Trabajadores

Miedo a la enfermera o al coco

La enfermera Anabel Valdés asegura que el trabajo en la atención primaria de salud es la puerta de entrada al sistema de salud. Foto: Yoel Almaguer de Armas

En todas las familias hay alguien que le dice al niño: “Si no comes, llamo a la enfermera para que te inyecte, o al ‘coco’ para que te lleve”.

Al “coco” ningún niño lo ve, aunque ciertamente todos nos lo hemos imaginado. Pero las enfermeras sí son reales.

Recuerdo que cuando estudiaba en la primaria todos los años nos vacunaban “para prevenir enfermedades en el futuro”, nos explicaba la maestra; y había niños que corrían por toda el aula por el miedo a la inyección, a la enfermera y al algodoncito mojado de alcohol que era la señal de que ya venía el pinchazo.

En todos los barrios cubanos vive alguna seño, como se les dice a las enfermeras en los consultorios, los policlínicos, los hospitales y en la calle, incluso, cuando no llevan la ropa blanca ni la cofia rodeada por presillas, o alguna flor hermosa.

Hablo de enfermeras, no de enfermeros, porque en aquellos años de escolar, hace ya más de 20, había pocos hombres que ejercían esta profesión, aunque ha aumentado la presencia de ellos en los centros de atención. Para ambos, por la contribución social y por apoyar el mejoramiento de la vida de todos, va dirigido este texto, en ocasión de haber celebrado el 12 de mayo el Día Internacional de la Enfermería.

En 1902 la Universidad de La Habana graduó las primeras enfermeras cubanas. En el acto estuvo el presidente de la República de Cuba, Tomás Estrada Palma, además del claustro de profesores y científicos, así como el doctor Carlos J. Finlay, quien pronunció el discurso de graduación.

Algunos textos leídos argumentan que la fundación de las Escuelas de Enfermeras fue una necesidad sanitaria y un interés del gobierno. A los interventores les exigían cuidar la salud de los estadounidenses, que servían a la guerra y, además, les pedían higienizar la ciudad para otros que vivían en Cuba.

Con el triunfo de la Revolución, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz creó condiciones para erradicar enfermedades, epidemias y virus, que eran el lastre de los años de lucha armada.

Mucho fue el trabajo para eliminar enfermedades que incluso, carecían de investigaciones y dominios por parte de los especialistas de aquellos primeros años del triunfo.

En 1984 el Gobierno cubano implementó el modelo de medicina familiar que perdura hasta nuestros días. Para la prueba inicial fue escogido el policlínico de Lawton, en el municipio habanero de Diez de Octubre.

Diez dúos de médicos y enfermeras iniciaron los trabajos en los consultorios del médico de la familia. Estos especialistas de la salud a más de 500 personas diariamente, y al año, la atención creció, sobre todo, porque este era un programa que tenía como objetivo mejorar el estado de salud de las personas, la familia, la comunidad, el medio ambiente y su relación con los individuos.

La experiencia del policlínico de Lawton llegó a todo el país. Y luego, como parte del perfeccionamiento que llevaba implícito este proyecto, se implementó el Programa de Atención Integral a la Familia en el año 1987, que después se conocería como el Programa de Trabajo del Médico y Enfermera de la Familia, el Policlínico y el Hospital.

A partir de esos años, las labores de los enfermeros han sido vitales para el paciente. Estos especialistas no solo curan o inyectan, también acompañan al médico en una consulta o un salón en la toma de decisiones.

Las enfermeras y los enfermeros son los acompañantes de quienes necesitan un tratamiento, a quienes pasan tiempo en cama o un hospital. Están con los ingresados en los días cuando ni siquiera la familia puede estar por la gravedad del paciente, y a veces los que escuchan la última decisión del enfermo.

Desde hace algún tiempo, el Ministerio de Salud Pública inició un proceso de transformación en la reorganización de los servicios de salud para hacerlos más eficientes. Durante la pasada Convención Internacional de Salud se precisó que en un futuro inmediato el 70% de la población cubana tendrá la atención primaria de salud.

Anabel Valdés es enfermera desde el año 1999 trabaja en el consultorio número 7 del médico y la enfermera de la familia, del municipio de Plaza de la Revolución, en La Habana, expresa que la atención primaria es la puerta de entrada al sistema de salud, y permite promover y prevenir enfermedades. “Hacemos una labor para evitar que el paciente viva con padecimientos crónicos y tratamos de evitar la aparición de diferentes patologías”.

Amplio es el desempeño de Anabel y de los enfermeros que laboran en consultorios. Son responsables del Programa Materno Infantil, del Adulto Mayor, la atención a niños, a las embarazadas, y el seguimiento del paciente en la consulta y el hogar.

Sobre la responsabilidad de este personal en la atención primaria de salud, Anabel recuerda a Martí al decir que: “es mejor prevenir que curar. Se refiere a que si existe por ejemplo, existe un elevado porciento de jóvenes hipertensos, algunos desde niños, nuestra misión debe concentrarse en diagnosticarlos e indicarles estilos de vida para que no desarrollen enfermedades crónicas.

“Yo quería estudiar medicina en un inicio, pero después le cogí amor a la enfermería. Somos muy sacrificados. Estoy a punto de cumplir 20 años y ser enfermera es lo que me gusta hacer”.