Vocación por entender

Vocación por entender

La última vez que tuve la oportunidad de visitar la empresa oleohidráulica (OH) José Gregorio Martínez, en la provincia de Cienfuegos, única de su tipo en el país, su director abordó entre variados aspectos el de producir con mentalidad exportadora y buscar mercados, sobre todo en el área caribeña.

Y no pongo ese ejemplo por enaltecer —aunque bien se lo merece— a esa empresa estatal socialista con resultados muy alentadores, sino porque la economía cubana está urgida de aumentar las exportaciones y disminuir las importaciones, y sobre eso deben meditar todos los directivos, fundamentalmente los empresariales. Hoy, por razones conocidas, la balanza se inclina ampliamente hacia las segundas, lo que precisa erogar una considerable cantidad de divisas y solicitar créditos que siempre pesan demasiado.

El sitio en Internet www.datosmacro. com, consultado para escribir estas líneas, da cuenta de que en el pasado año las exportaciones cubanas representaron el 3,84 % del producto interno bruto (PIB), lo que sitúa al país en el lugar 177 a nivel mundial en ese indicador. La denominada tasa de cobertura (porcentaje de lo que se importa que puede pagarse con lo que se exporta) fue del 28,02 por ciento.

El Panorama Económico y Social de Cuba 2016, de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei), señala que las ventas en el exterior ese año permitieron ingresar 2 mil 535 millones de dólares, inferior en mil 37 millones al registro precedente.

Para exportar más en los rubros tradicionales o incorporar nuevos, primero hay que pensar en ello y tener voluntad de hacerlo, sin dejar de considerar las condiciones objetivas porque resulta imposible adentrarse en el mercado internacional sin que exista un respaldo real en cuanto al equipamiento tecnológico, el diseño y la elaboración acordes a los requerimientos de los cada vez más exigentes compradores y en un mundo donde en determinados renglones hay más ofertas que demandas.

Un ejemplo que denota las potencialidades existentes, a pesar de los escasos recursos naturales disponibles, está en el carbón vegetal a partir del marabú. Difícil era imaginar hace unos años que sería un producto valioso en el empeño exportador y contaría con mercados seguros. Se ha divulgado el interés de invertir para contar lo antes posible con una planta clasificadora y que permita envasarlo en cantidades más pequeñas, porque por lo general su utilización es doméstica, principalmente en las parrilladas o barbacoas.

En los rubros tradicionales (azúcar crudo, miel de abejas, tabaco, licores, níquel, medicamentos…) resulta imprescindible aumentar las producciones para disponer de mayores cantidades con destino a la exportación y elevar por esa vía los ingresos financieros en aras de equilibrar más la balanza comercial y favorecer la economía.

Las Bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 consideran, entre las estrategias principales, “desarrollar actividades productivas y de servicios que aprovechen las ventajas comparativas y competitivas para lograr una inserción más efectiva en la economía internacional, especialmente en nuestra región”, así como “ampliar y diversificar el comercio exterior —en particular en lo referido a las exportaciones— y la cooperación (…) con el objetivo de incrementar su contribución al desarrollo nacional y territorial”.

En fin, el país requiere elevar la eficiencia en la gestión de las empresas vinculadas al comercio exterior; crear una real vocación exportadora en todos los niveles de dirección, esencialmente en el sector empresarial; continuar la flexibilización para que las entidades nacionales participen.

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