Jordania, tiempos de cólera

Jordania, tiempos de cólera

Convulsionada por masivas protestas populares contra la polémica reforma fiscal, el reciente aumento del precio de los combustibles, la corrupción y la renuncia del primer ministro Hani Al Muki, el Reino Hachemita de Jordania afronta un clima de inestabilidad política y social, agravada por la crisis económica por la que atraviesa la nación árabe.

Foto: Hispan TV
Foto: Hispan TV

Las airadas manifestaciones antigubernamentales que tienen lugar en Aman, la capital de Jordania, se centran en el rechazo  a severas medidas de austeridad lesivas a la población promovidas por el Ejecutivo para cumplimentar las demandas dictadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), entre ellas la introducción de un impuesto indirecto del 16 % a los bienes de consumo y la abolición de los subsidios a productos básicos como el pan.

La obligada dimisión de Al Mulki, designado premier en mayo del 2016, es signo de su fracaso en la gestión de reavivar la deteriorada

economía jordana, cargo encomendados ahora por el Rey Abdala II al actual ministro de Educación, Omar Al Razas, encargado de  formar un nuevo Gabinete y de revisar todo el sistema tributario.

Según fuentes oficiales, el Monarca ha solicitado además al nuevo designado  mantener un “diálogo inmediato” con los partidos políticos, los sindicatos y la sociedad civil para alcanzar un acuerdo en torno a la nueva ley sobre el impuesto de la renta, que está en el origen de la crisis política.

No obstante, persisten las protestas populares, devenidas huelga general, en reclamo a un sustancial cambio en las condiciones de vida de la población y en la mejoría de la economía nacional, lastrada por una abultada deuda externa que representa el 94% de su PIB.

Según estadísticas no gubernamentales, la tasa de desempleo en Jordania se eleva al 18%, mientras el índice de pobreza se estima en 20 por ciento.

Observadores políticos señalan que entre los factores externos que han deteriorado y estancado la economía jordana se encuentra la convulsa situación en el Medio Oriente, en particular la guerra contra Siria, que ha originado un millón de refugiados asentados en  el Reino Hachemita, a los que se unen los 2,5 millones de refugiados palestinos, que constituyen parte de la población jordana y un millón de inmigrantes provenientes de Irak y Egipto.

Jordania se debate hoy entre la política de choque impuesta por el FMI y la exigencia de las masas populares de mejores condiciones económicas y sociales, que reeditan las grandes conmociones que tuvieron lugar durante los años 2011 y 2012 por similares demandas, las cuales, a pesar de las promesas  gubernamentales de reformas democráticas, no fueron cumplimentadas.

En medio de tales circunstancias, el diario israelí Yedioth Ahronoth indicó que Israel, Estados Unidos y Arabia Saudita, instigaron las  protestas en Jordania por su participación en la cumbre extraordinaria de la Organización de la Cooperación Islámica (OCI), que abordó a finales del mes de mayo la violenta represión a los palestinos tras el traslado de la embajada de Estados Unidos a la ciudad palestina de Al-Quds (Jerusalén).

La disyuntiva que ahora tiene ante sí el Reino jordano es la de acogerse a las leoninas exigencias del FMI o satisfacer los reclamamos de una población ávida de reformas económicas y democráticas, una balanza difícil de mantener en equilibrio, sin una mayor conmoción política y social.

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