““Yo le entregué el carné número uno de afiliado””

““Yo le entregué el carné número uno de afiliado””

“Fidel fue el hombre del siglo XX y del siglo XXI. Nunca le dieron el Premio Nobel de la Paz porque era Fidel Castro, de la Cuba comunista, pero ese reconocimiento se lo ganó por derecho propio”. Son palabras de Pedro Fernández Díaz, destacado dirigente sindical, quien aporta en exclusiva para Trabajadores algunas anécdotas de momentos compartidos junto al eterno Comandante en Jefe, por su estrecho vínculo con el movimiento sindical, y el sector de la construcción en particular.

La entrevista transcurre en una oficina, porque Pedro, a sus 84 años, sigue aportando su experiencia a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), pues su amor por la casa grande no lo deja acogerse literalmente a la jubilación. En sus manos sostiene una hoja con apuntes, mientras fluyen sus recuerdos sobre el hombre al que considera extraordinario y martiano de corazón.

“Lo vi de cerca en la década de los 40, cuando yo vivía en La Pelusa, uno de los barrios insalubres que rodeaban la zona donde iba a construirse la Plaza Cívica, hoy Plaza de la Revolución. Iban a desalojarnos y Fidel se presentó como abogado para defendernos y que nos entregaran dinero y madera para levantar los cuarticos en otro lado.

“Luego del triunfo de la Revolución, conversando con él un día, le conté que yo habité en aquel lugar, y como incrédulo de las coincidencias de la vida exclamó: ¡Pedro, tú estabas allí!, y me abrazó. Le dije: Sí Comandante*, usted me ha hecho persona dos veces, cuando impidió que nos quedáramos en la calle y después de enero de 1959.

“¿Que cómo supo del desahucio? Por las protestas de los vecinos que salieron a la calle. Fue un proceso judicial, y por el propio Fidel nos enteramos de los pasos que dio al retornar al barrio y anunciarle a la gente que fuera a buscar el dinero asignado y quien quisiera podía llevarse la madera de su cuartico para construir en otro lado. Así mis hermanos, mi padre y yo nos fuimos a vivir para San Miguel del Padrón”.

A Fidel había que hablarle claro

A Pedro le resulta muy difícil, diría que casi imposible, hablar de su actuar como dirigente sindical —responsabilidad que en diferentes niveles asumió desde 1959— sin vincularlo al líder revolucionario. Rememora los preparativos del XIII Congreso de la CTC.

“En una reunión con varios dirigentes sindicales preguntó que quién pensábamos que debía ser el secretario general de la organización. Pedí la palabra y propuse a Lázaro Peña, en aquel momento con responsabilidades en el Partido, lo cual Fidel me recordó, y argumenté que a Lázaro le corrían los sindicatos por las venas.

“Luego de otras propuestas planteó que estaba de acuerdo conmigo y pidió el nombre del sustituto para el cargo partidista y sugerí a Fabio Grobart. Me dedicó una mirada penetrante y señaló: Tú venías con la idea completa, y le respondí: Comandante, yo solo coincidí con la suya.

Y se sonrió. A él había que hablarle claro y siempre lo hice”. A raíz del cónclave se crearon comisiones y a nuestro entrevistado lo nombraron al frente de la correspondiente a la construcción: “Porque la llevo en la sangre, soy cabillero, y el 4 de noviembre de 1972, en el III Congreso del sindicato del sector fui elegido como secretario general.

Allí se acordó el 5 de diciembre como Día del Constructor. El evento lo presidió y concluyó Fidel, quien por varios años pronunció los discursos de los actos por la efeméride y en la inauguración de las grandes obras.

“Recuerdo que en el de apertura de la escuela Vladimir Ilich Lenin le entregué el carné número uno de afiliado al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Construcción, y dijo jocosamente: Pedro, yo no tengo dinero para pagarte el sindicato, y le expliqué: El objetivo no es que usted pague sino que nos dé mucho trabajo y nos sirva de divulgador de cuanto hace el sindicato, y me abrazó. “Me hizo vivir momentos de mucha alegría y embarazosos a la vez.

Yo participé en cinco congresos del Partido y en el segundo fui como invitado. Estaba sentado entre un grupo de constructores y cuando Fidel me propuso para ser miembro del Comité Central no podía levantarme del asiento por la sorpresa”.

Evoca que durante una sesión ordinaria del Parlamento, del cual fue fundador, el Comandante en Jefe presentó la idea de aplicar la interrupción a un grupo de constructores y pagarles el 90 % del salario. La proposición obedecía a que una parte iba a quedar sin trabajo por la poca disponibilidad de recursos para edificar en ese momento todas las obras proyectadas con vistas al desarrollo industrial, de la salud pública, viales, etc.

“La única opinión desacorde fue la mía, y comentó: Pedro, tú votas en contra y sin embargo estás aquí para defender a los constructores. Alegué que asumía esa posición por primera vez porque lo primero era defender a la Revolución. Le expliqué que pagando ese porcentaje sin trabajar cuando hubiese materiales no se reincorporarían. Se rascó la barba y pidió un receso, y en una pequeña reunión solicitó más información y que se valorara otra solución. Se acordó pagar más a quien menos días estuviese sin laborar.

“Fidel nunca me hizo críticas negativas, al contrario, continuamente tuve sus palabras de aliento, consejos; a cada rato me recordaba: Yo soy afiliado, ¿cómo anda la construcción? No hubo recorrido por obras donde no intercambiase con los colectivos y preguntara de todo, hasta lo que iban a comer, y entraba en la cocina y probaba”.

El carro de la Revolución lo puede montar todo el mundo

“Durante años se creyó que Armando Mestre había caído el 5 de diciembre en el combate de Alegría de Pío, pero los historiadores determinaron que fue el 8, como consecuencia de la posterior dispersión.

Por eso le expuse al Comandante que algunos compañeros consideraban que debía modificarse la fecha de celebración del Día del Constructor, si bien yo razonaba que la actual había calado muy hondo no solo en el sector, pues era un movimiento emulativo al cual concedían mucha importancia los primeros secretarios del Partido en las provincias.

Le pregunté: ¿Cuántos cayeron combatiendo en ambos días?, y los nombró. “Entonces le expresé que se podía mantener como estaba, porque quienes fallecieron en la lucha resultaron cimientos para levantar una sociedad más justa y más humana y, por lo tanto, todos eran constructores, y me dijo: Pedro, verdad que sí.

Nunca más se habló de variar la fecha. “Fidel se fijaba en todo. En una ocasión íbamos a inaugurar una obra y vio que estaban trasladando de lugar a unos trabajadores que se encontraban sentados delante. Me llamó y me encomendó averiguar qué sucedía.

Cuando regresé no le gustó lo que le conté. Aquellos a quienes cambiaron de las sillas frente a la tribuna eran exreclusos que participaron como constructores y me encargó velar porque los restituyeran a sus puestos. No satisfecho con eso, al iniciar el discurso se refirió a ellos como compañeros ilustres y buenos trabajadores y más adelante, con la maestría que lo caracterizó en la oratoria, retomó el tema y reafirmó el derecho ciudadano a reintegrarse a la sociedad y que en el carro de la Revolución podía montar todo el mundo. Ese era Fidel, ese es el Fidel que recordamos”.

*Los trabajadores, el pueblo, habitualmente se referían a Fidel, y todavía lo hacen, como el Comandante, sin considerarlo una falta, al contrario, es por cariño, así lo sienten siempre más cercano.

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