Se avanza, pero falta

Se avanza, pero falta

Víctor Joaquín Ortega

Como fundador del Equipo Nacional de Historia del Deporte puedo valorar el desarrollo de esa importantísima creación tan vinculada al Inder. En los últimos años, al pasar a la dirección de Docencia del citado organismo, ha sido grande el salto, más allá de sus talleres profundos y científicos, en batalla constante por vencer el empirismo y la improvisación.

Alma del paso triunfal es el doctor Arnaldo Rivero, quien ha brindado con fuerza semejante su dedicación y conocimientos en la atención a los centros estudiantiles del ámbito, en los audiovisuales y documentales realizados, la casa editorial y los programas por el Canal Educativo. Por cierto, en las obras publicadas brillan textos sobre la vida de deportistas y entrenadores, así como de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos y Olímpicos.

A todas estas tareas se incorporan atletas de alto rendimiento ya retirados, incluso campeones olímpicos y mundiales, doctores, instructores y periodistas. Su quehacer es valioso y esencial.

Nuestro equipo ha ganado prestigio entre los historiadores del país y en especial del Instituto de Historia de Cuba, encabezado por su presidente René González Barrios, quien ha intervenido con su rigor acostumbrado en nuestros talleres. También la Unión de Historiadores ha manifestado su respeto y en enero próximo constituiremos la unidad de base. Miembros de nuestro equipo han presentado ponencias en el Simposio Emilio Roig, en el I y II Simposio Internacional de la Revolución Cubana, y en Afide 2017.

Sin embargo, mucho queda por avanzar, sobre todo a nivel provincial y de base; donde el trabajo es insuficiente todavía. Hay escuelas —incluida la Universidad de la Cultura Física—, en la que no dominan como deben el pasado, en función del presente y con el uso de la negación dialéctica. La prensa tampoco prioriza la historia del deporte como merece y ocurren tergiversaciones aliadas con la ignorancia que dañan bastante a las nuevas generaciones.

Hemos constatado el desconocimiento de vidas como las de Rafael Fortún, Ángel García y Alejandrina Herrera, para citar algunos de nuestros manantiales. Tampoco, por ejemplo, existe una visión clara acerca del béisbol y del ataque por el imperio gringo antes de que existiera el bloqueo.

Los protagonistas de las lides del músculo y sus cantores no pueden limitarse a conocer de su esfera; tienen que estudiar la historia cubana y la universal, fundamentalmente la de América Latina, y jamás atarse a la especialización. Nada humano les puede ser ajeno o terminarán sin saber siquiera de deportes. Todos tenemos que seguir estudiando para alcanzar resultados supremos. Y no debemos usar los laureles como almohada.

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