Fidel contado por sus fotos

Fidel contado por sus fotos

Víctor Aguilera Nonell. Foto: Rosana Rivero
Víctor Aguilera Nonell. Foto: Rosana Rivero

Por Lianne Fonseca Dieguez

Más de dos décadas después, cuando ya es un consagrado profesor de Historia de la Universidad de Holguín, Víctor Aguilera Nonell recuerda nítidamente el día en que, con apenas 11 años, conoció a Fidel. Todavía cierra los ojos y logra verlo caminando por una de las calles de su natal San Germán, en Holguín, hasta donde el Comandante en Jefe llegó el 6 de mayo de 1996 para visitar el ingenio azucarero Urbano Noris.

“Ese momento me marcó. Tras realizar un discurso en el central, Fidel salió de allí en automóvil, pero después que había avanzado un poco se detuvo y bajó para saludar al pueblo. Entonces caminó toda una cuadra, por la parte trasera de mi casa, y de manera fortuita pude verlo desde el contén”, rememora.

“Al día siguiente, mi maestra de primaria, Elia Pupo Maceo, que siempre nos inculcaba con pasión la historia local y hoy continúa en la escuela José de La Luz y Caballero, nos hizo entender, a mí y a mis compañeros, el impacto que tuvo aquella visita de Fidel, su connotación en nuestro pueblo, y me dio por guardar las fotos del Comandante que salieron en el periódico Granma”, agrega.

Desde ese momento, el pequeño de quinto grado comenzó a recortar las imágenes del líder de la Revolución cubana publicadas en los periódicos de la época que les facilitaba su tío abuelo. Narra que todo empezó como un hobby. Guardaba las fotografías en las guías telefónicas y reseñaba sus fechas, autores, lugares y las personas que acompañaban a Fidel, y así logró tener 13 álbumes, los que poco a poco digitalizó cuando matriculó en la Universidad de Holguín.

25 de julio de 1962. En Gran Piedra, Santiago de Cuba. Redactando el discurso que pronunciaría al otro día en esa provincia por el noveno aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
25 de julio de 1962. En Gran Piedra, Santiago de Cuba. Redactando el discurso que pronunciaría al otro día en esa provincia por el noveno aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Sus familiares y amigos más cercanos también le suministraban materiales para su colección, que se enriqueció aún más gracias al acceso a Internet que le proporcionó su ingreso al Departamento de Historia de la casa de altos estudios de la oriental provincia. Hoy Víctor atesora alrededor de 22 mil 800 fotos organizadas por fechas y lugares, sin contar otros miles de imágenes que esperan en su computadora ser archivadas de la mejor forma.

Él, sin embargo, no solo ha recolectado instantáneas de Fidel, sino que su pasión por la historia lo ha llevado a identificar el mayor cúmulo de información sobre estas, difícil labor teniendo en cuenta que el Comandante en Jefe fue, por su trascendencia, una de las personalidades más fotografiadas a nivel nacional e internacional.

En el XXII Congreso Nacional de Historia, celebrado en Holguín en abril del 2016, Víctor hizo una exposición en el Centro Provincial de Artes Plásticas con 25 fotografías poco vistas del Comandante, momento a partir del cual la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado solicitó su colaboración para organizar e identificar el vasto archivo fotográfico que allí resguardan sobre Fidel. Posteriormente, ese centro lo nombró Investigador Adjunto.

“Cada cierto tiempo viajo a La Habana. El trabajo consiste en descubrir la actividad a la que pertenecen las fotos, su fecha exacta, el fotógrafo y las personas que en estas aparecen acompañando al Comandante. No conozco todas las fotos, porque en el archivo de la Oficina hay alrededor de 30 mil”.

Esa minuciosa investigación ha hecho que Víctor repare en una serie de interesantes detalles sobre Fidel Castro Ruz. “Para identificar y ubicar bien las imágenes he tenido que hacerme un catálogo sobre las características físicas de Fidel y los uniformes y aditamentos que usó en diferentes épocas de su lucha revolucionaria, e investigar, además, con personas cercanas a él como escoltas y asistentes personales”, manifiesta.

Agosto de 1974. Fidel en un juego de pelota (Se desconoce el lugar). Foto: Pablo Caballero
Agosto de 1974. Fidel en un juego de pelota (Se desconoce el lugar). Foto: Pablo Caballero

Se ha percatado, por ejemplo, de que “en la Sierra Maestra el Comandante en Jefe se vestía con una camisa de mangas largas que usaba por dentro del pantalón y tenía dos bolsillos en su parte superior. En la manga izquierda llevaba cosido un gallardete con su grado de Comandante, el cual constaba de tres estrellas y decía 26 de Julio. También se colocaba un brazalete del 26 de Julio y en los hombros no traía grados militares.

“En ese período, sus pantalones siempre eran de corte recto y se los ponía por fuera de las botas. Sobre estos portaba cinto de cuero oscuro, zambrán lleno de cananas de balas y en su lado derecho colgaba una pistola, mientras en el izquierdo llevaba una cantimplora. La gorra tenía orejeras, que las utilizó amarradas en su parte superior. Para mediados de 1958 cambió ese tipo de gorra por una de tela con la visera doblada, parecida a las que se utilizan actualmente en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. En algunas fotos trae una estrella en su gorra.

“El primero de enero de 1959 entró en Santiago de Cuba vestido con camisa de dos bolsillos, colocada por dentro del pantalón, que a su vez estaba introducido en las botas. Estaba armado con pistola y un fusil de mira telescópica. En su rostro se observa que el bigote no estaba unido completamente a la barba. Luego, al entrar a la ciudad de Bayamo el 2 de enero de 1959, con la Caravana de la Libertad, aparece en las fotografías con gorra plasticada. No trae insignias militares ni cananas y porta un cinto negro con hebilla.

“En los primeros meses de 1959 usaba, indistintamente, cinto y cinto con zambrán. Además, se ponía abrigo militar con los grados de Comandante en Jefe bordados en los hombros. La primera foto que tengo después del triunfo de la Revolución en que aparece con grados de Comandante en Jefe es del 15 de enero de 1959.

“Dentro de los grandes bolsillos de la camisa muchas veces traía documentos que sobresalían. Siempre estaba armado con una pistola al lado derecho de la cintura. Su cartuchera tenía broche, y los pantalones, en algunos casos, poseían bolsillos laterales.

“Para agosto de 1959 ya el bigote se le une con la barba. El pelo era muy crespo y cuando no traía gorra, casi siempre estaba despeinado. Como arma larga portaba un fusil FAL, en vez del inicial de mira telescópica. Entre diciembre de 1960 y junio de 1964 utiliza boina en vez de gorra. En 1965 retoma la gorra sin plasticar, a la que bautiza como KTP, al igual que las combinadas cañeras, denominación que aparece actualmente en los manuales militares.

Moscú, URSS, 29 de abril de 1963. Con miembros de la Compañía Teatral Bolshói.
Moscú, URSS, 29 de abril de 1963. Con miembros de la Compañía Teatral Bolshói.

“En enero de 1974 comienza a usar en sus grados de Comandante en Jefe las ramas de encina y laurel. Interesante resulta que en junio de 1994, en la IV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, en Colombia, utiliza una guayabera, a propuesta de Gabriel García Márquez, una de las pocas ocasiones en que no se muestra públicamente con su uniforme verde olivo. Ya en el 2002 comenzó a usar tenis negros con el uniforme militar”.

“Es necesario que las nuevas generaciones puedan apreciar a Fidel más allá del político discursando desde una tribuna. Que lo vean como ese ser humano que supo estar en el momento y lugar donde el país lo necesitaba, lo mismo durante un ciclón que en la cabecera de un enfermo, dialogando con niños, campesinos, artistas y deportistas o simplemente en la calle, saludando a una persona. Sus fotos me han marcado. Yo lo sigo viendo vivo”.

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