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La Polémica: Topar y topar

Ilustración: Yoan Manuel Figueredo

Como complemento imprescindible de cualquier preparación para evaluarla y corregir errores de cara al principal certamen, el tope o roce internacional siempre ha sido un tema polémico con las figuras o selecciones nacionales. A veces falta, otras no se realiza en el tiempo preciso, y en no pocas ocasiones los contrarios salen más beneficiados que los nuestros. De fortalezas, debilidades y oportunidades se comenta aquí, y usted si nos escribe al correo deportes@trabajadores.cu puede sumar sus criterios

• Importantes, no mágicos

• Fortaleza si se usa bien

• Échale la culpa al tope

 


Importantes, no mágicos

Joel García

El tope competitivo, infaltable hoy en la planificación de la forma deportiva de un atleta o selección, se ha convertido en varias cosas al mismo tiempo en Cuba: complemento lógico de un gran resultado, tabla salvadora para justificar un descalabro, obstinación de algunos entrenadores para viajar aunque no sea el momento justo, y reservorio de lagunas en los sistemas de entrenamiento.

Durante varios años, este tipo de roce fue asumido en nuestro movimiento deportivo con intercambios ventajosos en países del antiguo campo socialista, adonde también se acudía para realizar bases de entrenamiento. No pocos de aquellos encuentros finales en la última parte de la preparación eran más beneficiosos para nosotros que para ellos, dado el nivel de calidad que tenían sus baloncestistas, gimnastas, luchadores, remeros, entre otros.

Un componente económico tocó a las puertas de este apartado en la década de los 90 del siglo pasado, y muchos atletas y conjuntos vieron reducidos esos intercambios —algunos hasta quedaron sin ninguno—, lo cual afectó, con total lógica, la dinámica y los podios de disciplinas claves para Cuba.

Sin embargo, a la par que eso sucedía el concepto de topar en el mundo ha ido cambiando, pues hay una tendencia actual de preferir ensayos a nivel de laboratorios (entiéndase enfrentamientos internos o con contrarios específicos y de alto nivel), o en el mejor de los casos solo usar estos enfrentamientos bilaterales para foguear equipos juveniles.

Hay ejemplos clásicos que nos tocan: los topes de béisbol, boxeo y voleibol contra Estados Unidos (el primero ha sido el único retomado en el 2012); los de voleibol que tenían nuestras Espectaculares Morenas del Caribe en su momento de más esplendor con formaciones rusas y chinas; y los sostenidos por baloncestistas con Brasil y quintetos europeos.

Más allá de algún que otro brazo cruzado por nuestros federativos para buscar variantes; lo cierto es que no es fácil negociar estos desafíos cuando median gastos de transportación, alojamiento y alimentación para quienes invitan, en tanto florecen criterios de esconder figuras o conjuntos para que los rivales no los estudien o graben en esos duelos amistosos.

¿Qué hacer? ¿Se mueren los topes? Hay un nicho primero que aprovechar hacia lo interno —me refiero a lo que se puede lograr entre provincias—, y en el caso internacional urge escoger cuál nos conviene más y de qué forma, para no caer en la tentativa de jugar y probar aunque se trate de un equipo o figura de la Conchinchina. Hay valores de solidaridad que no puede obviarse en este análisis, pero las evidencias demuestran que no son tan mágicos como muchos han querido venderlos, sin restarles su sonada importancia.

 


Fortaleza si se usa bien

Víctor Joaquín Ortega

Bienvenidos los topes amistosos o de tipo parecido. Ayudan, forjan, robustecen si se usan como es debido. ¿Quién no quiere triunfar? Pero ese deseo no puede obstruir el principal objetivo. Y con frecuencia se convierte en obstáculo al armar “trabucos” para vencer y olvidar las figuras jóvenes. Es un abrazo a los establecidos en detrimento de ese vital futuro que urge, a pasos agigantados, ser presente.

Se pierde así la posibilidad de foguear y medir, enseñar y moldear en la competencia. Si bien es significativo, el entrenamiento no es el único camino. Juguemos al duro, llevando lo asimilado a la hora de la verdad.

Sucede en el béisbol; pasó recién en los encuentros beisboleros con Nicaragua, aunque, por desgracia, no se queda varado en esa disciplina y ese tope. Muchos rivales han aprendido más de nosotros que nosotros de ellos por esta equivocación. Incluso, no nos enfrentan siempre con lo mejor que poseen.

Y conquistan fuerza, conocimientos, sobre todo de nuestros veteranos que, en bastantes oportunidades, integran la mayoría de los escogidos. Aún hay demasiada suplencia, banco y débil reconocimiento para los noveles; y no es rara la ocasión en que son ellos quienes han decidido la justa.

Si ganamos, y no siempre ocurre, saltamos, resaltamos, gozamos hasta en abundancia, pensando que hemos calmado la sed de victoria. No obstante el robustecimiento de la autoestima, de la dicha que nos atrapa, ganando hemos perdido, y los perdedores han ganado al cumplir con el objetivo fundamental del tope amistoso.

No es exactamente lo mismo, pero le observo cierta semejanza en cuanto a aprender de los demás. Recuerdo aquella práctica que realizaron juntos, antes de batirse, Enrique Figuerola y Robert Hayes en la pista de la cita olímpica de 1964. La salida del norteamericano, a la postre campeón en la prueba reina con 10 segundos, era deficiente, lenta, y su final era cual rayo.

El cubano, que entró segundo (10.2) superado por el más espectacular velocista de esa etapa según los expertos, partía de maravillas, y su terminación no estaba a la misma altura. No queremos decir que Bob se impuso por el breve adiestramiento conjunto; eso sí: pulió su arrancada durante ese corto intercambio con tanto de deportividad.

Hay que saber aprovechar las competencias amistosas, encuentro o tope por encima del resultado, las marcas y las medallas aunque agraden e incrementen la autoestima. Encadenarse al presente, miopes en relación con el futuro, que ya debe manifestarse en lo actual, es amarrarse a lo erróneo. Y se paga caro en el deporte, en cualquier esfera de la vida.

 


Échale la culpa al tope

Jorge Luis Coll Untoria, estudiante de Periodismo

Topar es una de las palabras de moda en los últimos tiempos si de deportes se habla, sin embargo, parece que eso de chocar internacionalmente se ha sobrevalorado, y muchos lo ven como la única vía para mejorar y potenciar los talentos.

Entre las diferentes causas del descenso en los resultados de nuestro movimiento deportivo en la actualidad, el tope parece cargar con todas. “No practicamos aquí, no entrenamos por allá”, aunque medirse de forma continua con contrincantes foráneos no es la solución imprescindible, y a veces resulta más dañino que provechoso.

Como ha sucedido con la contratación de atletas, la manera de afrontar el tema del fogueo internacional es muy ligera, pues del mismo modo que un voleibolista es incapaz de desarrollarse actuando en ligas que están por debajo de su nivel, los principales peloteros de Cuba se desgastan y contribuyen a la preparación de un inferior equipo nicaragüense en partidos intrascendentes para tantas figuras consagradas.

En ocasiones vemos que jugadores y selecciones de determinadas disciplinas van a una gira por varios países o asisten a una base de entrenamiento y luego el resultado en la competencia simplemente no cumple con las expectativas.

El roce con escuadras de otras latitudes es algo positivo, pero su valía se justifica cuando los atletas cubanos van a superarse, no a hacer que otros se superen. Y en caso de que esa fuera la única opción, se les debe entonces dar la oportunidad a los jóvenes.

Además, es bueno recordar, en aras del progreso, que existen muchas cosas para complementar los topes dentro del país. Por ejemplo, el rescate que se hace hoy de las instalaciones deportivas a diferentes niveles —fundamental para la correcta formación de nuevos talentos—, la mejora en recursos, implementos y lugares de alojamiento y preparación de los atletas de alto rendimiento, así como la realización de campeonatos nacionales fuertes y atractivos.

Es necesario que a la fiesta del tope asistan solo ciertos invitados, de lo contrario se convierte en un arma de doble filo. Hay una percepción que no parece estar usándose: ese fogueo en distintas disciplinas de manera idónea. Y entre ese no eres tú, no eres tú, no eres tú… soy yo que suena en las calles de La Habana, se nos van los resultados y las culpas las sigue pagando la falta de tope.