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La Polémica: Historia del deporte cubano: un desafío inmenso

Ilustración: Yoan Manuel Figueredo

Para los próximos meses está proyectado inaugurar el Salón de Historia del Deporte Cubano, un intento loable del Inder por recuperar lo perdido en este tema. Sin embargo, muchas cosas quedan por hacer, otras parecen olvidadas y lo más importante es ganar conciencia de qué está en juego. Los dejamos con tres comentarios, sobre los que usted puede discrepar o estar de acuerdo a través de nuestro correo

• Se avanza, pero falta

• Salir de cajas y anécdotas

• ¿Glorias empolvadas?


SE AVANZA PERO FALTA

Víctor Joaquín Ortega

Como fundador del Equipo Nacional de Historia del Deporte puedo valorar el desarrollo de esa importantísima creación tan vinculada al Inder. En los últimos años, al pasar a la dirección de Docencia del citado organismo, ha sido grande el salto, más allá de sus talleres profundos y científicos, en batalla constante por vencer el empirismo y la improvisación.

Alma del paso triunfal es el doctor Arnaldo Rivero, quien ha brindado con fuerza semejante su dedicación y conocimientos en la atención a los centros estudiantiles del ámbito, en los audiovisuales y documentales realizados, la casa editorial y los programas por el Canal Educativo. Por cierto, en las obras publicadas brillan textos sobre la vida de deportistas y entrenadores, así como de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos y Olímpicos.

A todas estas tareas se incorporan atletas de alto rendimiento ya retirados, incluso campeones olímpicos y mundiales, doctores, instructores y periodistas. Su quehacer es valioso y esencial.

Nuestro equipo ha ganado prestigio entre los historiadores del país y en especial del Instituto de Historia de Cuba, encabezado por su presidente René González Barrios, quien ha intervenido con su rigor acostumbrado en nuestros talleres. También la Unión de Historiadores ha manifestado su respeto y en enero próximo constituiremos la unidad de base. Miembros de nuestro equipo han presentado ponencias en el Simposio Emilio Roig, en el I y II Simposio Internacional de la Revolución Cubana, y en Afide 2017.

Sin embargo, mucho queda por avanzar, sobre todo a nivel provincial y de base; donde el trabajo es insuficiente todavía. Hay escuelas —incluida la Universidad de la Cultura Física—, en la que no dominan como deben el pasado, en función del presente y con el uso de la negación dialéctica. La prensa tampoco prioriza la historia del deporte como merece y ocurren tergiversaciones aliadas con la ignorancia que dañan bastante a las nuevas generaciones.

Hemos constatado el desconocimiento de vidas como las de Rafael Fortún, Ángel García y Alejandrina Herrera, para citar algunos de nuestros manantiales. Tampoco, por ejemplo, existe una visión clara acerca del béisbol y del ataque por el imperio gringo antes de que existiera el bloqueo.

Los protagonistas de las lides del músculo y sus cantores no pueden limitarse a conocer de su esfera; tienen que estudiar la historia cubana y la universal, fundamentalmente la de América Latina, y jamás atarse a la especialización. Nada humano les puede ser ajeno o terminarán sin saber siquiera de deportes. Todos tenemos que seguir estudiando para alcanzar resultados supremos. Y no debemos usar los laureles como almohada.


SALIR DE CAJAS Y ANÉCDOTAS

Joel García

La historia del deporte cubano, entendida como la huella dejada por sus protagonistas en más de un siglo de práctica, anda entre dos terrenos fundamentales: el organismo rector de la actividad física (Inder) y los medios de comunicación. Todas las demás voluntades que se sumen, bienvenidas, sobre todo si pretenden sacar de cajas y anécdotas algo tan sensible y vital para el presente y el futuro.

Lo hecho hasta el 2017 en este tema ha tenido vaivenes, omisiones y no pocas veces ideas sin arte y creatividad, lo cual ha dejado una sensación de vacío en deportistas, entrenadores y en quien se sienta parte de una gesta tan arraigada en el pueblo. De ejemplos podemos estar llenos, aunque hay algunos más visibles que otros.

Tras la inauguración del Museo Nacional del Deporte en 1991, la desidia, el robo y la irresponsabilidad se apoderó del lugar y por más denuncias e investigaciones, aún no contamos con un espacio que desempolve los objetos expositivos, las medallas o trofeos donados por quienes escribieron páginas de glorias y confiaron en una transparencia desaparecida con el tiempo.

Es imposible pensar que no pueda enrutarse, de una vez y por todas, y a partir de la investigación seria y profunda, no solo el Salón de la Fama del Béisbol Cubano, sino la extensión de espacios similares en boxeo, lucha, judo, ciclismo o atletismo, por solo citar algunas disciplinas con mucho que mostrar. Esto no sería un invento nuestro, sino que resulta la práctica internacional.

¿Por qué cada estadio beisbolero del país no cuenta con una mínima sala de historia? ¿Qué impide recordar y hasta hacer coincidir un espectáculo deportivo con la fundación de una instalación, el nacimiento de un atleta o simplemente el aniversario de algún récord o hazaña memorable de nuestros atletas?

¿Es tan difícil sistematizar un encuentro mensual con glorias deportivas donde el pueblo pueda asistir para preguntar, recordar su historia o llevarse un autógrafo o una foto? En comparación con otros tiempos, los espacios televisivos Glorias Deportivas y Confesiones de Grandes han permitido visibilizar muchos rostros olvidados, en tanto algunos textos editoriales han podido imprimirse sobre estadísticas, perfiles de vida o hechos trascendentes de este mundo atlético. Pero todavía es poco y hay que llevarlo a ser prioridad en los medios de comunicación y en el organismo rector como garantía de los resultados del mañana.

Se impone revisar qué están haciendo las provincias, los municipios y hasta las escuelas (en todos los niveles) para preservar y mostrar la historia local. Salones interactivos, exposiciones itinerantes, conversatorios sistemáticos y trabajos periodísticos en coordinación con el ICRT u otros medios pueden permitir un salto al podio de ese inmenso testimonio que tenemos desde el juego batos hasta la última medalla repartida.


¿GLORIAS EMPOLVADAS?

Daniel Martínez, periodista de Radio Reloj

Tan absortos estamos persiguiendo los resultados y empeños de nuestros deportistas, que tal vez hemos desterrado la siguiente interrogante de nuestra útil e insaciable sed periodística: ¿Se hace lo necesario para preservar el legado deportivo que nos escolta?

Urge desempolvar algunas proezas y protagonistas de la admirada historia del movimiento atlético cubano. Es cierto que numerosas decisiones, muchas llevadas a feliz puerto, se han encargado durante años de reconocer los resultados de millares de hombres y mujeres que decidieron hace más de medio siglo embarcarse en la feliz cruzada, que a pesar de hostilidades del vecino del Norte continúa cosechando éxitos.

No obstante esas luces, desafiantes de absurdas penumbras, nuestro deporte cojea en la preservación de una parcela de su historia. La Comisión de Atención a Atletas, los museos provinciales y otras instancias siguen su necesaria y particular batalla, no ajena de trabas y deslices, en pos de honrar a quienes entallaron esta tradición deportiva.

Pero tamaña labor resulta aún insuficiente, por difícil de digerir que parezca para los involucrados, pues el punto y final de esa esforzada y triunfadora historia todavía no se traza.

¿Una de las razones de mayor peso? La negada e imprescindible reapertura de un Museo del Deporte Cubano. Las principales autoridades, junto a sus equipos de trabajo, estudian y llevan a cabo significativas labores y proyectos que implican ingresos, tiempo y lucidez.

También es incuestionable que la economía en múltiples ocasiones se ha convertido en adversaria de importantísimo peso y decisión.

Sin embargo, hoy más que nunca, aunque sea una labor titánica, se vuelve imprescindible la necesidad de reabrir la galería histórica de nuestro movimiento atlético.

Ese gesto ratificaría la justeza del compromiso auténtico que se tiene con los deportistas y sus logros, muchos de ellos forjados a base de carácter y sacrificio, en medio de etapas difíciles, que exigían arrobas de lealtad y principios.

Desempolvar sus historias, además de un estimable reconocimiento, demostraría a las actuales y futuras generaciones que el rico legado deportivo no solo está bien custodiado, sino también listo para ser palpado, reverenciado y aplaudido.

Ello sería una victoria equiparable con los cientos de medallas y gestas que nuestros atletas han logrado en más de medio siglo de luchas y esfuerzos.

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