A debate: Las grúas del deporte cubano y Nubes entre jonrones

A debate: Las grúas del deporte cubano y Nubes entre jonrones

Las grúas del deporte cubano

Por Rudens Tembrás Arcia*

La actividad deportiva, en sus acepciones para todos y de alto rendimiento, exige una infraestructura variada, compleja y costosa, máxime si se aspira —como en Cuba— a favorecer la práctica de las disciplinas de la agenda olímpica y algunas más.

Para los países pobres o en vías de desarrollo resulta un gran reto construir instalaciones de alto estándar y, aún más, sostenerlas en el tiempo sin que se degraden.

Por esa y otras razones, muchos gobiernos invierten poco en este ámbito, “entregan” los recintos al sector privado y con ello “traspasan” también sus responsabilidades en materia de actividad física y deporte. En Cuba, el Estado —a través del Inder, el MINED, el MES, el MINSAP y otras instituciones— asume como una responsabilidad el acceso pleno a las actividades físicas y deportivas, tomando en cuenta su elevado impacto en el bienestar general de la población.

De ahí que los servicios y recintos sean de propiedad estatal y social en su mayoría, y no puedan emplearse con fines de lucro, tal y como establecen los documentos programáticos del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Sin embargo, las limitaciones financieras de las últimas décadas y la carencia de una estrategia de trabajo desde la base hasta el nivel central ocasionaron el deterioro de nuestros recintos principales y, al mismo tiempo, de los combinados deportivos y demás áreas especiales a lo largo y ancho del país.

Ante ello, a partir del año 2016 se viene laborando en un programa de rescate de instalaciones insignias, en la edificación de varias nuevas y en la reparación de aquellas en que comienza la carrera de nuestras estrellas, y donde se concretan los programas de la cultura física, la recreación y el deporte para todos.

Las claves para progresar han estado en la sensibilidad de los decisores, la adecuada planificación económica y financiera, la explotación al máximo de los presupuestos, el apoyo del Estado en ese sentido a pesar de las limitaciones actuales; la exigencia y control de las inversiones y la relación adecuada con las formas estatales y no estatales en el ámbito de la construcción.

Rescatar las instalaciones inauguradas por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz para los XI Juegos Deportivos Panamericanos ha sido la prioridad, con el fin de convertir muchas de estas en escuelas nacionales, un cambio trascendental que sin duda dejará frutos en varias disciplinas.

También se han dado pasos concretos en aras de robustecer el polo científico del deporte cubano, visible en la inauguración del Centro de Investigaciones (CIDC) y el de Recursos de Información (CRIDC), en tanto avanza el proceso para erigir un Salón de Historia acorde a la modernidad, a sabiendas de lo necesario de profundizar en la historia y las raíces del país en este sector.

Una pantalla gigante en el estadio Latinoamericano, pistas nuevas para el atletismo, canchas sintéticas para el hockey, tabloncillos y otras novedades expresan el esfuerzo diario por cambiar una realidad dura, difícil, acrecentada por las consecuencias del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos. Deudas quedan muchas, pero las grúas del deporte cubano están izadas.

*Director JIT

Nubes entre jonrones

Por Joel García León

El proceso de reparación, mantenimiento y hasta creación de un número considerable de instalaciones o espacios deportivos que el Inder impulsa desde hace par de años, puede valorarse como un jonrón esperado por atletas, entrenadores, federativos y, por supuesto, el pueblo.

Tras un recorrido por esas obras en construcción es visible no solo el empeño por devolverle el esplendor de sus inicios (la mayoría nacieron para los Juegos Panamericanos de La Habana 1991), sino también por ponerlas a tono con las tendencias internacionales.

La pista de hockey sobre césped —idéntica a la de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro—, la pizarra electrónica que se monta en el Latinoamericano, las piscinas del Complejo Baraguá, y los gimnasios de fuerza del atletismo y béisbol son ejemplos ilustres.

Sin embargo, varias enseñanzas o nubes saltan ya de este proceso y no las debemos desatender. Una correcta política de cuidado y mantenimiento de lo hecho (con multa y acciones jurídicas si lo merecen) debe incluir presupuestos y recursos anuales para no tener que invertir miles de pesos de golpe en el futuro, como sucede hoy tras casi 30 años de leves maquillajes en algunas de las instalaciones.

La utilización eficiente de los recursos que se están poniendo en estos centros hay que evaluarlos sistemáticamente, a la par que se cierran las puertas a posibles delitos o actos vandálicos, pues ni el organismo ni el país se pueden dar el lujo de reponer lo que es necesario preservar con buenas direcciones y un sistema de vigilancia que involucre a todos los factores y no a unos pocos custodios.

Las fuerzas laborales empleadas y los tiempos de ejecución se han venido cumpliendo, a pesar de carencias de cemento, accesorios, pintura y otros materiales, lógicas por las limitaciones económicas en que vivimos. No obstante, lejos de maratones por cumplir con una fecha, es más aconsejable seguir velando por la calidad, a la vez que no debe temblar la mano para cancelar el contrato a las fuerzas laborales que incumplan con lo pactado, díganse brigadas del MICONS, cooperativas o trabajadores por cuenta propia.

Por supuesto, la famosa pregunta de por qué no se hacía antes si el presupuesto era parecido lleva disímiles respuestas, aunque la más clara apunta a una voluntad expresa de quienes tenían a cargo la tarea, pues esto implica dolores de cabeza, control, planificación y obstáculos que no siempre están dispuestos a vencer los directivos, pues es más fácil culpar a la economía del país de los problemas, que resolverlos con inteligencia poco a poco.

Aunque los datos reflejan una recuperación no solo en instalaciones de subordinación nacional, sino también en las de provincias, con el apoyo de los respectivos gobiernos, sería bueno pensar para una próxima etapa en algunas emblemáticas como los combinados deportivos José Martí, del Vedado; y José María Pérez (Pontón), de Centro Habana; o las salas polideportivas de Matanzas (el Ateneo Aurelio Janet se derrumbó en el 2009), Granma, y San José de las Lajas, por apenas mencionar cinco cunas de legendarios campeones y medallistas.

Finalmente, no estaría mal trabajar a corto plazo en climatizar otra sala más allá del Coliseo de la Ciudad Deportiva, pues muchos eventos internacionales exigen esto para entregar sedes.

Tampoco deberíamos renunciar a que en las gradas aparezcan asientos plásticos y no el duro muro, pues además de un mejor confort pudiera multiplicar el empleo de estos en eventos culturales o sociales. Hay mucho sol en estos días por el Inder. Y es plausible, por más que estas nubes aparezcan desde el periodismo.

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