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Costos y aplausos: la cuenta sí da

Organizar un espectáculo deportivo con calidad dista mucho del efecto que describe la pluma de Forrest Gump —cae lentamente en la hoja del libro del protagonista al comenzar la famosa película estadounidense—, pues el costo económico, la promoción y los aplausos del público no salen del empuje de ningún viento, sino de una excelencia y eficiencia no siempre vista en nuestro país.

Durante varios años un presupuesto asignado a cada evento era suficiente para la realización de una justa, pues con ello se cubrían los gastos de alojamiento, transporte, alimentación, pago de árbitros o jueces y la confección de las medallas, entre otros detalles elementales. Incluso existió poco margen para pensar en generar ingresos a partir de la concepción de un certamen atlético.

Sin embargo, la realidad enseña con múltiples ejemplos que podemos tener todo el financiamiento previsto y consumar luego una competencia nacional o internacional mediocre, sin aliento, con apenas los padres de los deportistas y los compañeros de equipos en las gradas, y una frialdad distante de las verdaderas motivaciones que genera el deporte. Cualquier semejanza al cumplimiento de un plan fabril no sería pura coincidencia.

La dinámica económica de los eventos deportivos en el mundo también ha cambiado. Además del lógico costo inicial, muchos hoy aplican formas de autogestión no solo para cumplir con rigor lo previsto, sino asimismo para obtener ganancias a partir de alianzas estratégicas con empresas, entidades u otras instituciones.

Pongamos varios ejemplos posibles a aplicar. ¿Experimenta el Inder algún intercambio con Etecsa para crear zonas wifi en todas sus recintos? ¿No se pudieran intencionar producciones textiles: camisetas, judoguis, gorras, mochilas, pulóveres, etcétera, con el objetivo de comercializarlas en los eventos? ¿Por qué la gastronomía no tributa hasta un 5 % de su recaudación a la instalación deportiva donde oferta sus servicios si la razón de estar allí es para esa empresa un privilegio del mercado, no un favor?

A eso habría que añadir el concepto de patrocinio, reclamado por eventos tan emblemáticos y costosos como la Vuelta Ciclística a Cuba. Nada denigra que firmas o empresas nacionales puedan promocionarse a partir de contribuciones económicas que solventarían las invitaciones a sextetas foráneas, el equipamiento de fotofinish y los premios metálicos, por solo citar tres cosas imprescindibles y que no cargarían ningún presupuesto estatal.

Del precio de las entradas igualmentepudiera hablarse, pues no debe ser el mismo valor para la temporada regular de béisbol que los play off. La cuenta daría luego para arreglos de instalaciones y muchas otras más, sobre todo para contar con un mejor espectáculo.