Un pueblo de Quijotes

Un pueblo de Quijotes

“Quijote significa un poco lo que hemos sido todos. Lo hemos sido nosotros como pueblo y nos enorgullece la idea de ser Quijotes”. Así lo declaró Fidel a periodistas, hace más de dos décadas, en la fiesta del Palacio Central de Pioneros Ernesto Che Guevara, donde, rodeado de futuro, celebró su cumpleaños 70.

Tanto la vanguardia revolucionaria que encabezó la última gesta emancipadora cubana como la masa humilde que engrosó sus filas podían compararse con el intrépido manchego para el cual no había meta imposible de alcanzar. Decidieron enfrentarse a un Ejército entrenado y armado por el poderoso vecino del Norte, lo que para muchos parecía un imposible, y conquistaron la victoria.

Ello demostró, como expresó el Comandante en Jefe en aquella ocasión, de lo que es capaz el hombre cuando tiene ideas, convicciones profundas; y decir hombre, subrayó:” Es pensar en Martí, pensar en Maceo, en Frank País, es pensar en Yeyé, en Celia y en tantos otros compañeros de la Revolución”.

Fue igual a decir los antecesores de aquella epopeya y sus más preclaros continuadores, que encabezados por un jefe excepcional lograron otro propósito que parecía una utopía inaccesible por la cercanía de un enemigo tan poderoso: construir una sociedad nueva, de trabajadores, dueña de su propio destino.

Fueron a partir de entonces muchos los molinos de viento contra los cuales el pueblo en el poder tuvo que arremeter: el latifundio, el desempleo, el desamparo, la insalubridad, la incultura… en medio de la permanente amenaza de un gigante que nunca logró amedrentar a los muchos Alonso Quijano de este archipiélago, que como él se han sentido inspirados en un pasado heroico pero lo superan en la capacidad de convertir los anhelos en realidad.

Hubo quienes juzgaron de quijotesca la pretensión de construir el socialismo a 90 millas del enemigo histórico de la nación cubana; sin embargo, hemos resistido los embates de 11 administraciones de los Estados Unidos y seguimos en pie, por el camino independiente que soberanamente elegimos.

Como escribió el Che en carta de despedida a sus padres, innumerables cubanos sintieron como él bajo sus talones el costillar de Rocinante y emprendieron el camino hacia otras tierras con la adarga al brazo, para entregar desinteresadamente hasta sus vidas por la libertad de otros pueblos, y miles han librado en las más diversas latitudes ejemplares batallas con las armas de la salud, la educación, la ciencia… y lo siguen haciendo.

Cuando el socialismo parecía llamado a desaparecer y el adversario esperaba que la patria de Martí corriera igual suerte, resistimos, bajo la guía del líder que nos enseñó que un pueblo cohesionado era capaz de sortear todos los obstáculos, nos infundió confianza en nuestras propias fuerzas e inteligencia para buscar la mejor salida a la situación creada y a tener fe en el porvenir.

Los que no creyeron en nuestra resistencia ni en la voluntad de defender las conquistas alcanzadas nos tildaron de locos o de ilusos, como solían calificar al personaje de Cervantes, pero Fidel nos indicó siempre el camino hacia el futuro. “A los que me llamen por esto soñador, les digo como Martí: el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”.

La victoria que hoy cumple 59 años se ha sostenido precisamente sobre el cumplimiento del deber, y el sacrificio de los cubanos que han laborado en favor del bienestar colectivo, pese al criminal bloqueo impuesto por Estados Unidos.

Ante los desafíos de la actualización del modelo económico cubano, un panorama regional y mundial convulso y la agresividad de la actual Administración estadounidense, los cubanos no podemos renunciar a ese optimismo que nos ha llevado a mirar siempre hacia adelante, sin creer en imposibles.

Vale tener presente hoy más que nunca un alerta reiterado por el Comandante en Jefe desde el propio enero de 1959, cuando aseguró que si bien el enemigo no podría nunca derrotarnos, la peor y más dramática enfermedad que pudiera existir en el orden político, social e histórico para nuestra patria, sería que un día la Revolución fuese destruida por los mismos revolucionarios, y contra eso, recalcó, hay que estar inmunizado al ciento por ciento.

Esa inmunidad se asienta en un Partido fuerte, en la unidad de los cubanos y en el combate decidido contra el delito, la corrupción, las ilegalidades, las desviaciones de toda laya, y en general contra lo mal hecho. Esos son los molinos de viento que a este pueblo de Quijotes le toca asaltar cada día.

Y si un Sancho Panza, alarmado, nos dice que ladran los perros, le responderemos como el Ingenioso Hidalgo: es porque cabalgamos.

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