta de golpes tan efectivos, que en ocasiones obligaba al entrenador contrario a tirar la toalla.

Y con otros tantos recursos, solo propios de un púgil de su calibre, se deshacía de oponentes más pequeños, trabajando en la distancia larga, con el empleo de su potente jab de izquierda, el cual combinaba con golpes rectos, swinnes o ganchos impecables.

Si se decidía a llevar una estrategia de contrataque también ganaba, porque defendía muy bien de manos y con movimientos de torso, y su velocidad le permitía llegar pronto al cuerpo del rival. A estos atributos, inclúyale a Horta la principal virtud de un boxeador: era guapo y nunca daba por perdido un combate, además de poseer muy buena preparación física.

Como miembro de la preselección nacional tuvo de entrenador directo a uno de los grandes: Honorato Espinosa. En esa época debió medirse y hacer sparring con púgiles de buen arsenal técnico como Ángel Herrera o Jesús Sollet, así como el pegador José Aguilar, quienes siempre pugnaron por escalar a lo más alto del podio en sus respectivas divisiones. Pero Horta no quería “invitados” en su Finca del Wajay.

El agramontino fue tricampeón mundial al ganar en Belgrado 1978, Múnich 1982 y Reno 1986. Sin embargo, no pudo levantar el cetro en su única participación en Juegos Olímpicos, en Moscú 1980, al caer en la gran final contra el alemán Rudi Finn.


“Súper Mario”

Roberto Ramírez, especial para Trabajadores

Atenas, 28 de agosto del 2004. Un talentoso británico de solo 17 años llamado Amir Khan es centro de gran seguimiento mediático en la final boxística de los XXVIII Juegos Olímpicos.

Su nombre suena con fuerza como futura estrella rentada y la posibilidad de que despoje del título al encumbrado ligero cubano Mario Kindelán genera expectativas exacerbadas por numerosos reporteros.

Fiel a la voluntad de triunfo que le llevó a la élite el muchacho hizo hasta lo indecible sobre el encerado, pero el zurdo caribeño impuso las reglas del juego y los jueces decretaron contundente fallo 30-22.

“Súper Mario” bañaba así en oro el cierre de su paso por los escenarios más exigentes, donde generó aplausos en premio a la maestría con que disertó en el plano táctico, apoyado en habilidades consolidadas con mucha entrega.

Triple titular del mundo, alzó la Copa Russell al mejor atleta de la edición de Belfast 2001, apenas necesitó seis temporadas para reinar en todos los certámenes oficiales de la Aiba, y derrotó a otros varios contrarios de alto vuelo.

Bastaría mencionar a los puertorriqueños Félix Tito Trinidad y Miguel Cotto, o el ucraniano Andreas Kotelnik, todos distinguidos después como profesionales, sin obviar al ruso Alexander Maletin o al tailandés Somluck Kamsing.

Dos veces titular en Juegos Panamericanos y Centrocaribes, también bebió triunfos en par de copas del orbe y al decir de su entrenador Julián González Cedeño, “fue el máximo exponente del concepto revolucionador de la escuela cubana en materia de distancias.

“Mientras se pelea básicamente en tres (larga, media y corta), él dominaba la extralarga, la larga, la media, la corta y el cuerpo a cuerpo, y el tránsito por ellas durante los asaltos era un argumento táctico que le reportó excelentes resultados”, dijo el preparador.

Es cierto que astro el holguinero no fue un gran pegador, pero tampoco le hizo falta. Técnico como pocos, combinaba sus golpes con cadencia, exactitud y explosividad de manual y ello le permitía deshacer a los más connotados.

Pasó a los libros como alumno ejemplar en la difícil tarea de satisfacer lo acordado en el orden de la disciplina táctica, que solo variaba ante indicaciones de la esquina, y deslumbró con un estilo realzado por rapidez, desplazamientos elegantes y defensa efectiva.

Nadie lo dude: el holguinero fue de los GRANDES. Así, en mayúscula.


El gordito Balado

H. Pérez

La interrogante lleva en sí misma la pegada demoledora inherente a varias de nuestras luminarias sobre los cuadriláteros. No me atrevo, en realidad, a dar una respuesta categórica. En mi defensa, el hecho de que la escuela cubana de boxeo ha formado a una constelación de atletas de primerísimo orden a escala planetaria.

Se trata, y ello está también a mi favor, de una historia que, lejos de languidecer, incorpora nuevas proezas. Bastaría echar una mirada al medallero del último Campeonato Mundial, celebrado en Hamburgo en el 2017 —en el cual la nave antillana alcanzó cinco pergaminos dorados— para corroborar esta afirmación.

Quiero referirme, eso sí, a uno de esos pugilistas extraclases, quien labró su accionar de ensueño en un corto período. Dentro del firmamento nacional Roberto Balado tiene la singularidad de que dispuso de muy poco tiempo para cincelar su trayectoria dentro del encerado.

Un accidente automovilístico aquel fatídico 2 de julio de 1994, en las inmediaciones de su querida Finca Horbeín Quesada del Wajay, apagó su vida, justo cuando se consolidaba como un fuera de serie. Era el instante donde especialistas y público vaticinaban con razón que los éxitos se multiplicarían por doquier.

Balado para entonces ya exhibía una foja que no es posible resumir en pocas líneas. En la cúspide de los lauros sus tres coronas universales y el cinturón bajo los cinco aros. En la cita de Barcelona 1992 (inolvidable para Cuba por múltiples motivos, entre estos haber conseguido su mejor faena en estas lides) el hombre que nació en Jovellanos, pero hizo toda su carrera como ídolo del municipio de La Lisa, obtuvo la Copa Val Barker que lo acreditó como el boxeador más relevante de la competición olímpica.

Es cierto que Balado no era un superpesado clásico. Ni por la complexión física ni por el estilo dentro del ring. Su atributo principal (he ahí probablemente la mayor diferencia con Joe Luis, Teófilo Stevenson o Mike Tyson) no fue propinar golpes de impacto demoledor. Sí dispuso de una velocidad endemoniada, con la que desconcertó a los oponentes fornidos. El ritmo de desplazamiento trepidante que imponía —salvando las distancias y comparaciones estériles— se asemejaba, en muchos sentidos, al del gran Mohamed Ali, quien “volaba como un mariposa” sobre las cuerdas.

En la relación de los deportistas cubanos inmortales aparecerá por siempre aquel gordito que puso de pie a las tribunas, danzando con elegancia ante la mirada atónita de sus contrincantes.


 

11 comentarios en La Polémica: ¿El mejor boxeador cubano detrás de Stevenson y Savón?

  1. No se debe olvidar que Rigondeaux nos abandonó cuando reunía las mayores posibilidades de un boxeador cubano. Para mi despues de Teofilo le corresponde un lugar destacado.
    Tampoco ningun colega ha mencionado las brillantes actuaciones de Arnaldo Mesa.

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