Trabajo y trabajo, y luego… pienso

Trabajo y trabajo, y luego… pienso

Sortear obstáculos se ha convertido en una tradición para ellos. Es algo normal que ni intentan promocionar siquiera, pues poner empeño se les ha inoculado en el ADN. Quizás allí esté su fórmula del éxito.

Los trabajadores de la Fábrica de pienso se han consagrado en ser eficientes y en revertir los tan conocidos delitos
Los trabajadores de la Fábrica de pienso se han consagrado en ser eficientes y en revertir los tan conocidos delitos

Para la unidad empresarial de base Fábrica de Pienso Camagüey,  perteneciente a la Empresa Centro, que radica en Cienfuegos, este ha sido un año duro. Aunque no lo dicen, así piensan buena parte de sus más de 230 trabajadores. Fueron doce meses en medio de una especie de prueba, que tuvo como su punto clímax el paso del huracán Irma.

Pero ni el meteoro ni las máquinas, que constantemente muestran el “cansancio” dejado por el paso de los años, fueron escollos en la carrera por convertirse otra vez en los primeros del país –entre las entidades de su tipo— en cumplir con el plan productivo de 2017.

Noche larga

“Mientras pasaba el huracán yo pensaba en la fábrica. Lo habíamos preparado todo para que aguantara, pero Irma fue muy dura”, recuerda Daysi Agüero Rivero, jefa de Control de la Calidad en el centro.

Los trabajadores de la Fábrica de pienso se han consagrado en ser eficientes y en revertir los tan conocidos delitos
Los trabajadores de la Fábrica de pienso se han consagrado en ser eficientes y en revertir los tan conocidos delitos

“Las afectaciones totales fueron en el almacén de premezcla, buena parte se mojó pero la pudimos recuperar. El daño más grande fue en el techo, que debido a su altura no pudimos asegurar por completo. Nos dolió, pero empezamos a buscar soluciones enseguida. Buscamos y nos ayudaron también desde la empresa con un envío de tejas; eso nos permitió volver a trabajar rápido”, comenta Amirka Ronquillo Rodríguez, directora de la fábrica.

Empeño de muchos

Lo primero fue ir cumpliendo poco a poco los planes diarios de producción. Los innovadores se convirtieron casi en héroes, pues le vivían pasando la mano a cada equipo para que resistiera la batalla.

Así cuenta Omar Rodríguez Elía, ingeniero eléctrico, para quien sigue siendo un milagro el que consiguieran llegar a las 50 mil 811 toneladas comprometidas. “Irma nos afectó, pero tenemos un problema de base: la tecnología. Es muy vieja y demanda innovaciones constantes. Sin la ayuda de todos hubiera sido imposible que tuviéramos éxito”.

A la victoria también ayudó la estabilidad en la entrega de las materias primas, situación que antes los demoraba mucho. “Desde que cambiamos hacia la empresa de Cienfuegos los recursos llegan con más facilidad, aunque como somos la entidad más lejana a veces sufrimos dificultades”, detalla la directora.

“Este ha sido un resultado de muchos ‘poquitos’: los trabajadores se sienten mejor y eso influye en su trabajo; además, ahora estamos en un proceso de dignificación que incluye no solo embellecer el local, sino las condiciones de labor en general”, agrega.

“La fábrica es otra”, como constata Maximina Castellano Soto, secretaria provincial del Sindicato Nacional de Trabajadores Agropecuarios, Forestales y Tabacaleros,  quien ve en el fortalecimiento del buró no profesional otro culpable de la nueva realidad, así como al “sistema de emulación que se transformó para llegar más al trabajador”.

Con los productores del Grupo Empresarial Ganadero de la Agricultura como sus principales clientes, para la industria camagüeyana Irma va convirtiéndose en un recuerdo cada vez más lejano. Trabajo mediante, han logrado que así sea.

 

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