El presente son los jóvenes

El presente son los jóvenes

Muchas veces, pensando en el futuro, eludimos el presente; si se habla del mañana lo hacemos sin detenernos a analizar cómo fue el ayer y el hoy, cuando de esa preparación y resultados dependerá el éxito del porvenir.

El envejecimiento de la fuerza laboral manifiesto en Cuba no da tregua para que los recursos humanos que sustentan la economía estén en una fase de captación o de capacitación; de los que existen ahora o se están incorporando dependen el crecimiento y sostenibilidad de renglones vitales para la población y el encadenamiento productivo que demandan de manera acelerada estos procesos.

Felizmente, una buena parte de los directivos del Ministerio de la Agricultura (MINAG) han entendido esta realidad, y empujan a la mayoría a emprender acciones que conducen a la incorporación, formación y retención de jóvenes en la diversidad de ramas y especialidades que se desempeñan dentro del sector.

No se trata de algo mágico ni perfecto, pero se dan pasos sólidos; algunas medidas que favorecen a la agricultura han catapultado el número de jóvenes incorporados a la producción de alimentos, esencialmente en aquellas ramas que mejores condiciones de vida y remuneraciones ofrecen a los de menor edad.

Los decretos 259 y 300, que rigen la entrega de tierras ociosas en usufructo, han sido fuentes para la entrada de jóvenes a un sector que exige cultura, conocimientos, tradición, mucho esfuerzo y poco descanso, que se adquieren no solo en cursos, talleres, o en la academia; hay saberes que pasan de generación en generación que se transmiten por el contacto directo, por “el que tengo al lado”. Y esa savia que aún permanece en la campiña hay que exprimirla en favor del presente y del futuro.

El Decreto Ley 300, más atemperado a las circunstancias actuales, favorece el asentamiento de los usufructuarios en su patronato, la construcción de instalaciones productivas y mejor remuneración dados los resultados productivos.

Una tarea que cobra vigor en la agricultura, que nació a partir de la experiencia del Grupo Empresarial de Logística (Gelma) y han dado en llamar dignificación, impulsa la creación de condiciones laborales y para la salud y protección de los trabajadores donde se aplica, evidencia mayor retención de la fuerza, más productividad, mejores salarios, y por ende, más alimentos o servicios.

¿Se hace por igual en todos los grupos empresariales? Claro que no. Depende del cambio de mentalidad de los cuadros y dirigentes sindicales, de la solvencia económica y financiera de cada uno de ellos, y también de la exigencia de los propios trabajadores, quienes están llamados a reclamar condiciones laborales y tecnológicas que favorezcan la productividad.

Un ejemplo de cuanto se hace para cambiar la imagen que existía en algunas instalaciones está en la unidad empresarial de base Piensos Habana, lo cual abarca la seguridad y protección de los insumos y de los productos terminados.

Al análisis de la gestión del Grupo Empresarial de Ingeniería Agropecuaria en el 2017 invitaron a 40 estudiantes de las universidades tecnológicas, que participaron en los debates, aportaron conocimientos, y durante el recorrido por instalaciones de la Organización Superior de Dirección Empresarial (Osde) se interesaron por vincularse a esos centros hasta terminar sus estudios, algo que marca la diferencia al acercar a los futuros profesionales al sector.

Hay otros paradigmas para arrimar brazos nuevos y mentes más frescas a un sector vital; no podemos olvidar que en muchas zonas las condiciones geográficas y socioculturales son poco atractivas; sin embargo, es evidente que el presente de la agricultura son los jóvenes; no se puede esperar a mañana cuando existe un ahora.

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